Queridos amigos:

Estos meses de confinamiento, además de para mejorar mis dotes culinarias y de repostería, me han servido para descubrir y estudiar a fondo nuevas herramientas y aplicaciones que me han resultado muy útiles para mis labores como docente. Como sé que muchos de vosotros compartís conmigo esa inquietud por la docencia o por crear contenidos útiles para los demás, me he animado a compartir una entrada con todos los recursos que vengo usando desde hace tiempo o que he descubierto recientemente por si alguno de ellos os resultara útil.

Índice y al grano.

Herramientas para organizar webinarios, videoconferencias y streamings

OBS Studio

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Si sigues a YouTubers o eres un poco geek, seguro que ya habrás oído hablar de este programa. Básicamente, es una aplicación con la que podrás retransmitir desde tu PC a YouTube y otros servicios similares teniendo un control absoluto de tu retransmisión. Lo que más me fascina de este programa es que funciona prácticamente como una herramienta de realización profesional. Te permite proyectar todo tipo de recursos y tener el control en todo momento de lo que se muestra en la retransmisión. Por ejemplo, con OBS podrás hacer cosas como compartir tu escritorio, mostrar programas y aplicaciones específicos (para que no se vea algún programa de apoyo que tengas abierto), añadir textos, rótulos e imágenes en capas aisladas o crear transiciones y cambios de escena personalizados. ¡Y, encima, gratis! De verdad, es una auténtica pasada.

Jitsi

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Jitsi es una aplicación de videconferencia que me ha hecho soltar varios «¡gracias por existir!» en los últimos meses. Bien es cierto que en todo este tiempo han proliferado los programas para hacer videollamadas y organizar webinarios, hasta el punto de que parece que levantas una piedra y encuentras otro programa más de este tipo. Pero en mi experiencia, la mayoría son de pago y sus versiones gratuitas tienen funcionalidades limitadas que te dejan muy poco margen, como los límites en el número de usuarios que pueden participar en la videollamada o las restricciones a la hora de compartir recursos o retransmitir por servicios de streaming. Jitsi no tiene tantas limitaciones y hace que sea muy fácil organizar una videollamada privada con muchos usuarios conectados a la vez. Además, incorpora nuevas funcionalidades de e-learning que también están sumando muchos software de videollamada para docencia, como el botón de levantar la mano, la opción de convertir a otros usuarios en presentadores o la posibilidad de jugar con distintos tipos de vistas para elegir lo que quieres proyectar. Personalmente me ha gustado tanto que decidimos utilizarla para el traducafé que organizamos en Traduversia en el inicio del confinamiento.

Zoom

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Sí. No estoy descubriendo la rueda con esta recomendación. ¿Quién no ha usado Zoom para alguna videollamada durante el confinamiento? Precisamente por eso la he incluido aquí. El hecho de que se haya popularizado tanto en los últimos meses lo convierte en una herramienta ideal para organizar videollamadas, webinarios o clases online, ya que tanto jóvenes como adultos ya lo han usado con sus familiares y amigos y lo usan con bastante naturalidad. Realmente es una herramienta muy intuitiva que cualquiera puede usar y que se puede utilizar desde cualquier dispositivo. ¿Lo malo? Que las limitaciones de su versión gratuita harán que se te quede pequeña muy pronto y tengas que plantearte subirte a alguna de las versiones de pago, sobre todo si quieres organizar llamadas largas o con muchos usuarios conectados de manera simultánea.

Skype

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Sí, no me he quebrado la cabeza aquí tampoco, pero es que Skype sigue estando entre las herramientas de videoconferencia más utilizadas. Además, ha sido la herramienta de referencia durante muchos años. Quizá le ha perjudicado bastante que muchos usuarios la siguen viendo como una herramienta para hacer reuniones profesionales o comerciales, y quizá no tanto para e-learning o quedadas virtuales. No obstante, su reciente integración con Microsoft Teams —aplicación de la que hablo más abajo— la convierte en una opción muy interesante para actividades formativas.

YouTube Studio

>> PROBAR YOUTUBE STUDIO <<

Hasta hace unos años, Google permitía realizar emisiones en directo mediante el uso de la ya extinta aplicación Hangouts On Air. No obstante, en 2019 decidieron separar Hangouts y YouTube, dejando Hangouts para chat y videollamadas (junto con la reciente Google Meet), y YouTube Studio como gestor de contenido de YouTube. ¿Qué se puede hacer entonces con YouTube Studio? En realidad, de todo. Directos, webinarios, reuniones, subir vídeos de manera tradicional… El  mayor problema que plantea ahora mismo YouTube Studio es que no facilita una integración sencilla para hacer sesiones de videollamadas o grupo en directo, como sí hacía en su día Hangouts On Air. Actualmente, para este tipo de emisiones es necesario usar aplicaciones de terceros, como las mencionadas OBS, Jitsi o Zoom. Es por esto que ahora mismo YouTube funciona más bien como un emisor de retransmisiones que cuenta con un completo panel de control desde el que podemos chatear en directo con la audiencia o emitir desde nuestra cámara web o micrófono. Si omitimos este detalle de las videollamadas en grupo, realmente YouTube Studio es una gran aplicación gratuita (quizá la mejor) que nos da mucho juego para publicar contenido audiovisual en distintas modalidades (directo, estreno, vídeo editado…). Además, nos permite personalizar un canal en el que podremos estructurar todo el contenido a nuestro gusto. Si quieres ver un ejemplo sencillo, no tienes más que pasarte por el canal de YouTube de Traduversia. 🙂

Aplicaciones para crear aulas virtuales o entornos colaborativos para trabajo en equipo

Moodle

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De entre todas las aplicaciones de e-learning gratuitas que existen a día de hoy, Moodle sigue siendo la que más me gusta. También es una de las que más he usado como docente en las distintas universidades y centros de formación online con los que he colaborado. No es difícil de instalar en hostings de pago y ofrece numerosas plantillas que se adaptan a distintas necesidades y filosofías de formación. Además, su compatibilidad con archivos de intercambio como los paquetes IMS o SCORM da mucho juego para exportar o importar contenido de otras plataformas. Recientemente han integrado Jitsi, lo que la convierte en una opción interesante para aquellos que quieran disponer de un aula virtual que permita crear sesiones de videoconferencia en su interior. ¿El problema? Que una vez instalada, hay que personalizarla y la cantidad de posibilidades que ofrece es directamente proporcional a la cantidad de tiempo que deberás dedicar a configurarla a tu gusto.

Microsoft Teams

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Si hay una aplicación de trabajo colaborativo que haya experimentado un gran crecimiento y una gran difusión en los últimos meses, sin duda esa es Microsoft Teams. Mi sensación es que, hasta hace unos meses, era esa aplicación que todos teníamos instalada en Windows pero que no sabíamos muy bien para qué servía. Con la pandemia, muchos hemos descubierto sus posibilidades y ahora no queremos abandonarla. De esta aplicación destaco su facilidad de uso, su modularidad y su flexibilidad para poder usarse para distintas finalidades. Conozco a profesores que la usan como un aula virtual y a gestores de proyectos que lo utilizan para comunicarse con su equipo de trabajo. Básicamente permite crear grupos para compartir recursos, abrir chats, crear hilos o añadir comentarios, organizar videoconferencias grupales… Y tú tienes plena libertad para decidir cómo o con quién usarla. Es muy completa y merece mucho la pena que la investigues si aún no lo has hecho. Es más, cuanto antes lo hagas, mejor, porque antes o después alguien te dirá que te metas en Teams a hacer equis cosa y, si ya la conoces, eso que habrás adelantado. 🙂

WordPress

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Si WordPress aparece en esta lista es por lo que significa y ha significado para mí en los últimos años. Como ya he contado en entradas antiguas del blog, WordPress no solo es un sistema CMS para crear blogs o sitios web sencillos, sino que también puede usarse para crear sofisticados proyectos web para distintos fines: e-learning, intranets, foros, mensajería interna… Las posibilidades son infinitas gracias a los miles de temas y plugins que puedes usar para personalizar tu proyecto. De nuevo, un ejemplo de esto es Traduversia, que como ya te conté en esta entrada, se armó sobre un WordPress con un tema especial de e-learning potenciado con plugins. ¡Y no podría estar más satisfecho del resultado! Es más, a día de hoy, si tuviera que iniciar cualquier tipo de proyecto web, sin duda que WordPress sería mi primera opción. 🙂

Aulas virtuales de pago

Además de los recursos ya expuestos, conviene mencionar también que, en los últimos años, han proliferado las plataformas de pago que permiten alojar sitios web de e-learning y que te lo dan todo hecho. Los proveedores más conocidos actualmente son Teachable y Thinkific que, previo paso por caja, te ofrecen una plataforma con la que podrás crear una web personalizada con cursos y con todos los recursos necesarios para impartirlos y venderlos (foros, mensajería interna, certificados, pasarela de pago, mail marketing, alta y baja de usuarios, etc.). También conviene mencionar plataformas como Udemy o Coursera, que si bien no te ofrecen la tecnología para montarte tu propio sitio web, sí que te ofrecen la posibilidad de convertirte en docente y vender tus cursos a través de su plataforma (eso sí, a cambio de una comisión).

