No quiero empezar una nueva entrada sin felicitaros y desearos a todos lo mejor para este nuevo año 2013. Como veis, he empezado con las pilas bien cargadas. Año nuevo = entrada nueva. Espero que os guste.

Prácticas de traducción. ¿Merecen la pena?

Es uno de los grandes dilemas. Terminamos nuestra carrera (o estamos a punto de terminarla) y empezamos a valorar la posibilidad de buscarnos unas prácticas que nos permitan acumular algo de experiencia.

1. Consideraciones generales

Las prácticas profesionales son una magnífica oportunidad para poner en práctica los conocimientos adquiridos durante nuestro período de formación y nos permiten dar nuestros primeros pasos en el sector profesional que más nos interesa para, con suerte, incorporarnos pronto al mercado profesional.

Además, gracias a ellas podemos adquirir habilidades, destrezas y aptitudes que en la universidad no nos enseñan como, por ejemplo, gestión del tiempo, trabajo en equipo, destrezas de organización, cuestiones sobre eficiencia y productividad, utilización de software y herramientas especializadas… O, en otras palabras, descubrir in situ en qué consiste realmente nuestra profesión. Esta es, sin duda, la mejor manera de mejorar nuestra “empleabilidad”.

Caracterización del típico becario

2. Tipos de prácticas más extendidos

Cuando nos disponemos a buscar unas prácticas, rápidamente nos daremos cuenta de que, generalmente, todas suelen tener unas características diferentes. Todo dependerá de la empresa que las oferte y de cuáles sean sus necesidades. Por lo general, podemos concluir que las prácticas a las que podemos acceder hoy en día suelen ser de alguno de los siguientes tipos:

  • Prácticas formativas mediante convenio universitario (en el caso de que todavía no hayamos terminado nuestras carreras). Estas prácticas pueden ser remuneradas o no remuneradas, en función de la empresa/organización que contrate y de las condiciones del convenio. Suelen tener una duración de 6 meses (con la posibilidad de prolongarlas 3 meses más) y un cómputo total de horas no superior a las 900 (aunque lo más común es que sean de unas 300 o 400 horas).
  • Prácticas laborales en empresas (sin convenio). Se dan, sobre todo, cuando ya hemos finalizado nuestra licenciatura, o cuando estamos listos para incorporarnos al mundo laboral y en la empresa/organización de turno nos ofrecen la posibilidad de incorporarnos con un contrato de prácticas. En general, la remuneración que recibamos será menor que la que reciban los profesionales en plantilla, pero mayor que la que recibiríamos si estas se formalizaran mediante un convenio universitario (aunque esto también depende de la universidad, de la empresa y de las condiciones acordadas con cada interesado). La duración depende también de las condiciones que quiera fijar la empresa, aunque suelen oscilar entre los 4 y los 6 meses (con un horario más amplio que las anteriores), y suelen llevar consigo el aliciente de la renovación o contratación definitiva (en el mejor de los casos). También existe la posibilidad de que realicemos este tipo de prácticas sin obtener ningún tipo de remuneración.
  • Otra posibilidad más a tener en cuenta es la del voluntariado. La incluyo dentro de este apartado porque es una forma más de acumular experiencia pero, a la hora de la verdad, no es equiparable a la realización de unas prácticas. En este caso no podremos disponer de ningún tipo de remuneración y el trabajo que se realice no se hará bajo ningún tipo de contrato profesional o de convenio. En los mejores casos se podrá formalizar un acuerdo escrito de voluntariado que nos permitirá acreditar nuestra experiencia y los servicios prestados, aunque esto es algo que no todas las organizaciones ofrecen. Trabajar como voluntario tiene la ventaja de que nos permite ponernos a prueba y trabajar por causas nobles de manera desinteresada, lo cual es muy realizador. Además, podemos en muchas ocasiones elegir qué tareas vamos a desempeñar o proponernos para aquellas en las que consideremos que podemos dar lo mejor de nosotros mismos. Sin embargo, no todas las empresas valorarán de una misma manera lo que supone haber sido voluntario, ya que la experiencia acreditada no suele ser comparable a la adquirida como trabajador en plantilla o como becario (el nivel de exigencia suele ser más alto en estos últimos casos). Esto último no tiene por qué ser así, pero es lo que se suele concluir.

