Subtítulos y fansubs: cuando prima la inmediatez por encima de la calidad

Hoy vuelvo a tocar un tema que ha generado polémica últimamente, sobre todo a raíz del descubrimiento de que al parecer en Movistar+ han utilizado subtítulos descargados de Internet. Esta es una noticia muy triste para los traductores audiovisuales, pues nos lleva a pensar que el mayor proveedor de productos audiovisuales a la carta de nuestro país no invierte en ofrecer a sus abonados subtítulos profesionales de calidad, o bien que las empresas a las que subcontrata no velan por la calidad de los subtítulos que producen.

Captura publicada en Mundoplus en la que se puede ver la autoría de los subtítulos de un capítulo de la serie Shameless

Este hallazgo también ha provocado, como ya es habitual, que muchos ilustrados muestren sus desafortunados prejuicios y opiniones sobre el proceso de subtitulado en las redes sociales. Si hacéis memoria o si os dais una vuelta por los archivos del blog, ya dediqué alguna entrada a este tema hace un tiempo, una de ellas motivada por un artículo que publicó Antonio Muñoz Molina y otra para defender a los profesionales del doblaje de las críticas de Juan Gómez-Jurado. En esta ocasión, las ofensas vienen de tuits y comentarios que no hacen otra cosa que demostrar lo que piensan muchos consumidores acerca de los subtítulos y el doblaje.

Sobre la inmediatez y la calidad de los subtítulos

Vivimos en una época en la que prima la inmediatez por encima de todo lo demás. Así lo decía el recientemente fallecido Zygmunt Bauman, que en su aclamado libro Modernidad líquida afirmaba:

“Hoy, lo que da ganancias es la desenfrenada velocidad de circulación, reciclado, envejecimiento, descarte y reemplazo –no la durabilidad ni la fiabilidad del producto en el tiempo–. En una notable inversión de la tradición de más de un milenio, los encumbrados y poderosos de hoy son quienes rechazan y evitan lo durable y celebran lo efímero.”

Zygmunt Bauman

Aplicado a nuestro campo, para muchos hoy lo que prima es la rapidez con la que puedan consumirse las traducciones y los subtítulos, aunque su calidad final se vea resentida. En otras palabras, este culto a la inmediatez provoca que muchos usuarios y empresas acaben restando importancia a la calidad, ya que prefieren tener algo de baja calidad de inmediato antes que prolongar la espera para disfrutar de la mínima calidad exigible.

Optar por esta vía a menudo lleva a exceder los límites de lo que las asociaciones y traductores profesionales consideramos buenas prácticas y devalúa con creces el oficio de los traductores audiovisuales profesionales, que cuidamos al máximo la calidad de nuestras traducciones para satisfacer al intermediario que nos contrata y para que el usuario final que está invirtiendo en un servicio de pago pueda consumir unos subtítulos profesionales de calidad.

No podemos obviar en ningún momento que estos subtítulos de calidad tienen un precio que va ligado al tiempo de trabajo dedicado y a la cualificación de los profesionales implicados en la cadena de trabajo del proyecto de subtitulación. En pocas palabras, pese a quien le pese, la calidad se paga. 

Si el usuario no valora la calidad, ¿para qué esforzarse?

Los traductores debemos tener muy claro que los servicios que ofrecemos están dirigidos a clientes exigentes que valoran la calidad o que, en su defecto, necesitan garantizarla. De no ser así, ¿qué sentido tendría hablar de traducción profesional si nuestros clientes no valoran la calidad que ofrecemos y no nos dan el trato que merecemos?

Todos en nuestra trayectoria profesional nos hemos topado con clientes poco exigentes que valoran poco o nada nuestro oficio o que prefieren ahorrar antes que invertir. Afortunadamente para nosotros, los traductores autónomos somos libres de elegir con quién colaboramos y con quién no. Eso nos permite huir de aquellos que no nos valoran debidamente, esos que en vez de tratarnos con la profesionalidad que merecemos nos hacen sentir como si fuéramos un estudiante de inglés al que le piden el favor de traducir un mensaje mal escrito enviado por un vendedor chino de Aliexpress. En esos casos, no debemos dejar que la desilusión y la frustración se apoderen de nosotros y desaten a nuestro monstruo interior, sino rechazar el proyecto haciéndonos valer y sacando a relucir nuestra ética y nuestra dignidad profesional.

También es importante que seamos críticos y directos con aquellos que no nos valoran. A menudo el menosprecio puede producirse como consecuencia de una actitud soberbia o maleducada ante la que se podrá hacer más bien poco (quizá verles caer cuando cometan un error que les deje en ridículo, como en el caso reciente de Movistar+), pero en otras ocasiones ese menosprecio puede deberse a errores inocentes o al desconocimiento de nuestro oficio. En esos casos, siempre podemos erigirnos como expertos e intentar «educar» o «ilustrar» al cliente para hacerle entender por qué debe dar un mayor valor a nuestros servicios. Nadie nace sabiendo y a veces no queda otra que predicar en qué consiste nuestro trabajo para hacer ver a los demás cuál es su verdadero valor.