Aplicaciones para grabar y editar vídeos formativos

Game Bar de Windows 10

>> PROBAR XBOX GAME BAR DE WINDOWS 10 <<

¿Tienes Windows 10? Entonces escribe «Game Bar» en el buscador de Windows y tendrás acceso a esta aplicación que viene instalada por defecto en Windows y que permite grabar tu pantalla y hacer capturas. El recurso está pensado para gamers y para emitir por Xbox Live, pero puede usarse para hacer todo tipo de grabaciones en tu PC, como videotutoriales o lecciones en vídeo. Merece la pena darle una oportunidad porque (1) ya lo tienes instalado en tu PC y (2) no tienes que invertir nada para usarlo. Los vídeos, una vez grabados, hay que editarlos en un editor de vídeo aparte, pero si no necesitas grabar un vídeo muy sofisticado es una muy buena opción.

ActivePresenter

>> PROBAR ACTIVEPRESENTER <<

Si buscas una aplicación gratuita para grabar la pantalla de tu PC o crear presentaciones de diapositivas con audio, esta es una de las mejores opciones. Explicado de una manera sencilla, ActivePresenter es una especie de Camtasia gratuito, que además está disponible para Windows y MacOS. No solo permite grabar tu escritorio o con tu webcam, sino que también incorpora un editor de vídeo muy intuitivo con el que podrás editar tus vídeos con resultados muy profesionales, añadiendo efectos, transiciones, textos o recursos de audio y vídeo externos. También permite usar plantillas de diapositivas, importar presentaciones de PowerPoint y ¡hasta importar subtítulos en formato SRT! Esto último a mí me dejó alucinado. 🙂

OBS Studio

>> PROBAR OBS STUDIO <<

Como mencioné más arriba, OBS no solo sirve para hacer emisiones en directo. También te permite hacer grabaciones de tu pantalla aprovechando sus funciones de control de realización, de manera que puedes grabar vídeos en los que vayas lanzando distintos recursos desde el control de realización a fin de reducir el trabajo posterior de edición. Bien utilizado, puede ser un recurso muy útil para grabar vídeos formativos en vivo en los que utilices distintos recursos. Puedes empezar mostrando un PowerPoint, saltar a un PDF, proyectar una imagen, colocarte un rótulo con fondo transparente, un lower third… Las posibilidades son infinitas.

Camtasia Studio

 >> PROBAR CAMTASIA STUDIO <<

Camtasia es a la creación de vídeos de e-learning lo que InDesign a la autoedición de documentos o Photoshop al retoque fotográfico. Ha sido durante años una de las herramientas pioneras de creación de vídeos para e-learning. A mí siempre me ha gustado por su fiabilidad y estabilidad, y porque pese a ser comercial tiene un precio asequible si te dedicas profesionalmente a la formación online y no te importa invertir. En cuanto a funcionalidades, realmente no ofrece nada que no haya mencionado en anteriores herramientas: podemos grabar la pantalla, editar audio y vídeo, grabar locuciones, añadir numerosos efectos y plantillas… E incluso te instala un plugin en PowerPoint para que puedas lanzar una grabación de Camtasia desde PowerPoint. Por cierto, que también permite importar e incrustar subtítulos en formato SRT a nuestros vídeos, así que si te dedicas a subtitulado este es un punto muy positivo. Personalmente, es la herramienta que siempre recomiendo a mis colegas docentes, porque es la que utilizo para crear todos los tutoriales que forman parte de mis lecciones de Traduversia.

Aplicaciones para crear presentaciones

Canva

>> PROBAR CANVA <<

Para mí, que me dedico también al diseño gráfico y la maquetación, Canva ha sido uno de los mayores descubrimientos de los últimos años. Canva es una especie de navaja suiza en la nube para diseñadores gráficos o para cualquier profesional de a pie que necesite crear una imagen mínimamente profesional para su negocio. Incorpora un montón de plantillas categorizadas por formatos y finalidades, de manera que puedes usarlo para crearte de manera rápida y sencilla una presentación, un thumbnail de YouTube, una tarjeta de visita o un CV. Puede usarse gratuitamente, aunque incorpora muchos recursos de pago. Lo mejor es que puedes acceder desde tu navegador sin necesidad de instalar nada o desde tu smartphone a través de la aplicación oficial. Ahora ya no tienes excusa para crear unos thumbnails como es debido. 🙂

Prezi

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Prezi es una aplicación para crear presentaciones con numerosos efectos de movimiento, zoom y enfoque espacial. Es muy interesante para crear presentaciones que se salgan de lo común o para aquellos que quieran huir de las tan manidas y aburridas diapositivas llenas de texto. Es recomendable, por tanto, para quienes busquen innovar o darle un toque fresco a sus presentaciones.

WPS Office

>> PROBAR WPS OFFICE <<

No he añadido WPS Office a la lista por rellenar. Si la he incorporado es porque, a día de hoy, me parece la mejor alternativa gratuita a la suite Office de Microsoft, hasta el punto de que si no tienes licencia de Microsoft Office o te ha caducado y necesitas algo que sea muy parecido para ir tirando, difícilmente encontrarás una suite gratuita mejor. WPS es casi una fotocopia de la suite Office y, por si esto fuera poco, encima está disponible para Windows, MacOS y GNU/Linux. Y, cómo no, incorpora también una herramienta para crear presentaciones que es calcada a PowerPoint. Precisamente por esta herramienta la he incluido, porque puede servirte para crear muy rápidamente una presentación de una manera muy parecida a como la crearías en PowerPoint.

ActivePresenter

>> PROBAR ACTIVEPRESENTER <<

No podía faltar en este apartado ActivePresenter, de la que ya he hablado más arriba y que también permite crear presentaciones en un entorno muy similar al de Microsoft PowerPoint o el resto de herramientas de esta lista.

Recomendaciones para llevar tus retransmisiones y grabaciones al siguiente nivel

Invierte en un buen micrófono USB para que tu voz suene increíble

Si quieres que tu voz suene con buena calidad, lo más práctico y sencillo es que inviertas en un buen micrófono USB. Los más conocidos y usados actualmente son los de la marca Blue (modelos Yeti y Snowball), que ofrecen una gran calidad de sonido, pero en los últimos años han proliferado muchos micrófonos USB económicos, tanto de marcas conocidas como desconocidas. No tienes más que hacer una búsqueda rápida en Amazon con las palabras clave «micrófono USB». Yo en su día aposté por un Samsom Meteor Mic por varios motivos: (1) por ser marca especializada en microfonía, (2) por su excelente sonido, (3) por su reducido tamaño, (4) por su estética vintage y (5) por su precio asequible. Y estoy la mar de contento.

Invierte en una buena cámara para que todos te vean en Full HD, 2K o 4K

Al igual que ocurre con los micrófonos, es fácil encontrar cámaras web que graben en Full HD (1080p) y no tengan un precio muy elevado. Que la imagen final que capturen sea de calidad, eso ya es otra historia. Por eso yo siempre he confiado en Logitech, que suele ser sinónimo de calidad en este tipo de periféricos. Actualmente, utilizo una Logitech C920 HD que compré hace 6 o 7 años y que aún sigue dándome muy buenos resultados. Además, combinada con el micrófono USB, la webcam te permitirá grabar directamente desde tu PC y ahorrar tiempo a la hora de crear tu contenido. Si esta Logitech no te convence, puedes encontrar modelos más modernos en Amazon, incluso de otras marcas, aunque, como te decía, yo siempre he apostado por esta marca. Últimamente me atraen mucho sus últimos modelos que graban en 4K y son especiales para streaming, como esta Logitech Brio Ultra HD Pro. Si no te quieres gastar tanto dinero, también puedes usar el micrófono USB con tu móvil, siempre y cuando sea compatible y tengas un adaptador o hub USB de tipo OTG para conectar el micrófono. Aquí te dejo una guía de cómo hacerlo, ya que en algunos móviles hay que utilizar aplicaciones específicas que permitan configurar el micrófono como dispositivo de grabación.

Usa doble monitor o un monitor ultrawide para tener todos tus recursos visibles

Mi vida cambió radicalmente el día que decidí usar mi viejo monitor como pantalla auxiliar. Desde entonces, trabajo mucho mejor en segundo plano y puedo dejar visibles en ese segundo monitor recursos que necesite ver en todo momento sin necesidad de estar minimizando y maximizando ventanas todo el tiempo. Por ejemplo, lo utilizo para dejarme abiertos glosarios o los diccionarios que voy abriendo en Chrome. También, para colocar paneles o ventanas que me gusta consultar en todo momento en herramientas como Trados Studio o Adobe InDesign. También lo utilizo cuando estoy en una clase virtual y quiero consultar en todo momento la videollamada sin estar minimizando. En este caso, lo que hago es poner la videollamada en el monitor auxiliar y proyectar el principal, que es donde hago las demostraciones.

La alternativa al uso del doble monitor sería usar un monitor ultrawide que te permita trabajar a pantalla dividida casi como si estuvieras en dos monitores. Yo, como soy muy burro, he optado por una combinación de ambas. Por eso, ahora mismo en mi oficina —que puedes ver en la foto de arriba— cuento con un monitor Samsung Ultrawide de 32 pulgadas (modelo CF391) como principal, y un auxiliar que es el antiguo pero aún competente Philips 246E, que estuve a punto de jubilar pero que decidí mantener como compañero de viaje, anexándolo al Samsung con un brazo articulado para no perder espacio en la zona inferior del escritorio y poder girarlo rápidamente para ponerlo en vertical —ideal para trabajar con código o comparar documentos—.