*Si queréis obtener una información más fiable, os recomiendo que le echéis un vistazo a los enlaces que nos ha facilitado Leon Hunter con su comentario (que podéis consultar más abajo) y que os he adjuntado al final de la entrada.

3. Reflexiones personales. ¿Merecen la pena?

  • Creo que el primer punto que nos interesa a todos es el de la remuneración. ¿Es realmente tan importante?

Mi respuesta es que depende. Y aquí me empiezo a enrollar un poco. A la hora de elegir unas prácticas considero que no es tan importante el hecho de que sean remuneradas, sino el hecho de que nos permitan seguir formándonos y que estén relacionadas con la especialidad o especialidades que más nos interesen. De nada me servirá realizar unas prácticas remuneradas en una agencia que se dedique únicamente a traducir textos económicos si en realidad quiero dedicarme a la traducción audiovisual (por ejemplo).

Pero, por otro lado, a nadie le gusta tener que trabajar gratis. Es realmente duro (y lo dice uno que ha trabajado sin recibir remuneración alguna). Pero, en muchas ocasiones, no queda más remedio que sacrificarse un poco. Si unas prácticas no remuneradas nos permiten seguir formándonos y acumular experiencia, podremos seguir sumando méritos y seguir avanzando hasta poder conseguir por fin el ansiado trabajo remunerado. Es una forma de romper el famoso círculo vicioso de “como no tengo experiencia, no puedo optar al trabajo, pero como no puedo optar a ningún trabajo, no puedo acumular experiencia”. Este tipo de prácticas hay que verlas como una inversión de futuro en las que estaremos invirtiendo tiempo, esfuerzo y sacrificio para poder obtener a largo plazo los beneficios. En pocas palabras: hablamos de sacrificio, progreso, aprendizaje y esfuerzo, y no tanto de remuneración o de beneficios materiales.

  • La siguiente cuestión que debemos tener en cuenta es el tiempo del que disponemos y el horario de trabajo:

Si tenemos que compaginar el final de nuestra carrera con unas prácticas, sería interesante que estas no nos ocuparan más de 3 o 4 horas diarias de nuestro tiempo. De lo contrario, podría ponerse muy cuesta arriba poder sobrellevar con éxito ambas ocupaciones. En el caso de que hayamos finalizado ya nuestros estudios, entonces el horario no supondrá un problema tan grande (aunque, en la medida de lo posible, sería interesante poder conseguir un equilibrio entre remuneración y horario). Sí os recomiendo que, en el caso de que optéis por unas prácticas no remuneradas, procuréis tener tiempo para seguir formándoos (si podemos compaginarlas con cursos de formación, máster, o posgrados, entonces mejor que mejor).

  • También hay que valorar si preferimos que sean mediante convenio o sin él.

Al realizar las prácticas mediante un convenio universitario, en la mayoría de los casos podremos convalidarlas por créditos de libre configuración. Por tanto, si estamos finalizando nuestros estudios, es ideal para quitarnos esos créditos tan tediosos que muchas veces no sabemos como rellenar. Sin embargo, hacerlas mediante convenio puede resultar en que la remuneración sea más baja, o que directamente no exista (como me pasó a mí). Por el contrario, las condiciones que obtendríamos al realizar prácticas en una empresa tras haber finalizado nuestros estudios suelen ser mucho mejores. Por tanto, sería interesante valorar nuestra situación y pensar qué nos convendría más a este respecto.

  • Otro punto a tener en cuenta  es el tema o especialidad, que ya he tocado anteriormente en relación con la remuneración:

Es muy importante que las prácticas que realicemos guarden alguna relación con las especialidades a las que queramos dedicarnos. Esto no siempre será posible ya que, si ya de por sí es difícil conseguir unas prácticas en una empresa (remuneradas o sin remunerar), más difícil aún puede ser conseguir unas prácticas que coincidan con nuestra especialidad. Pero la realidad es que solo así podremos seguir aprendiendo y adquiriendo experiencia profesional en ese campo para seguir dedicándonos a él en el futuro.

  • El último punto a tener en cuenta (y no por ello el menos importante) es el de la utilidad de dichas prácticas.

Con esto me refiero a si existe la posibilidad de que las prácticas desemboquen en un ascenso, en una contratación posterior o, al menos, en el acceso a nuevas oportunidades profesionales. Este es una aliciente importante ya que no es lo mismo realizar unas prácticas sabiendo que no te van a contratar a realizarlas con el premio de poder ser contratado y seguir ascendiendo. En caso de que, en un principio, las prácticas no lleven a nada más y se queden solo en una mera experiencia, deberemos valorar detenidamente hasta qué punto nos merecería la pena realizarlas.

