¡Saludos a todos! Después de unos días bastante intensos de trabajo, hoy os traigo una entrada de un invitado que me hace especial ilusión compartir con vosotros. El invitado es nada más y nada menos que Santiago de Miguel, traductor argentino especializado en traducción audiovisual y localización a quien conocí en la Actualización en Nuevas Tecnologías de la Traducción. Es, además, el flamante y nuevo fichaje de Traduversia, en donde se ha estrenado recientemente con un interesante curso de memoQ que es imperdible y que ahora mismo está rebajado con motivo de su lanzamiento.

Antes de seguir leyendo, debéis saber que Santiago ha impartido numerosos cursos en la Argentina sobre memoQ, algunos de ellos en instituciones tan importantes como el CTPCBA, AATI o directamente con Kilgray, con quienes dictó varios webinarios oficiales de memoQ. Así que sin duda que es todo un especialista en herramientas TAO y sabe de lo que habla. 🙂

Aquí tenéis a Santiago en acción en uno de sus recientes cursos presenciales. 🙂

Sin más dilación, vamos con la entrada que ha escrito sobre mitos de la traducción asistida. ¡No te la pierdas! 🙂

Esta vez, lamento informarles que no va a escribir Rafa… pero van a tener la suerte de leerme a mí, Santiago de Miguel.

Entre los traductores, se escuchan muchos comentarios negativos —a los que llamaremos «mitos»— sobre las herramientas de traducción asistida por ordenador (TAO). Varios son falsos, quizás debido a ignorancia, y otros tienen algo de verdad, así que me gustaría compartir con ustedes mi opinión al respecto. Como digo, en este artículo compartiré solo mi opinión sobre los mitos, ¡y me encantaría leer sus opiniones en los comentarios!

Primer mito: «Las herramientas TAO son demasiado difíciles de usar»

Me atrevo a decir que este mito es falso. Usarlas no es difícil: lo complicado es aprender a usarlas, sobre todo si es la primera vez que nos enfrentamos a un software de este tipo.

Existen programas más sencillos —como Memsource o memoQ— y otros más complejos —como STAR Transit o SDL Trados Studio—, pero lo cierto es que el primer enfrentamiento con cualquier herramienta TAO suele ser un poco abrumador. De repente, nos encontramos con que tenemos que lidiar con proyectos, segmentos, unidades, memorias de traducción, bases terminológicas, diccionarios predictivos, controles de calidad, etcétera, etcétera.

Pero la luz al final del camino es que eso sucede solo con la primera herramienta que aprendemos. La segunda ya no cuesta tanto, y la tercera… ¡hasta la disfrutamos!

Acuérdense de lo que digo: una vez que aprendan a usar una herramienta TAO y descubran sus funcionalidades y ventajas, van a querer aprender otras.

Segundo mito: «Las herramientas TAO son lo mismo que el traductor de Google»

¡Falso! Aunque parezca obvio para muchos, hay profesionales que piensan que traducir con una herramienta TAO es sinónimo de usar traducción automática, pero la realidad es que los programas de traducción asistida reciclan traducciones hechas exclusivamente por el traductor que está del otro lado de la pantalla.

Resumido en una oración, este tipo de herramientas almacenan en una memoria de traducción todas las traducciones que hagamos y nos avisan cuando esas traducciones almacenadas se repiten total o parcialmente en un texto. Otra de las enormes ventajas que nos brindan estas aplicaciones es la de consultar nuestras bases de datos para ver cómo se tradujo un determinado término en el pasado, sin necesidad de andar hurgando archivos en una papelera colmada o en carpetas que ni recordábamos que existían.

Sin embargo, cabe resaltar que sí es posible configurar motores de traducción automática en las herramientas TAO, pero la decisión está en manos del usuario.

Tercer mito: «Las herramientas TAO violan los acuerdos de confidencialidad»

Esta vez, como en tantas ocasiones en el mundo de la traducción, tengo que decir que depende.

Si usamos una herramienta de traducción asistida local —es decir, que se instale en nuestro equipo, como memoQ, SDL Trados Studio o Wordfast Pro—, toda la información que traduzcamos quedará guardada de manera confidencial en nuestra computadora y seremos los únicos con una copia de los datos recopilados.