Hazte con un trípode flexible o estabilizador, antes o después acaba siendo útil

Si quieres grabar vídeos con tu móvil o con tu cámara y no tener que estar haciendo malabares para conseguir el plano perfecto (¿quién no ha improvisado alguna vez una torre de cajas y otros objetos para poner la cámara encima?), entonces lo mejor que puedes hacer es invertir en un buen trípode. A este respecto, debes pensar muy bien el plano que quieres conseguir y en los usos futuros que le puedes dar, ya que hay trípodes de distintos tamaños y formas. Los más pequeños están pensados para que los coloques principalmente sobre la mesa de tu escritorio (a una altura más baja de tu cabeza, por tanto), mientras que los más grandes se colocan en el suelo y pueden regularse hasta más de 2 metros. Si te interesa uno de escritorio, entonces te recomiendo que busques uno flexible que te permita encoger o estirar las patas libremente, así como ajustar el ángulo de inclinación de la cámara, así podrás buscar la posición que más te interese con mayor facilidad. Si optas por uno más grande, asegúrate de revisar la altura máxima, porque unos llegan más arriba que otros. También, asegúrate de contar con el accesorio que permite enganchar tu móvil, ya que no todos los trípodes lo incluyen. Por último, si sueles hacerte selfies o grabar vlogs, quizá te interese invertir directamente en un estabilizador con patas como este.

Conclusión

Como ves, hay mil soluciones para mejorar o actualizar los recursos de los que ya dispones. La clave está en reflexionar sobre cuáles de estas herramientas verdaderamente te ayudarían a crear recursos de mayor calidad para tu finalidad específica. Espero que la lista y mis comentarios te hayan sido de utilidad. Ahora, ¡manos a la obra! 🙂

Recientemente he tenido el enorme placer de ver la película Good Morning, Vietnam (1987), protagonizada por el fallecido Robin Williams, a quien tanto echamos de menos en su faceta de actor cómico. Reconozco que siempre he tenido debilidad por él, sobre todo por otras películas célebres como El indomable Will Hunting (1997), El club de los poetas muertos (1989) o la mítica Señora Doubtfire (1993).

A pesar de que Williams demostró ser un actor polifacético a lo largo de su carrera —no hay más que ver por ejemplo su papelón en la película Despertares (1990), con un sorprendente Robert de Niro a su lado—, este siempre destacó por su faceta cómica y por encarnar a personajes extravagantes y divertidos en numerosas películas. Por eso, los guiones e interpretaciones de sus personajes siempre estuvieron plagados de chistes, bromas, imitaciones y juegos de palabras cuya traducción presentaba siempre numerosos retos.

Tráiler de Good morning, Vietnam!

Uno de los mayores exponentes de su humor es, precisamente, el personaje al que interpreta en Good Morning, Vietnam: Adrian Cronauer. En la película, Cronauer es un locutor de radio del ejército estadounidense al que destinan a Saigón (Vietnam) para hacerse cargo de un programa de radio en la emisora de una base militar. Su objetivo no es otro que el de entretener y animar a los soldados destinados allí para elevar la moral de la tropa. Por supuesto, lo consigue gracias a su estilo original y desenfadado, pero no sin irritar a los altos mandos, obsesionados con la censura y lo políticamente correcto.

No quiero desvelar toda la trama de la película, pues es posible que no la hayas visto —en ese caso, no sé a qué estás esperando para verla—, pero sí quiero aprovechar para hacer un pequeño análisis comparado con fines didácticos de la traducción del humor de algunas líneas de la película, pues creo que se puede aprender mucho de ellas.

Sin duda la más impactante es la primera retransmisión (a partir del minuto 11 de la película, por si la quieres buscar en Netflix, Amazon Prime o en tu tele a la carta), en la que presenciamos por primera vez el peculiar estilo de Cronauer. Si hacemos un visionado comparado, veremos la cantidad de problemas que presenta este primer programa, con líneas como las siguientes.


(A partir del minuto 11)

VERSIÓN ORIGINAL

Good morning, Vietnam! Hey, this is not a test. This is rock and roll.

Time to rock it from the delta to the DMZ!

Is that me, or does that sound like an Elvis Presley movie?

Viva Da Nang. Oh, viva, Da Nang…

VOSE

¡Buenos días, Vietnam!

No, esto no es un ensayo,

sino rock’n’roll.

La hora del rock

desde Delta a DMZ.

¿Suena a película de Elvis Presley?

Viva Da Nang,

Viva Da Nang

VERSIÓN DOBLADA

Good morning, Vietnam! No, esto no es una prueba de micro.

¡Esto es rocanrol, a rocanrolear desde el Mekong a Da Da Da Nang!

¿Soy yo o suena a película de Elvis Presley?

Viva Da Nang, Viva Da Nang…

Comentario: En esta parte lo que más sorprende es el cambio de DMZ por Da Da Da Nang. «DMZ» es la sigla de «zona desmilitarizada» en inglés (demilitarized zone). En la versión doblada se hace una ingeniosa adaptación aprovechando que Da Nang es una ciudad de Vietnam. Posteriormente Cronauer canta Viva Da Nang, que es claramente una ridiculización de la canción Viva Las Vegas de Elvis Presley. También sorprende que en la versión doblada mantuvieran ese «Good morning, Vietnam!» en inglés, mientras que en la versión subtitulada sí se tradujo por «Buenos días, Vietnam». Digo que me sorprende porque, sin llegar a parecerme un error, creo que contrasta con la decisión de adaptar DMZ solo unos segundos más adelante.


VERSIÓN ORIGINAL

Hey, is it a little too early for being that loud? Hey, too late.

It’s O six hundred. What’s the «O» stand for? Oh, my God, it’s early.

Speaking of early, how about that Cro-Magnon, Marty Dreiwitz?

Thank you, Marty, for «silky-smoothsound.» Make me sound like Peggy Lee.

VOSE

¿Demasiado pronto para cachondeos?

Demasiado tarde.

Son las 06.00. ¿Por qué el cero?

¡Dios mío, qué madrugón!

¡Y qué puntazo, Marty Dreiwitz!

Gracias por lo de «suave».

Van a pensar que soy Peggy Lee.

VERSIÓN DOBLADA

¡Ey! ¿Demasiado pronto para cachondeo? ¡Eh! ¡Demasiado tarde!

 Son las seis en punto. ¿Y para qué quiero el punto? Punto final, volvemos a la cama.

Y hablando de cachondeo, ¿qué me decís de nuestro «Martini» Dreiwitz?

Gracias, Marty por lo de la voz sedosa y suave. Parezco Julie Andrews.

Comentario: Lo más destacable de este fragmento es el cambio de Julie Andrews por Peggy Lee en la versión doblada. Este es uno de los clásicos casos de adaptación por neutralización en los que se cambia a un personaje por otro más conocido para el público meta. Si esto te ha sonado a chino, échale un vistazo a este vídeo en el que te explico algunas estrategias de adaptación. También es ingenioso el cambio del «0» al «punto» cuando menciona la hora y el añadido de «Martini» al nombre de Marty, que funciona como reemplazo humorístico de «Cro-Magnon», que no aparece en la versión doblada por ninguna parte (un buen ejemplo de que a veces basta con traducir el humor de manera funcional). Por último, la versión subtitulada destaca por ser más fiel al original y más escueta, puesto que, una vez más, en este fragmento Cronauer habla muy deprisa.


(A partir del minuto 14)

VERSIÓN ORIGINAL

S: You know, he’s really funny. You know, he’s like a Marx brother.

T: Which Marx brother would that be, Private? Zeppo? I don’t find him funny at all.

S: Zeppo? Isn’t he the one with the hat?

VOSE

S: Tiene mucha gracia.

Es como uno de los hermanos Marx.

T: ¿A cuál de ellos se refiere?

¿Herbert?

Yo no le veo la gracia.

S: ¿El del sombrero?

VERSIÓN DOBLADA

S: ¿No le parece que tiene mucha gracia, señor? Es como una especie de hermano Marx.

T: ¿A cuál de los hermanos Marx se refiere? ¿A Carlos? La verdad, yo no le veo la gracia.

S: ¿Carlos no es el del sombrero?

Comentario: Esta no es una broma de Cronauer, sino una reacción de dos personajes que lo escuchan (un soldado y su teniente). Lo más destacable de este fragmento es ver cómo varía el nombre del supuesto hermano Marx según la versión. Mientras en la versión original preguntan por Zeppo, en la subtitulada cambian a Herbert, que era el nombre real de Zeppo —los hermanos Marx tenían un nombre artístico—. Sin embargo, en la versión doblada el cambio es aún mayor, pues usan el nombre de Carlos, que curiosamente no se corresponde con el nombre de ningún hermano Marx. Aquí el chiste está en apuntar a Karl Marx (Carlos), que nada tenía que ver con los hermanos Marx, salvo por la coincidencia del apellido. De ahí el chiste. 🙂


(A partir del minuto 15:50)

VERSIÓN ORIGINAL

This is AFVN, rockin’ya from the delta to the DMZ.

AFVN better than AFVD, which means you have to get a quick shot. We’re movin’ on right now.

VOSE

Aquí Radio Fuerzas de Saigón,

rock’n’roll del Delta a DMZ.