4. Conclusión

Sinceramente, creo que merece la pena realizar unas prácticas. Pero, antes de tomar la decisión, es necesario valorar muy cuidadosamente si las prácticas que vamos a hacer van a ser beneficiosas para nosotros, tomando en consideración los puntos que he comentado anteriormente (sobre todo el tema o especialiación de las mismas, el tiempo del que disponemos y la utilidad). También hay que considerar nuestra situación personal y aplicar el sentido común, ya que no merece la pena, por ejemplo, realizar unas prácticas no remuneradas si estas conllevan tener que desplazarse a otra ciudad o tener que realizar un gasto demasiado pronunciado en temas de transporte o de mantenimiento personal. En el caso de las prácticas no remuneradas, hay que procurar, siempre que sea posible, que el gasto económico que estas nos puedan suponer sea el mínimo posible.

En pocas palabras, y aunque suene muy simple, creo que la clave está en encontrar un punto de equilibrio entre lo que damos y lo que obtenemos a cambio. Si somos capaces de conseguir este equilibrio, entonces estoy seguro de que la experiencia merecería la pena.

*Para más información:

Eso es todo por ahora. Y vosotros, ¿qué pensáis? ¿Habéis tenido la oportunidad de realizar algunas prácticas formativas? ¿Eran remuneradas o no remuneradas? ¿Sirvieron para cumplir vuestras expectativas profesionales y formativas? ¿Fue una experiencia positiva? ¿Conocéis otras alternativas para adquirir experiencia profesional?

¡Hasta la próxima!

Después de la entrada introductoria sobre “el equipamiento informático del traductor”, hoy os dejo el segundo de los artículos de la “Guía básica de software para traductores”, que publiqué hace unos días en PDF y que todavía podéis descargar aquí. Hoy, la segunda entrega, con un compendio que incluye las herramientas y software más generales utilizados por los traductores en su día a día.

SOFTWARE PARA TRADUCTORES: HERRAMIENTAS Y SOFTWARE GENÉRICOS

Con herramientas de software genérico, nos referimos a aquellas herramientas que todo traductor necesita para realizar las labores más generales y básicas de la traducción. De entre todos ellos, recomendamos los siguientes:

  • Procesadores de textos: Hoy en día el procesador de textos es una de las herramientas más utilizadas por el traductor. Son muchos los que hay disponibles en el mercado y, sin duda, el más conocido de todos es el famoso Microsoft Word, de la suite ofimática de Microsoft Office (que también recomendamos), que por lo general todos traemos ya incorporado con nuestro sistema operativo Windows. Sin embargo, hay otras opciones igualmente recomendables, como el procesador de textos de la suite ofimática OpenOffice, que está publicado como software libre y de código abierto. Son también dignos de mención otros procesadores gratuitos como AbiWordLibreOffice o Atlantis Word Processor, que son muy competitivos y que seguramente son las mejores alternativas a los más conocidos.
  • Herramientas y utilidades PDF: Además de los documentos editables por nuestros procesadores de texto, los traductores también tenemos que trabajar muy a menudo con documentos en formato PDF. Para visualizar e imprimir archivos PDF recomendamos el clásico Adobe Reader, si bien algunas alternativas fiables podrían ser Nitro Reader o PDF X-Change Viewer. En el caso de que queramos manipular el documento, entonces sería recomendable hacernos con la versión de Adobe Acrobat (de pago), si bien Nitro Reader también nos permitirá hacer modificaciones. También es interesante contar con programas que nos permitan crear PDFs o convertirlos a otros formatos. Para estos fines son muy recomendables programas como PDF Creator para crear archivos PDF, o Free PDF to Word Converter, para convertirlos a formatos legibles en Microsoft Word. Con todos estos programas, sin duda, podremos formar un tándem perfecto para trabajar con archivos PDF.
  • Navegadores web: En los tiempos que corren los traductores nos pasamos horas navegando en internet buscando documentarnos para llevar a cabo nuestra labor, por tanto es indispensable contar con varios navegadores que nos garanticen una navegación fluida por la red y poder organizar adecuadamente nuestras páginas y favoritos. Entre los navegadores más importantes están Mozilla FirefoxGoogle Chrome e Internet Explorer. Actualmente, el más utilizado de ellos es Mozilla Firefox, que ha desbancado en los últimos tiempos a Internet Explorer. Sin embargo, Google Chrome está cogiendo mucha fuerza últimamente, ya que es un navegador muy sencillo a la par que rápido y ágil y, probablemente, si no lo ha hecho ya, desbancará a Mozilla Firefox como el navegador más potente. En cualquier caso, os recomendamos probarlos y elegir el que más se adapte a vuestras necesidades. Si no os convence ninguna de estas opciones, otras alternativas fiables son Opera y Safari. Todos ellos son gratuitos.
  • Clientes de correo: Para gestionar nuestro correo de una forma más productiva y eficiente puede ser una buena idea recurrir a programas específicos de gestión de correo. Los clientes de correo son programas muy útiles, sobre todo si tienes más de una cuenta de correo. Estos te ahorrarán dar muchas vueltas por la red gracias a que, entre otras muchas cosas, pueden sincronizar tus cuentas de forma que puedas tenerlas mejor organizadas y disponibles en un solo clic. Los programas que os recomendamos son dos: por un lado, Mozilla Thunderbird, de los creadores del famoso navegador Firefox, y por otro lado, Microsoft Outlook, que en los últimos tiempos ha evolucionado la versión de su clásico programa Outlook Express.
  • Antivirus: Los traductores, como el resto de trabajadores, necesitamos mantener nuestro ordenador a salvo. Para ello, es recomendable tener un antivirus fiable. De entre los gratuitos, los que más nos han convencido han sido AviraAVG, y Avast!, ya que son gratuitos, están actualizados y, desde hace poco tiempo, disponibles en español. Lo cierto es que para ser gratuitos son muy completos y cumplen a la perfección con lo que se les pide. Si no quedas convencido, siempre puedes recurrir a otros antivirus de pago como NortonMcAfeeESET NOD32 o Panda, que durante muchos años han liderado el mercado de los programas antivirus.
  • Antiespías: Es muy recomendable complementar a los antivirus con un buen antiespía (spyware). Un spyware es un software que recopila información de un ordenador y después transmite esta información a una entidad externa sin el conocimiento o el consentimiento del propietario del ordenador. No todos los antivirus están preparados para eliminarlos, pero por suerte existen otros programas que pueden solucionar eficazmente esta cuestión. De entre ellos, nosotros recomendamos tres: Spybot Search & DestroyMalwarebytes y SuperAntiSpyware, los tres gratuitos y de gran eficacia.
  • Mantenimiento: También es recomendable disponer de programas que limpien el sistema de archivos y optimicen el sistema para que el ordenador se mantenga correctamente. Con este fin se crearon programas como Advanced System Care (gratuito), Tune Up (de pago), Everest (gratuito), Argente Utilities (gratuito), o Glary Utilities(gratuito), que ayudarán a agilizar vuestro ordenador y a que sea más eficiente.
  • Gestores de descargas: Si bien no son imprescindibles, sí que son recomendables. Los gestores de descargas nos ayudarán a tener mejor organizados y ordenados los archivos que vayamos descargando y encontrando en la red. Además, son muy útiles cuando tenemos que descargar varios archivos al mismo tiempo y no queremos estar encargándonos nosotros de hacerlo todo manualmente. De entre todos los que hay, os recomendamos JDownloader, que sin duda es el gestor de descargas más recomendado del momento. Una buena alternativa podría ser Internet Download Manager.
  • Compresores: A la hora de enviar y transferir archivos, siempre es buena idea comprimirlos para reducir su tamaño y conseguir un envío más rápido y ligero. Por tanto, ya sea para comprimir o para descomprimir, podemos necesitar un compresor. Nosotros recomendamos Winrar, sobre todo porque es capaz de trabajar con más formatos que los demás. 7Zip (gratuito) y Winzip también te podrán ser de gran utilidad.

Estamos seguros de que puede haber más programas recomendables para traductores. Por ello os invitamos a colaborar y realizar vuestras aportaciones, ya sea en forma de entradas o de comentarios. En las próximas semanas esperamos seguir ampliando nuestras reseñas de programas y software. Y vosotros… ¿cuáles utilizáis y/o recomendáis?