Subtítulos profesionales y fansubs

Hace ya varios años, gracias al crecimiento y desarrollo de Internet, aparecieron los fansubs, que permiten a muchos usuarios ver en primicia y con subtítulos las series y películas que ya se han emitido en sus países de origen (legalidad aparte). Es cierto que muchos fansubs se caracterizan por tener una mala calidad o, al menos, una calidad inferior a la de los subtítulos realizados por los profesionales del sector audiovisual, aunque por otro lado ponen de manifiesto una realidad evidente: muchos usuarios quieren un consumo inmediato.

El problema al que nos enfrentamos es precisamente ese, la inmediatez. Y aquí volvemos de nuevo a la cita de Bauman, ya que el éxito de los fansubs se debe claramente al desenfrenado consumismo que actualmente nos brinda Internet, en este caso aplicado a nuestro campo. Desgraciadamente, los traductores profesionales no podemos competir con los plazos de los fansubbers, principalmente porque nosotros tenemos que cumplir con unas pautas y unos estándares que ellos no tienen por qué cumplir, algo que les permite llevar a cabo las traducciones en poco tiempo. Esta es la principal razón por la que dichos subtítulos a menudo carecen de la calidad mínima exigible, porque no se preocupan por cuidar las limitaciones de caracteres, las velocidades de lectura recomendadas o por aspectos aún más esenciales como la ortografía o la gramática, entre otros requisitos.

Tampoco podemos olvidar que los traductores profesionales estamos dados de alta y trabajamos dentro de la legalidad vigente. Además, respetamos los derechos y la confidencialidad que nos exigen nuestros clientes.

Sí a la inmediatez, pero bien planificada

En muchas ocasiones, los problemas como este de Movistar+ surgen por una mala gestión del proyecto de subtitulado o por una mala planificación de los plazos de publicación o emisión del producto, algo ante lo que los traductores podemos hacer bien pocoEs cierto que la subtitulación es una técnica rápida y muy eficaz para traducir productos audiovisuales en plazos cortos. De hecho, la subtitulación es un método más rápido y eficaz que el doblaje, ya que sus procedimientos y su cadena de trabajo tienden a ser más reducidos. Pero el uso de esta técnica no garantiza per se la inmediatez, ya que es necesario dar un margen de varios días al traductor para que haga su trabajo.

De esta forma, el subtitulado como técnica de adaptación hace posible que, por ejemplo, un producto pueda emitirse con subtítulos de calidad apenas unos días después de su emisión en su país de origen, o incluso el mismo día del estreno si la planificación ha sido la adecuada. Cuando el producto se estrena primero en el país de origen, a menudo ocurre que el usuario (y con usuario me refiero al usuario que está dispuesto a pagar por un servicio de televisión a la carta o VoD) se deja llevar por el ansia y busca la forma de consumir ese producto recurriendo a la descarga del vídeo y de los subtítulos en la red por no disponer de ellos aún en su país de residencia. En cambio, cuando se programa un estreno mundial con subtítulos en versión original y en el idioma del país del consumidor, el usuario no siente la necesidad de recurrir al pirateo porque sus necesidades están cubiertas desde el primer momento.

La clave de la inmediatez planificada, por tanto, consistiría en coordinar el lanzamiento para que el usuario disponga de los subtítulos desde el mismo día del estreno mundial, dando siempre al traductor el tiempo necesario para que haga un trabajo de calidad antes del estreno del producto. Si fuéramos capaces de darle todo al usuario desde el primer momento, evitaríamos que sienta la tentación de buscar por otros medios lo que no se le ha dado desde un principio.

Aprendamos a ser pacientes, merece la pena

“Con nuestro culto a la satisfacción inmediata, muchos de nosotros hemos perdido la capacidad de esperar.”

Zygmunt Bauman

Cierro el artículo con otra cita de Bauman con la que os animo a ser pacientes, sobre todo a los consumidores, porque aunque a todos nos gusta la inmediatez, no debemos olvidar que la calidad es igual de importante, o más importante todavía. Los traductores somos maestros del idioma en el que escribimos, lo que nos permite cuidar cada palabra al detalle como si fuéramos artesanos de la lengua. ¿Y acaso no merece la pena cuidar nuestras lenguas? Yo tengo claro que sí. Y no solo merece la pena, sino que además forma parte de nuestro deber como profesionales y hablantes de nuestro idioma.

Hasta la próxima entrada.

Rafael López Sánchez

Rafael López Sánchez

Traductor profesional (EN/IT>ES) especializado en traducción audiovisual, localización, diseño y maquetación. He traducido series, películas y documentales emitidos en cine, televisión y canales de Internet. Imparto cursos online sobre mis especialidades en Traduversia y participo como ponente en congresos y eventos de traducción.
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