RFAS. Mejor que RFIN.

Seguimos.

VERSIÓN DOBLADA

¡Aquí Radio Fuerzas Armadas de Saigón, rocanroleando desde el Mekong a Da Da Da Nang!

Es mejor Radio Saigón que Radio «Saigonorrea», si no, ven aquí, penicilina. Gracias. Vuelta de página.

—–

Comentario: Sin duda, los cambios más divertidos y acentuados son los que pueden apreciarse en la versión doblada. Ese chascarrillo con «Radio Saigonorrea» es realmente ingenioso hasta el punto de que puede llegar a mejorar la versión original. Por otro lado, se aprecia como en los subtítulos se prescinde prácticamente de la broma, probablemente por falta de espacio o tiempo, ya que Cronauer habla demasiado deprisa y ya sabemos que los subtítulos tienen limitaciones en velocidad de lectura (CPS) y extensión (CPL).


(A partir del minuto 16)

VERSIÓN ORIGINAL

Here’s a little riddle for you. What’s the difference between the Army and the Cub Scouts?

Cub Scouts don’t have heavy artillery.

VOSE

¿Qué les diferencia a una panda

de exploradores de un soldado?

La artillería.

VERSIÓN DOBLADA

¿Qué diferencia hay entre el ejército y un colegio de curas?

Que en los colegios de curas no hay artillería.

Comentario: En este fragmento, el problema está en la traducción del culturema «Cub Scouts». Mientras en la versión subtitulada se opta por una solución más fiel al original, en la versión doblada se recurre a una sorprendente adaptación en pro del humor. En este último caso, una vez más, prima la funcionalidad por encima de la fidelidad al guion.


A partir del minuto 16:50

VERSIÓN ORIGINAL

(Cronauer imitando a Gomer Pyle) Those girls are just so pretty.

(Cronauer) Gomer, are you here in Vietnam?

(Cronauer imitando a Gomer Pyle) «Yes, I am. Surprise, surprise, surprise!»

(Cronauer) Lyndon, why did you name your daughter «Lynda Bird«?

(Cronauer imitando a Lyndon Johnson) Cause Lynda Dog would be too cruel. Easy, girl, easy.

You know, if you pick ‘em up by their ears, it doesn’t hurt ‘em as much.

(Cronauer imitando a Gomer Pyle) «Oh, you’re goin’ straight to hell for that one!

VERSIÓN SUBTITULADA

¡Qué chicas tan guapas!

Gomer, ¿estás en Vietnam?

– Pues sí.

¡Sorpresa! ¡Sorpresa!

¿Por qué le puso

a su hija Monalinda?

Perralinda sería demasiado cruel.

Tranquila, chica.

Puede cogerle de las orejas.

No le duele.

Irás directamente al infierno por esto.

VERSIÓN DOBLADA

– Las chicas de aquí son tan guapas…

– (Imitando al oso Bubu) Yogui, ¿estás en Vietnam?

– (Imitando al oso Yogui) ¡Ya lo creo! ¡Sorpresa, sorpresa, sorpresa!

– (Cronauer) Presidente Johnson, ¿por qué le puso Lynda a su hija?

– (Imitando a Lyndon Johnson) Hubiera sido muy cruel ponerle Cacatúa. Ah, calla, nena, calla. Al verla decidí hacer la guerra y no el amor.

– ¡Irás directo al infierno por eso Cronauer!

Comentario: Este fragmento es complejo a muchos niveles. Por un lado, Cronauer imita a varios personajes en cada intervención. Lo más sorprendente es como en la versión original imita a Gomer Pyle, un conocido personaje de la televisión americana que se caracterizaba por su simpleza y su peculiar forma de hablar —una especie de Forrest Gump, para que te hagas una idea rápida—. En la versión doblada optaron por una solución, de nuevo, muy ingeniosa: reemplazar el tono de voz bobalicón de Gomer Pyle por el del oso Yogui, muy conocido por la generación adulta de los 80 —yo mismo recuerdo haber oído a mis tíos y a mis padres bromear con el oso Yogui cuando era pequeño—.

También destacan en este fragmento las distintas soluciones que se aportan para el chiste sobre la hija de Lyndon Johnson. Para entender el chiste por completo, hay que saber que a la mujer del ex presidente la llamaban «Lady Bird». De ahí viene todo el juego que se produce en la versión original. Por eso, en la versión doblada cambian al nombre de un pájaro (cacatúa), una solución bastante ortodoxa y acertada en este caso. En cambio, en la versión subtitulada hacen un juego de palabras entre el nombre de la hija (Lynda Bird) y otros animales (mono y perro), de manera que se traduce por Monalinda en la primera ocasión y por Perralinda en la segunda. Soluciones funcionales, equivalentes y, lo más importante, divertidas. 🙂


(Justo después del fragmento anterior)

VERSIÓN ORIGINAL

Watch out o’er there!» Here’s an incredible coincidence.

Ho Chi Minh, Colonel Sanders… actually the same person?

VOSE

Escuchad atentamente.

¿Son Ho Chi Minh y el coronel Sanders

la misma persona?

VERSIÓN DOBLADA

Sondeo de opinión.

¿Es cierto que Ho Chi Minh es Bette Davis después de un lifting?

Comentario: En este fragmento sorprende el reemplazo del Coronel Sanders por Bette Davis (después de un lifting, juas), aunque la broma se mantiene y sigue siendo divertida. Probablemente se tomó esta decisión porque el Coronel Sanders —fundador de Kentucky Fried Chicken— no era tan conocido en España en aquella época como en Estados Unidos. Quizá si la película se hubiera publicado hoy no habría sido necesario llevar a cabo esta adaptación, pues el Coronel Sanders es mucho más conocido ahora —de hecho su rostro está en todos los establecimientos de KFC que hay repartidos por España, pues lo usaron para su logotipo—.


 

Las intervenciones anteriores son solo fragmentos del primer programa de Cronauer y están condensadas en solo 5 minutos de metraje, así que no llego a imaginarme lo difícil que tuvo que ser traducir y adaptar también el resto de la película (dura 2 horas). De hecho, hay varias escenas divertidísimas en las que Cronauer hace de profesor de varios vietnamitas a los que enseña inglés (en la versión doblada lo cambian a español, claro) que están plagadas de ejemplos como los anteriores (¿quizá para otra entrada?).

Buena parte del mérito recae en la traductora para doblaje, Joanna Stier que, en general, creo que aportó soluciones muy interesantes. También creo que el/la traductor/a de los subtítulos lo hizo bastante bien, aunque desgraciadamente no he podido averiguar quién los hizo (en la versión de Netflix, que es la que he consultado yo).

En cualquier caso, creo que las traducciones tienen mucho mérito, sobre todo en el caso de Joanna, que llevó a cabo su traducción en una época en la que apenas había formación especializada en traducción audiovisual y en la que no abundaban artículos o papers en líneas como la traducción del humor en productos audiovisuales, por lo que intuyo que no tuvo muchos recursos teóricos en los que apoyarse. También hay que felicitar, por supuesto a todos los profesionales de la cadena de doblaje (actores, director, ajustador, etc.), que sin duda hicieron un gran trabajo para adaptar toda la película en general y las intervenciones de Robin Williams en particular (mención especial para Jordi Brau, actor que grabó la voz de Cronauer en español).

No quiero terminar la entrada sin mencionar la que, para mí, es una de las traducciones más ingeniosas de esta película. En uno de los momentos más tensos del film, el sargento mayor le echa una buena reprimenda a Cronauer por sus inapropiados programas. La conversación transcurre de la siguiente manera.

VERSIÓN ORIGINAL

Sergeant Major: You better not even come within range of anything that happens… or your ass is grass, and I’m a lawn mower. Am I being fairly clear?

Cronauer: Yes, sir.

SM: «Sir»? Do you see anything on this uniform indicating an officer? What does three up and three down mean to you, Airman?

C: End of an inning?

SM: Sergeant Major.

VERSIÓN DOBLADA

SM: Más vale que no se meta en ningún lío. Más vale que procure alejarse de cualquier problema. O despídase de lo que le cuelga entre las piernas. ¿Me he expresado con suficiente claridad?

C: Sí, señor.

SM: ¿Señor? ¿Ve algo en esta insignia que denote algo de oficial? Diga, ¿qué le sugieren las rayas que llevo en la manga?

C: Una agencia Citröen.

SM: Que soy sargento mayor.

Esta no la comento, pues vale más una imagen que mil palabras. 🙂

Hasta aquí la entrada. Si te ha gustado o quieres hacer algún aporte de esta película —seguro que hay más problemas y chistes que comentar (de hecho, no he comentado nada de las versiones latinas)—, te animo a que dejes un comentario y a que la compartas con tus contactos. Y si te has quedado con ganas de más, te recuerdo que imparto un curso de traducción de guiones para doblaje en Traduversia y dos de subtitulado en los que encontrarás lecciones y ejercicios comparados similares a estos de Good morning, Vietnam. Aquí abajo te dejo los enlaces.

Gracias por dedicar unos minutos de tu tiempo a leer la entrada. ¡Hasta la próxima! 🙂

Esta entrada la escribo un poco a modo de desahogo, aunque también con el objetivo de compartir una serie de sensaciones que sé que también les ocurren a muchos colegas, tanto a los que son traductores como a los que no. También lo hago con el objetivo de compartir algunos consejos que yo trato de poner en práctica en mis presentaciones y que, a menudo, me funcionan. Algunos de ellos, vaya la verdad por delante, los descubrí en un libro que no me canso de recomendar y que ya he mencionado en alguna entrada anterior: Presentation Zen.