A modo de bibliografía…

Hola a todos, sigo adelante con la publicación individual de los artículos que forman parte de la “Guía de software para traductores” (que todavía podéis descargar en PDF). Hoy, publico en el blog la primera entrega sobre el equipamiento informático del traductor:

EL EQUIPAMIENTO INFORMÁTICO DEL TRADUCTOR

En la actualidad, la herramienta de trabajo más utilizada por los traductores es el ordenador. Es por ello por lo que es indispensable invertir en un ordenador de garantías que nos permita trabajar con solvencia y sin problemas de fiabilidad y mantenimiento. E insisto en este último mensaje, porque en realidad es lo más importante y en lo que más debemos insistir. De nada nos servirá invertir nuestro dinero en un ordenador último modelo si luego nos da fallos y nos impide hacer nuestro trabajo diario.

Teniendo claro esta primera premisa, podemos pasar a las siguientes. Para elegir un ordenador primero tendremos que valorar cuáles son nuestras necesidades como traductores. Por lo general, un traductor general no necesitará un equipo demasiado potente, ya que sus tareas se limitaran a trabajar con herramientas básicas como procesadores de texto, internet, correo electrónico, herramientas de traducción asistida, etc. Por tanto, si atendemos a los requisitos de estas herramientas, nos daremos cuenta que no es necesario invertir en un ordenador último modelo y realizar una inversión desorbitada. Sin embargo, sí deberíamos tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. Por lo general, los traductores pasamos muchas horas sentados delante del ordenador, por lo que es muy importante cuidar detalles como hacernos con un buen teclado y un ratón ergonómicos para estar cómodos y reducir el cansancio y el desgaste causados por tantas horas de trabajo. Y, aunque no formen parte del hardware del ordenador, también sería interesante valorar la posibilidad de invertir en una buena silla ergonómica y en una mesa de trabajo amplia y cómoda.
  2. Los traductores e intérpretes por lo general trabajamos en lugares fijos, pero en muchas ocasiones podemos vernos obligados a desplazarnos por motivos de trabajo. Es por eso por lo que puede haber un importante dilema sobre si escoger un ordenador de sobremesa o un portátil. Podríamos pasar horas y horas debatiendo sobre esto último, pero a la hora de la verdad, se trata de una cuestión muy personal, por lo que cada uno debe de tomar la decisión en base a sus necesidades. En mi opinión, puede ser interesante contar con ambas herramientas si nuestro bolsillo nos lo permite, ya que nos darán más facilidades y una mayor flexibilidad a la hora de trabajar en diferentes lugares de trabajo.
  3. Para el ordenador de sobremesa, lo ideal sería invertir en una pantalla grande(de 21 pulgadas para arriba), ya que nos permitirá trabajar con un mayor espacio visual y con unos tamaños de letra más grandes sin ver nuestro espacio de trabajo reducido, algo que nuestros ojos agradecerán a la larga.
  4. Para el ordenador portátil, lo ideal sería hacernos con uno no demasiado grande (entre 13 y 16 pulgadas), que sea ligero, con una batería potente y que disponga de buena ventilación. De esta forma podremos desplazarnos sin que nuestra espalda sufra demasiado y estaremos invirtiendo en un portátil cuya vida útil será más larga. También es recomendable hacernos con un ratón USB(inalámbrico o con cable), ya que nos permitirá trabajar con mayor agilidad y sin estar encogidos utilizando el ratón táctil delante de la pantalla.
  5. En cuanto a las características técnicas del ordenador, de nuevo la elección dependerá de nuestras necesidades. Un traductor audiovisual, por ejemplo, tendrá que invertir en un ordenador más potente (probablemente con una buena tarjeta gráfica y de audio, entre otras cosas), que un traductor especializado en otros campos que no requieren el uso de herramientas y dispositivos de audio y/o vídeo. En mi opinión, lo mejor que podemos hacer antes de comprar nuestro ordenador es realizar una valoración y un análisis de qué tipo de programas vamos a necesitar y fijarnos en sus requisitos del sistema. A partir de ahí, podremos buscar un ordenador que cumpla con esos requisitos y se ajuste mejor a nuestras necesidades. Con esta estrategia, podremos tomar una decisión final con un mayor acierto.
  6. Es importante que seamos conscientes de que la inversión que estamos haciendo tiene que ser duradera en el tiempo. No nos servirá de nada comprarnos un ordenador que hoy nos sirva y que dentro de dos meses se quede completamente desfasado. Lo normal, por lo general, es invertir en un ordenador que nos dure al menos 5 o 6 años, si bien en el caso de los ordenadores de sobremesa es posible ir alargando su vida útil renovando componentes para actualizarlo. Por tanto, si podemos gastarnos 100€ o 200€ más en un ordenador, si eso nos garantiza que nos dure más tiempo, quizá sería interesante valorar la posibilidad de gastarlos a modo de inversión a largo plazo.
  7. En el caso de invertir en un portátil y en uno de sobremesa, sería interesante invertir más dinero en el de sobremesa, pues probablemente será el ordenador con el que más trabajaremos.
  8. Como equipamiento recomendable, pero no imprescindible, figuran la impresora y el escáner, ya que en muchas ocasiones podemos necesitar escanear documentos para trabajar con ellos en el ordenador o imprimirlos para diferentes fines.
  9. Por lo que respecta a la conexión de internet, es muy importante elegir a un proveedor fiable, que nos permita disponer de una conexión rápida de garantías, y cuyo servicio técnico y atención al cliente sean eficaces y solventes. Es cierto que no existe el proveedor perfecto, pero dentro de las opciones que tengamos para elegir, debemos intentar escoger la mejor. Para evitar problemas innecesarios, puede ser interesante hacernos con una conexión USB que pueda sacarnos de apuros en los casos en los que no funcione la conexión principal.
  10. Por último, y aunque no entre dentro de lo que sería el equipamiento informático, es importante disponer de un espacio de trabajo que sea apropiado y adecuado para realizar nuestro trabajo. Puede ser muy interesante elegir alguna habitación de nuestro hogar para dicho fin, con el objetivo de separar la vida profesional de la personal, aunque bien es cierto que muchas veces esto no es posible por problemas de espacio. En cualquier caso, sí deberíamos establecer nuestro espacio de trabajo en un lugar fijo en el que estemos cómodos y que nos permita trabajar con comodidad. Como recomendaciones, sería interesante que estuviera bien iluminado y decorado de forma que nos alegre la vista y nos haga trabajar en un ambiente positivo y agradable.