Por el contrario, si usamos una herramienta de traducción asistida gratuita basada en la nube, recomiendo siempre leer la política de privacidad del programa con mucha atención para no aceptar cláusulas como la siguiente: “If you translate a document without setting a private translation memory, your translations are saved in the public translation memory and benefit all users”.

Claro está que, si algún colega hacker quiere que perdamos un cliente, no habrá software que nos salve. Así que… ¡cuidado con los traductores tecnológicos!

Cuarto mito: «Las herramientas TAO solo sirven para traducciones técnicas»

En esta ocasión, también diría que el mito es falso, aunque sí admito que sus funciones se aprovechan más cuando el texto es repetitivo y tiene mucho vocabulario técnico.

Pero las herramientas de traducción asistida por ordenador ofrecen muchísimas ventajas además de las coincidencias, que principalmente se encuentran en textos técnicos.

Por un lado, permiten traducir archivos en formatos de programas que ni siquiera tenemos instalados en nuestro equipo, como podría ser Adobe InDesign o incluso otra herramienta TAO. Entonces, si nos piden traducir un texto creado en un software al que no tenemos acceso, aunque ese texto sea publicitario o literario y no desborde de repeticiones, tener una herramienta TAO bajo la manga (o más bien dentro del disco rígido) nos permitiría aceptar el encargo.

Por otro lado, gracias a las llamadas etiquetas, las herramientas TAO permiten respetar a rajatabla el estilo del texto original —es decir, el tipo y tamaño de fuente, el interlineado, las columnas, la alineación, entre muchos otros aspectos— sin demasiado esfuerzo. A modo de ejemplo, les cuento que hace unos años yo traducía muchos guiones de televisión con un formato bastante complejo que era muy fácil de arruinar si daba algún paso en falso en Word. Pero, desde que empecé a implementar programas de traducción asistida, pude olvidarme de la parte estética del texto y enfocarme en el contenido.

Por último, también hay buenas noticias para los traductores audiovisuales: recientemente memoQ lanzó una función para traducir subtítulos que permite ver el vídeo y las limitaciones de caracteres sin tener que abrir un editor de subtítulos tradicional. Las ventajas de esta funcionalidad son inmensas y son la prueba viva de que las herramientas TAO sirven para muchísimo más que traducir textos técnicos repetitivos (¡y aburridos!).

¿Qué opinan de estos mitos sobre las herramientas TAO? ¿Conocen otros que no mencioné? Me encantaría que me contaran en los comentarios.

Si nunca habían escuchado hablar sobre la traducción asistida por ordenador, no saben usar ningún software de este tipo o les gustaría aprender una nueva herramienta TAO, los invito al curso de memoQ que preparé para Traduversia. Es realmente muy completo y cubre un montón de contenido, como la nueva función para traducir subtítulos.

¡Gracias por aceptarme como invitado en el blog!

memoQ para traductores, revisores y gestores de proyectos

¡Rebajado un 30 % por tiempo limitado!

2
¡Deja un comentario si te ha gustado la entrada! ¡Significa mucho para mí!

avatar
1 Hilos de comentarios
1 Respuestas
0 Seguidores
 
Comentario con más reacciones
Hilo más activo
2 Autores de los comentarios
Santiago de MiguelCAROLINA AYBAR Autores de comentarios recientes
  Suscribirse  
más recientes más antiguos más votados
Notificar de
CAROLINA AYBAR
Invitado
CAROLINA AYBAR

¡Hola! Me encantó la “desmitificación” que expusiste, y concuerdo en todas las ventajas que brinda el uso de TAO. El único inconveniente lo veo a la hora de traducir documentos como partidas y aquellos que están escaneados que no se puedan convertir para pasarlos a Wordfast por ejemplo. En realidad esto no es un inconveniente de las TAO sino una limitación. En esos casos sigo traduciendo con el clásico Word. ¡Saludos!

Santiago de Miguel
Invitado

¡Gracias por tu comentario!

Sí, los archivos PDF son complicados… Si no son editables, se pueden pasar por algún software de OCR (como ABBYY o TransPDF, que funciona con memoQ), pero es verdad que las partidas de nacimiento y otros documentos jurídicos tienen un formato muy complicado que a veces ni esos programas logran convertir.

Lo bueno es que suelen ser documentos cortos que se pueden traducir con una plantilla en el idioma de destino, ¿no?

¡Saludos!