El miedo escénico, ¿qué es y cómo se percibe?

El miedo escénico es un mal que afecta a muchos profesionales. Yo reconozco que es algo que padezco en mayor o menor medida cada vez que me toca ponerme delante de una audiencia. A menudo las sensaciones varían atendiendo a diversos factores, como el nivel de cercanía con la audiencia (básicamente, si en el público hay gente conocida o no), la preparación del discurso (por supuesto que siempre intentamos preparar todo a conciencia, pero no siempre tenemos el tiempo deseado para hacerlo), el dominio del tema sobre el que exponemos (no siempre se habla de cosas sobre las que uno es experto), la agilidad mental que tienes en el momento en el que te toca hablar (hay veces que, simplemente, no tienes el día), el grado de concentración (influyen muchos factores en esto, desde ruidos ambientales a los niveles de estrés del ponente), la capacidad para conectar con el público (no siempre se consigue la química deseada con los presentes) o, incluso, los niveles de cafeína en sangre (a mí por ejemplo, un par de cafés me convierten en la persona más hiperactiva del lugar), entre otros muchos factores.

Traduemprende 2012. Mi primera vez delante de una audiencia «traductoril». Sobreviví.

¿Qué sensaciones suelen experimentarse?

A modo de ejemplo, describiré una serie de sensaciones con las que seguramente podrás identificarte si alguna vez has hablado delante de una audiencia:

El día «D» a la hora «H», tras pasar una noche entera sin dormir, te presentas en la sala en la que darás tu charla. Después de escuchar el resto de ponencias en las que, nervioso, retorcías el bolígrafo y repasabas mentalmente tu charla, llega tu turno. Subes al escenario, te presentan, te dan la palabra y… cuando miras al público, empiezas a ver las señales de lo que yo llamo el «apocalipsis ponente»: caras desencajadas, cabezas sumergidas en pantallas, bostezos infinitos, grupitos de asistentes hablando entre ellos —¿por qué siempre hay gente incapaz de comportarse?—, gente que entra o sale de la sala sin sigilo alguno… Vamos, lo habitual. Total, tú, que quieres ser profesional, aceptas el reto y decides seguir adelante a pesar del caos nervioso que ya se extiende por todo tu cuerpo.

Comenzada la charla, llegas al clásico punto de inflexión que toda charla debe tener: ese en el que el objetivo es romper el hielo o, en el mejor de los casos, ganarse al público —sobre todo si este anda distraído, como es el caso—. Así es que procedes, haces tu chiste, chascarrillo o comentario ingenioso y ocurre lo que ya te venías temiendo. El silencio. El drama. Y tu desánimo es tal que ves pasar por la sala un estepicursor rodante que te desarma y hunde tu optimismo en la miseria.

A partir de ahí, la cosa no solo no mejora, sino que incluso va empeorando. Notas que la gente no muestra interés, se acrecientan las miradas perdidas, los bostezos casi se te contagian a ti también o —una de las peores sensaciones— empiezas a percibir comentarios entre asistentes que te llevan a un estado mental de paranoia (¿estarán hablando de mí?).

Todo se hace muy cuesta arriba, pero, claro, tú que quieres ser profesional, decides hacer caso omiso de todo eso y sigues adelante, así que pones el automático y das tu charla sin lograr esa química que tanto anhelabas tener con el público. Diapositiva de agradecimiento, tímidos aplausos y… ¡hasta la próxima!

A partir de ahí, llegan las preguntas: ¿Qué ha pasado? ¿Por qué las cosas no se han dado como yo quería? ¿Qué he hecho mal? ¿Soy yo o es el público?

Las respuestas pueden ser de lo más variadas y no siempre es fácil saber las causas, pues influyen muchos factores (no solo el factor del miedo escénico o los nervios). Cada caso es un mundo, pero lo cierto es que esta experiencia que os he contado bien podría ser la crónica estándar de muchas charlas. De hecho, a mí me ha ocurrido en varias ponencias —y todavía me sigue ocurriendo—, por eso puedo describir todas esas sensaciones con tanto detalle.

Bien es cierto que, luego, a cada uno el miedo escénico se nos presenta de una manera distinta y que hay personas a las que les afecta más. Por ejemplo, hay a quien le sudan o tiemblan las manos, a quien le tiembla la voz, quien se queda en blanco en frente de la audiencia o quien divaga sin conseguir recuperar el hilo de lo que estaba diciendo, por citar algunas consecuencias de lo que nos puede llegar a ocurrir.

Algunos consejos para superar el miedo escénico

Entonces… ¿Qué podemos hacer para combatir estas sensaciones? ¿Se puede vencer al miedo escénico? ¿Podemos hablar en público aunque sintamos nervios o, en el peor de los casos, pavor? Yo opino que sí, pero es algo que requiere tiempo y mucho esfuerzo. Hay cursos específicos sobre este tema y hasta asignaturas del plan de estudios de la carrera de traducción en las que se habla de esto. De hecho, recuerdo que, en su momento, recibí unas nociones de oratoria muy útiles en interpretación consecutiva e interpretación simultánea en la FTI de la UGR.

Además de esto, también está la opción de formarse de manera autodidacta. Para eso, nada como los libros. Además del ya citado Presentation Zen, también he leído otros libros que me parecen muy recomendables como El arte de cautivar (de Guy Kawasaki), Saber conversar o Saber qué decir (estos dos de Debra Fine) que, aunque se centran en cómo mejorar nuestras interacciones con los demás, son muy útiles para mejorar nuestras destrezas comunicativas, lo que puede ayudarnos también a desenvolvernos mejor delante de una audiencia.

Hechas las recomendaciones de estos libros —que considero, de verdad, imperdibles—, aquí van mis verdaderos aportes. Un compendio de consejos, trucos y reflexiones que espero que te ayuden a superar todas esas sensaciones descritas anteriormente, o al menos a mejorar de cara al público. 🙂

1. Aprende a mantenerte concentrado pase lo que pase

Esto es algo que aprendí gracias a mi afición por la música y a los años en los que toqué en grupos y di conciertos. Todo buen músico que se precie sabe que, en el escenario, si en algún momento piensa en el éxito o en el fracaso, ya habrá fallado, ya que al hacerlo habrá perdido su concentración. Pues bien, al ponente le ocurre lo mismo, no debe dejarse influir por lo que le rodea. Debe pensar que es como un espadachín que debe mantenerse concentrado en todo momento para evitar que su rival le toque. De hecho, cuanto más profundo sea el estado de concentración que alcances, más difícil será que los elementos externos te afecten y, en consecuencia, cometer algún error.

Esgrima. Imagen con licencia Creative Commons.

En definitiva, debes ser consciente de que pueden pasar mil cosas cuando estás en un escenario, pero, a la hora de la verdad, debes ser tú, tu cabeza y tu charla. Por supuesto que no puedes olvidarte nunca del público ni de tu entorno, pues son dos elementos más que están ahí, pero estos deben influirte en la justa medida.

2. No busques la aprobación del público, no la necesitas

Una de nuestras máximas preocupaciones cuando estamos en el escenario es si nuestra charla gustará a los asistentes. Es genial tener esta preocupación, pues denota que realmente nos preocupa el efecto que pueda tener nuestro discurso en el público. Pero, por experiencia, conviene no obsesionarse demasiado con él, sobre todo si lo percibimos frío, ya que eso puede afectarnos y llevarnos al error.

En mi opinión, debemos pensar en el público como un termómetro. Si notamos que esta demasiado frío, seguramente debamos hacer algo para llamar un poco su atención. Si notamos que está demasiado excitado, tal vez sea el momento de poner ese vídeo o de hacer esa lectura que llevabas en la recámara para calmar un poco el ambiente. Jugar con esta temperatura es complicado y requiere bastante experiencia, pero es algo que se aprende con el tiempo. Sin embargo, aun con esa experiencia, sigue siendo un factor complicado y, al final, te das cuenta de que es un aspecto que no se puede controlar nunca al 100 %.

No obstante, tampoco debemos obsesionarnos con las reacciones de los asistentes. De hecho, si nos centramos demasiado en el público, puede ocurrir que perdamos la concentración o el hilo de lo que estamos diciendo. Por eso también debemos desarrollar la capacidad de ser inmunes y desconectar en ciertos momentos —ojo, pero sin ignorar, simplemente como medida de seguridad para mantenernos concentrados—. Por ejemplo, recuerdo alguna que otra charla de localización en la que noté que la gente se me aburría, pero realmente no había mucho que yo pudiera hacer al respecto, puesto que el tema era el que era y, además, era una de las peores horas del día —ya casi al final de la jornada—. En casos así, es mucho mejor poner el automático y tirar para adelante que rayarte con el bostezo de la chica de la tercera fila.

Si volvemos al ejemplo de la música, es fácil encontrar en la historia actuaciones musicales de grandes grupos que no terminaron de cuajar con su público. Por ejemplo, se dice que Led Zeppelin —grupo que me apasiona— apenas lograba levantar aplausos en sus primeras actuaciones a finales de los 60 en Escandinavia (se dice que era porque el público aún no entendía su música), pero eso no fue motivo para que dejaran de tocar o para cambiar su estilo a lo que el público esperaba. Todo lo contrario, continuaron haciendo su música y el éxito les vino más adelante. Pues bien, al ponente le puede ocurrir algo parecido, tal vez la charla que esté ofreciendo no esté generando demasiado interés o no esté siendo muy apreciada, pero no por eso hay que venirse abajo o ponerse a improvisar chistes sobre la marcha. Todo lo contrario, es mejor seguir el plan y pensar que ya vendrán charlas mejores.

En conclusión, debemos pensar que el público solo es un elemento más de tantos que están participando en el proceso comunicativo y darle el peso que merece, sin ignorarlo y sin obsesionarnos con él.

3. Ten claro tu propósito como ponente

Este es otro de los puntos sobre los que más he reflexionado en estos años. Todos tenemos una idea o un concepto de cómo debería ser la charla ideal. Seguramente esta debería ser amena a la par que informativa. No obstante, encontrar ese equilibrio no siempre es sencillo. De hecho, hay ponentes que destacan por unos aspectos y otros que destacan por otros totalmente distintos. Así ocurre que a menudo encontramos ponentes a los que se les da muy bien la faceta humorística o la amenización de su discurso, pero quizá no tanto la parte más informativa, divulgativa o de investigación de su charla. O al contrario, puedes encontrarte a ponentes que investigan, aconsejan y ofrecen información de calidad, pero que no amenizan, divierten o entretienen. Es más, por experiencia, puede llegar a ocurrir que, teniendo un perfil u otro, haya charlas que queden muy divertidas y otras que queden muy académicas por la manera en la que se haya armado la charla o por el día que haya tenido el ponente.

Siguiendo con las confesiones, reconozco que a mí me han ocurrido ambas cosas. He dado charlas divertidas y con poca sustancia, y otras más académicas plagadas de información útil que acabaron aburriendo al respetable. Actualmente, después de darle tantas vueltas a este asunto, reconozco que me encuentro en una etapa en la que prefiero primar la información y la calidad de los aportes que puedo hacer por encima de cualquier chiste o broma, porque entiendo que lo verdaderamente útil para el público es la información y no tanto la risa. Por supuesto que si puedes informar de manera amena siempre se va a agradecer, pero no tiene por qué ser el objetivo.

Para seguir avanzando en este punto por tu cuenta, hazte las siguiente preguntas. ¿Cuál es el objetivo de mi ponencia? ¿Informar? ¿Enseñar? ¿Divertir? ¿Todo a la vez? Reflexiona e intenta inclinar la balanza del lado que más te interese según el tipo de charla que vayas a dar, el público que vayas a tener o tu manera de ser y tus cualidades. Esto último también es muy importante, dado que, si por ejemplo, no se te da demasiado bien hacer chistes, quizá sea mejor limitarlos e intentar amenizar la charla con otras estrategias (contando historias, usando recursos visuales, comentando curiosidades, etc.), y centrarte en los aspectos que verdaderamente le dan valor a tu charla (consejos, aportes, recomendaciones, fuentes, etc.). 🙂

4. Ensaya hasta que te sepas todo tu discurso de memoria, con y sin diapositivas

Y cuando acabes, sigue ensayando hasta que te lo sepas mejor que esa canción que tanto te gusta. La mejor forma de estar tranquilo en el escenario es tener claro en todo momento «qué viene ahora». A menudo, los momentos de mayor estrés que vive un ponente son esos en los que no recuerdas esa diapositiva que venía después o esa idea con la que tenías que enlazar.

No hay más que tirar de hemeroteca para ver grandes fiascos de, por ejemplo, presentadores de telediario que meten la pata solo porque no se acuerdan de esa línea que les servía de enlace con la siguiente noticia. En España es famoso el «pepino» de Beatriz Pérez Aranda, que en su momento dio la vuelta al país en todos los programas de zapping. Más allá de lo divertido de este error, si te detienes a analizarlo, verás claramente que en el fondo su error se produjo por no acordarse de la palabra «cohete», que era la que le servía de enlace con lo que venía después. Por cierto, Beatriz ha seguido presentando las noticias muchos años a pesar de ese error e, incluso, parece que le valió para ganarse la simpatía de muchos espectadores. 🙂

Personalmente, tengo claro que las charlas que mejor me han salido o de las que me he ido más satisfecho han sido aquellas que mejor he preparado y que más he ensayado. Por eso, el objetivo no debe ser solamente ensayar por ensayar, sino hacerlo de una manera analítica —por ejemplo, fijándote en aspectos como si la estructura de la charla es la correcta, si las ideas conectan bien, si las diapositivas están bien colocadas o si hay información prescindible— y con una puesta en escena realista a modo de simulación —si vas a dar la charla de pie, no la ensayes sentado delante del PC, hazlo de pie también y practica tus movimientos, gestos, cambios de diapositiva, etc.—. Así, además de aprenderte toda la charla de memoria, conseguirás perfilar el resto de detalles que, aunque parezca que no tienen importancia, la tienen.

Por último, no olvides aplicar la Ley de Murphy, esa que dice que si algo puede salir mal, es probable que salga mal. Por eso lo mejor que puedes hacer es estar siempre preparado para la mayor hecatombe que te pueda ocurrir. Por ejemplo, si has decidido crear un PowerPoint para tu presentación o si tienes previsto que los alumnos usen sus ordenadores para alguna actividad, prepara alternativas por si se producen problemas técnicos. Se dice que el mejor ponente no es el que lleva el mejor PowerPoint, ni siquiera el que más sabe sobre un determinado tema, sino el que es capaz de hacer su presentación de manera autónoma sin necesidad de ningún tipo de apoyo. De hecho, hay veces en las que el uso de un apoyo externo incluso puede ser contraproducente (¿quién no ha cometido el clásico error de mirar el PowerPoint más de la cuenta, por ejemplo?).

En definitiva, prepárate para dar la charla en el peor de los casos. Así estarás tranquilo o, al menos, tendrás una cosa menos de la que preocuparte. 🙂

5. Llegados a este punto, seamos sinceros, muy pocos sienten la pasión que sientes tú sobre ese tema del que estás hablando

Esta es una de las reflexiones más recientes que he escuchado en algunos de mis colegas. Y creo que llevan razón. Tendemos a pensar que el tema sobre el que vamos a exponer es muy interesante para nuestra audiencia. Y está bien que sea así, ya que somos nosotros mismos los primeros que debemos demostrar esa pasión y ese interés cuando hablamos. Solo así podremos llevarnos al público a nuestro terreno.

Pero la realidad es cruel y nos dice que, como mucho, solo un 5 o un 10 % de los asistentes sentirán esa pasión que sentimos nosotros sobre ese tema del que estamos hablando. Por ejemplo, en mi caso, que suelo hablar sobre traducción audiovisual, diseño, informática aplicada o herramientas, a menudo me encuentro en mis actividades con colegas de otras especialidades, como la traducción médica, la traducción jurídica o, incluso, de otras disciplinas que no tengan nada que ver con la traducción. Por lo general, estos profesionales no tienen tanto interés como yo por ese tema del que estoy hablando, puesto que sus especialidades son distintas, y por tanto no siempre muestran demasiado entusiasmo durante la sesión, por muy bien que la haya armado o por muy inspirado que esté ese día.

Es más, el público puede variar también en función del tipo de evento en el que participemos, dado que hay eventos más especializados y otros más generalistas (por ejemplo, de entre los eventos de traducción, el HispaTAV se centra exclusivamente en traducción audiovisual y el SELM tiene un carácter más general). Ante eso, quizá lo mejor sea anticiparse y armar nuestra charla procurando que todos los asistentes puedan seguirla aunque no sean expertos en ese tema.

Otro ejemplo para reforzar este último argumento. En mi última clase de maquetación de la VIU que di por videoconferencia, solo se quedaron un 10 % de mis alumnos, que eran los que verdaderamente tenían un interés en lo que íbamos a estudiar ese día. Esto es muy común en el ámbito académico, ya que a menudo muchos alumnos se apuntan a una asignatura o conferencia por los créditos, por el diploma o por rellenar su currículum. De hecho, es frecuente que a las charlas acudan noveles que no tienen muy claro todavía qué quieren hacer y acuden para ver si alguien les ilumina.

Por eso, tenemos que aprender a convivir con los bostezos, las caras de cansancio y demás expresiones, digamos, de desinterés que puedan tener los asistentes. Tenemos que volvernos inmunes a ellas para que así nuestro discurso no decaiga cuando las veamos desde el escenario.

En definitiva, el público puede ser de lo más variopinto —o directamente díscolo en el peor de los casos—, así que por un lado conviene anticiparse para intentar crear una charla inclusiva para todos los asistentes. Por otro lado, tenemos que aprender a convivir con él incluso cuando nos muestra desinterés o no hay conexión.

6. Si no vas a tener tiempo suficiente para preparar una ponencia, mejor no la hagas

Igual puede parecer una obviedad, pero creo que es necesario recalcarlo porque es fácil perdernos en el estrés de nuestra rutina. Por lo general, suelen ocurrir dos cosas. Una, que aceptes dar una charla y te des cuenta a posteriori de que realmente no vas a tener tiempo suficiente para prepararla porque se te mezcle con otros proyectos. Y la otra, cuando tenemos exceso de confianza y aceptamos acudir a algún evento dejándonos llevar por las ganas o la ilusión sin detenernos a hacer un análisis realista del tiempo que tenemos en realidad.

Debemos ser conscientes de que cualquier actividad académica requiere un tiempo de preparación. Es cierto que a veces podemos jugar la baza de la experiencia o de las tablas (sobre todo en cursos y talleres que damos con asiduidad), pero eso no siempre será garantía de éxito. Además, en el caso de las ponencias, conviene hacer un esfuerzo por aportar algo nuevo cada vez que vamos a un evento distinto. Eso requiere dedicar muchas horas y varios días de inmersión e investigación en el tema en cuestión, ya sea para sumar nuevos aportes o para estructurar como es debido esa información que ya tienes en tu cabeza.

Reconozco que esto último de aportar algo nuevo es una observación más bien personal —no todo el mundo lo hace y lo respeto—, pero yo la verdad es que hago todo lo posible por no repetir mis charlas, aunque reconozco que alguna vez he sido «ponente pecador» y lo he hecho, bien porque me han pedido esa charla que diste en tal sitio, o bien porque me tocaba hablar en un lugar en donde no me conocía nadie. En esos casos, repetir no tiene por qué ser algo dramático.

Definición gráfica de «ponente pecador».

No obstante, si no tenemos el suficiente cuidado, corremos el riesgo de repetirnos hasta en la sopa. Y cuando eso ocurre, te digo por experiencia que el público puede perder el interés por ti y por tus charlas, algo que minará tu confianza, y que seguramente hará que tu discurso deje de tener ese brillo y esa frescura que tenía cuando expusiste esa ponencia tan interesante por primera vez.

En definitiva, sé realista y valora el tiempo que tienes para confeccionar tu charla. Y si puedes hacer un esfuerzo extra por aportar información nueva o distinta de la que ya has aportado en anteriores charlas, mucho mejor.

7. Aprende a fracasar, solo así llegarás a ser un maestro (jedi) de los discursos

Piensa que si te he contado todo esto, es porque seguramente yo he fracasado en varios de estos puntos en algún momento. Y aquí estoy. Sigo vivo y me siguen llamando para ir a sitios —¡y que siga siendo así!—. 🙂 Sí reconozco que, de alguna manera, he aprendido la lección y cada vez intento elegir mejor los lugares a los que voy y mirar la agenda con más detenimiento, a pesar de arriesgarme a parecer una persona demasiado ocupada. Fíjate que soy el primero que he sentido rechazo hacia gente con la que no puedes contar nunca o que siempre están liados, pero con los años aprendes que, a menudo, la gente no va sobrada de tiempo, sobre todo en nuestro mundillo, en el que los eventos son un pequeño oasis en mitad de una rutina llena de proyectos.

Además de esto, también conozco a muchos colegas traductores que me han hablado de aquella ponencia que fue un completo desastre o en la que contaron un chiste y no se rió nadie. Es algo que nos pasa a todos y que tenemos que aprender a aceptar, ya que por mucho que nos preparemos siempre hay cosas que pueden salir mal o que nosotros no podemos controlar por inexperiencia, lentitud mental o falta de inspiración.

En definitiva, aceptar el error o el azar forma parte del proceso de aprendizaje. Y aquí vuelvo a la comparación del ponente con el músico que interpreta una pieza. Además de lo que he contado antes sobre la concentración, otro rasgo que caracteriza al buen músico es su capacidad para reconducir cuando se equivoca. A su capacidad para dejar atrás esa nota en la que se equivocó y seguir concentrado en lo que le viene por delante. También podemos compararlo con los intérpretes, que tienen en su manual que, pase lo que pase, hay que seguir y olvidar ese error o esa parte que no nos ha salido tan bien como queríamos. El ponente debe ser igual. Incluso, me atrevería a decir debe ser capaz de llevar con naturalidad sus propios errores.

¿Cometiste un error? No pasa nada, tira de la cisterna y continúa. 🙂

Por experiencia, siempre y cuando tu error no sea garrafal, bastará con hacer una pequeña aclaración —a ser posible en un tono alegre o divertido—, con el objetivo de quitarle importancia. Verás que, si el público es bueno —por lo general, suele serlo—, sabrá entenderlo y probablemente querrá dejar atrás el error rápidamente para centrarse en lo que viene por delante. Y si lo haces con una sonrisa, mejor todavía. 🙂

Para cerrar, te animo a que pongas en práctica todos estos consejos y a que hagas todo lo posible por dejar atrás las malas experiencias que hayas podido tener. Solo así conseguirás convertirte en un maestro (jedi) de los discursos.

¡Hasta la próxima entrada! 🙂

¡Saludos a todos! Después de unos días bastante intensos de trabajo, hoy os traigo una entrada de un invitado que me hace especial ilusión compartir con vosotros. El invitado es nada más y nada menos que Santiago de Miguel, traductor argentino especializado en traducción audiovisual y localización a quien conocí en la Actualización en Nuevas Tecnologías de la Traducción. Es, además, el flamante y nuevo fichaje de Traduversia, en donde se ha estrenado recientemente con un interesante curso de memoQ que es imperdible y que ahora mismo está rebajado con motivo de su lanzamiento.

Antes de seguir leyendo, debéis saber que Santiago ha impartido numerosos cursos en la Argentina sobre memoQ, algunos de ellos en instituciones tan importantes como el CTPCBA, AATI o directamente con Kilgray, con quienes dictó varios webinarios oficiales de memoQ. Así que sin duda que es todo un especialista en herramientas TAO y sabe de lo que habla. 🙂

Aquí tenéis a Santiago en acción en uno de sus recientes cursos presenciales. 🙂

Sin más dilación, vamos con la entrada que ha escrito sobre mitos de la traducción asistida. ¡No te la pierdas! 🙂

Esta vez, lamento informarles que no va a escribir Rafa… pero van a tener la suerte de leerme a mí, Santiago de Miguel.

Entre los traductores, se escuchan muchos comentarios negativos —a los que llamaremos «mitos»— sobre las herramientas de traducción asistida por ordenador (TAO). Varios son falsos, quizás debido a ignorancia, y otros tienen algo de verdad, así que me gustaría compartir con ustedes mi opinión al respecto. Como digo, en este artículo compartiré solo mi opinión sobre los mitos, ¡y me encantaría leer sus opiniones en los comentarios!

Primer mito: «Las herramientas TAO son demasiado difíciles de usar»

Me atrevo a decir que este mito es falso. Usarlas no es difícil: lo complicado es aprender a usarlas, sobre todo si es la primera vez que nos enfrentamos a un software de este tipo.

Existen programas más sencillos —como Memsource o memoQ— y otros más complejos —como STAR Transit o SDL Trados Studio—, pero lo cierto es que el primer enfrentamiento con cualquier herramienta TAO suele ser un poco abrumador. De repente, nos encontramos con que tenemos que lidiar con proyectos, segmentos, unidades, memorias de traducción, bases terminológicas, diccionarios predictivos, controles de calidad, etcétera, etcétera.

Pero la luz al final del camino es que eso sucede solo con la primera herramienta que aprendemos. La segunda ya no cuesta tanto, y la tercera… ¡hasta la disfrutamos!

Acuérdense de lo que digo: una vez que aprendan a usar una herramienta TAO y descubran sus funcionalidades y ventajas, van a querer aprender otras.

Segundo mito: «Las herramientas TAO son lo mismo que el traductor de Google»

¡Falso! Aunque parezca obvio para muchos, hay profesionales que piensan que traducir con una herramienta TAO es sinónimo de usar traducción automática, pero la realidad es que los programas de traducción asistida reciclan traducciones hechas exclusivamente por el traductor que está del otro lado de la pantalla.

Resumido en una oración, este tipo de herramientas almacenan en una memoria de traducción todas las traducciones que hagamos y nos avisan cuando esas traducciones almacenadas se repiten total o parcialmente en un texto. Otra de las enormes ventajas que nos brindan estas aplicaciones es la de consultar nuestras bases de datos para ver cómo se tradujo un determinado término en el pasado, sin necesidad de andar hurgando archivos en una papelera colmada o en carpetas que ni recordábamos que existían.

Sin embargo, cabe resaltar que sí es posible configurar motores de traducción automática en las herramientas TAO, pero la decisión está en manos del usuario.

Tercer mito: «Las herramientas TAO violan los acuerdos de confidencialidad»

Esta vez, como en tantas ocasiones en el mundo de la traducción, tengo que decir que depende.

Si usamos una herramienta de traducción asistida local —es decir, que se instale en nuestro equipo, como memoQ, SDL Trados Studio o Wordfast Pro—, toda la información que traduzcamos quedará guardada de manera confidencial en nuestra computadora y seremos los únicos con una copia de los datos recopilados.

Por el contrario, si usamos una herramienta de traducción asistida gratuita basada en la nube, recomiendo siempre leer la política de privacidad del programa con mucha atención para no aceptar cláusulas como la siguiente: “If you translate a document without setting a private translation memory, your translations are saved in the public translation memory and benefit all users”.

Claro está que, si algún colega hacker quiere que perdamos un cliente, no habrá software que nos salve. Así que… ¡cuidado con los traductores tecnológicos!

Cuarto mito: «Las herramientas TAO solo sirven para traducciones técnicas»

En esta ocasión, también diría que el mito es falso, aunque sí admito que sus funciones se aprovechan más cuando el texto es repetitivo y tiene mucho vocabulario técnico.

Pero las herramientas de traducción asistida por ordenador ofrecen muchísimas ventajas además de las coincidencias, que principalmente se encuentran en textos técnicos.

Por un lado, permiten traducir archivos en formatos de programas que ni siquiera tenemos instalados en nuestro equipo, como podría ser Adobe InDesign o incluso otra herramienta TAO. Entonces, si nos piden traducir un texto creado en un software al que no tenemos acceso, aunque ese texto sea publicitario o literario y no desborde de repeticiones, tener una herramienta TAO bajo la manga (o más bien dentro del disco rígido) nos permitiría aceptar el encargo.

Por otro lado, gracias a las llamadas etiquetas, las herramientas TAO permiten respetar a rajatabla el estilo del texto original —es decir, el tipo y tamaño de fuente, el interlineado, las columnas, la alineación, entre muchos otros aspectos— sin demasiado esfuerzo. A modo de ejemplo, les cuento que hace unos años yo traducía muchos guiones de televisión con un formato bastante complejo que era muy fácil de arruinar si daba algún paso en falso en Word. Pero, desde que empecé a implementar programas de traducción asistida, pude olvidarme de la parte estética del texto y enfocarme en el contenido.

Por último, también hay buenas noticias para los traductores audiovisuales: recientemente memoQ lanzó una función para traducir subtítulos que permite ver el vídeo y las limitaciones de caracteres sin tener que abrir un editor de subtítulos tradicional. Las ventajas de esta funcionalidad son inmensas y son la prueba viva de que las herramientas TAO sirven para muchísimo más que traducir textos técnicos repetitivos (¡y aburridos!).

¿Qué opinan de estos mitos sobre las herramientas TAO? ¿Conocen otros que no mencioné? Me encantaría que me contaran en los comentarios.

Si nunca habían escuchado hablar sobre la traducción asistida por ordenador, no saben usar ningún software de este tipo o les gustaría aprender una nueva herramienta TAO, los invito al curso de memoQ que preparé para Traduversia. Es realmente muy completo y cubre un montón de contenido, como la nueva función para traducir subtítulos.

¡Gracias por aceptarme como invitado en el blog!

memoQ para traductores, revisores y gestores de proyectos

¡Rebajado un 30 % por tiempo limitado!

Después de unas semanas bastante intensas en Buenos Aires —voy allí todos los años a participar como docente en la Actualización en Nuevas Tecnologías de la Traducción de la UBA—, por fin estoy de vuelta en España. El pasado fin de semana estuve en la CITA de ATRAE, en una mesa redonda sobre localización de videojuegos en la que estuve con Pablo Muñoz, Eugenia Arrés, Carlos la Orden, Cristina Bracho, Diana Díaz Montón y Diego Parra. Me lo pasé genial con ellos y saqué muy buenas conclusiones tanto de la mesa como del evento en sí. Una de ellas, la importancia de valorarnos a nosotros mismos como profesionales, que es de lo que hablo en mi vídeo de regreso.

Espero que el vídeo te haya gustado. Si es así, no olvides darle a «Me gusta» en YouTube, suscribirte al canal de Traduversia y, si tienes algo que aportar o que comentar, dejar un comentario en YouTube o aquí abajo. ¡Hasta el próximo vídeo! 🙂

P. D.: He aprovechado en estos días para mudar el blog a otro hosting y, de paso, darle un pequeño lavado de cara. Espero que te guste el resultado. Poco a poco iré añadiendo más cosillas. 😉

Aunque sé que a algunos de vosotros este Traduconsejo os va a parecer muy elemental, me he animado a grabarlo porque aún me encuentro a muchos alumnos en los cursos y másteres que imparto que no saben descomprimir archivos ZIP o que, aunque saben hacerlo con algún programa tipo WinRAR o WinZip, no conocen alternativas gratuitas como 7-Zip, que es la herramienta de la que voy a hablar hoy. Si te interesa, descárgala desde este enlace y échale un vistazo al traduconsejo de hoy. ¡Vamos al lío!

Espero que el traduconsejo te haya gustado y que en adelante no encuentres problemas para descomprimir archivos en formatos como ZIP, RAR o 7Z, que son los más frecuentes. No olvides darle a «Me gusta», compartir el vídeo para dar apoyo y suscribirte al canal de YouTube de Traduversia si es que no lo has hecho todavía (¡es gratis!). Nos vemos la semana que viene en un nuevo vídeo. 🙂

Después de haberle buscado las cosquillas a las herramientas de traducción asistida la semana pasada, hoy me reconcilio con ellas en un traduconsejo en el que te explico cómo puedes convertir una memoria de traducción de Trados a TMX (el formato libre de las memorias de traducción) sin necesidad de usar Trados o una herramienta comercial similar (memoQ, Wordfast, etc.). En lugar de eso, usaremos una pequeña y sencilla herramienta desarrollada en Java por nuestro colega Thomas van Nellen, que además es gratuita. ¡No te lo pierdas!

Espero que te haya gustado y que, gracias a este vídeo, si el día de mañana necesitas convertir una memoria de traducción para usarla con un programa gratuito, te sientas capaz de conseguirlo. Eso es todo por hoy. Vuelvo la semana que viene, como siempre, con un nuevo vídeo. ¡Hasta la próxima!

De un tiempo a esta parte, noto que muchos tienen una pequeña obsesión con las herramientas TAO. En muchos casos se debe a la concepción errónea de que con una herramienta de traducción asistida puedes traducir cualquier cosa, cuando en realidad no siempre es así. Por eso, en el vídeo de esta semana te recomiendo que aprendas a detectar cuándo es necesario usar una herramienta de traducción asistida y cuándo no. Espero que te interese el tema.

 

Espero que el vídeo te haya gustado. Recuerda que el consultorio de Traduversia sigue abierto y que puedes trasladarnos tus dudas para que publiquemos nuevos vídeos creados especialmente para ti. ¡Un saludo y buen fin de semana!

Esta semana vuelvo con un vídeo para el consultorio de Traduversia. Estoy muy comprometido con esta sección, pues entiendo que muchas veces os resulta más útil que grabe vídeos respondiendo a dudas que puedan ser comunes que grabando vídeos sobre temas que me interesen únicamente a mí. Es por eso que le he dado prioridad a este vídeo por delante de otros que tengo en mente (gameplays, vídeos sobre traducción audiovisual, cafés varios, etc.). Esta vez respondo a una duda que nos plantea Miguel, seguidor y alumno potencial de Traduversia, que nos ha trasladado las siguientes preguntas.

Acabo de ver tu vídeo sobre pruebas de traducción. Me ha parecido excelente. Soy traductor desde 1996. Me gustaría saber cómo funciona el proceso de traducir un texto, ya que nunca me he atrevido a preguntar al cliente para no parecer poco profesional o novato. No estoy especializado en un campo concreto. Me gustaría saber si todas las traducciones son posteriormente revisadas y verificadas por un experto en la materia. Por ejemplo, una traducción de ingeniería. También, si crees que los traductores hemos de tener un seguro de responsabilidad ¿civil? ¿Crees que debería poner en mi CV que todas las traducciones que yo haga han de ser revisadas por un experto en la materia?

Muchas gracias de antemano.

(Probablemente haga vuestro curso de subtítulos con el precio rebajado que ofertáis ahora).

Como siempre, respondo en un vídeo a las preguntas, sin prisa pero sin pausa, para que tanto Miguel como vosotros podáis tener más información sobre estos asuntos. Espero que os guste.

Si tenéis algo que comentar acerca del proceso de traducción, de la norma UNE o de los seguros de responsabilidad civil, os invito a que lo hagáis aquí abajo o en YouTube. Creo que los temas que tocamos hoy nos afectan a muchos y seguro que puede haber contribuciones muy interesantes.

No me enrollo más, nos vemos en el vídeo de la semana que viene. 🙂

P. D.: Si quieres hacer alguna pregunta para el consultorio, deja un comentario con tu pregunta o envíala a través del formulario del consultorio de Traduversia. Te esperamos.

El vídeo de esta semana lo he dedicado a recomendar los buscadores de la Fundèu y de los distintos diccionarios de la RAE. El motivo es que aún me encuentro a muchos alumnos, traductores noveles y recién licenciados que cometen errores que podrían subsanar fácilmente si se documentaran en estas páginas. Por eso, y aunque sé que muchos ya conocerán estos recursos, me he decidido a grabar este vídeo, para así poder enviárselo a todos mis alumnos futuros y llegar a los más desinformados. Además, para hacer el vídeo más completo e interesante, también te explico al final del vídeo cómo puedes usar estos buscadores de forma productiva usando el Omnibox de Google. ¿Te interesa? ¡Pues al lío!

Espero que el vídeo te haya gustado. Cuéntame, ¿qué te ha parecido el Ómnibox? ¿Crees que te acostumbrarás a usarlo o lo ves demasiado complicado? ¿Qué otros recursos y diccionarios usas en tu día a día? Te leo en los comentarios. 🙂 No olvides suscribirte al canal de YouTube de Traduversia si no lo has hecho ya y echar un vistazo a los cursos de Traduversia. Hasta la semana que viene. 😉