En cualquier caso, a la hora de la verdad lo más importante es que las decisiones que tomemos sean para velar por nuestra comodidad y para facilitar nuestro trabajo. Seguro que, antes o después, nuestro yo interno nos lo agradecerá.

A modo de bibliografía…

¡Hola a todos! Las últimas dos semanas han sido muy intensas en todos los sentidos. Me ha pasado de todo, y creedme que cuando digo de todo, es de todo. Casi puedo dar las gracias de seguir vivo…

Dramatismos aparte, una de las cosas en las que he estado trabajando ha sido en el proyecto de recursos para traductores en el que mi compañera Beatriz y yo llevamos trabajando desde el curso pasado. Por fin estamos haciendo avances importantes y es muy probable que la plataforma esté disponible para antes de finales de año.

Mientras tanto, he considerado oportuno dar carpetazo de una vez por todas a mi anterior proyecto que, si muchos recordáis, consistía en una web que contenía una compilación de software, herramientas y utilidades para traductores e intérpretes. Pues bien, después reflexionar mucho sobre qué forma podía ser la mejor para cerrar el capítulo, finalmente tomé la decisión de que lo ideal podía ser confeccionar una guía de software para traductores adaptando los contenidos que había en la antigua página de SofTrad, y que próximamente pasará a ser una de las piedras angulares del nuevo proyecto.

Aunque sobre esto ya hablo en las primeras páginas de la guía, quiero aclarar que el objetivo de la guía no es ni mucho menos lucrarme o sacar algún tipo de beneficio económico. El único objetivo es intentar darle una salida útil al proyecto que inicié y que todos vosotros podáis disfrutar de él gratuitamente. Por supuesto, me he tomado la molestia de citar todas aquellas fuentes que me han sido útiles (artículos, entradas de blogs, webs de productos, etc.).

Como me ha llevado mucho tiempo maquetarla y dejarla medianamente atractiva para la vista (aunque todavía tiene sus fallos), he decidido publicarla primero en su versión en PDF, que no incluye hipervínculos ni enlaces de ningún tipo. Pero que no cunda el pánico. Mi idea es ir publicando uno a uno los siete artículos que esta contiene, con todos sus enlaces e hipervínculos que probablemente os facilitarán la tarea de navegar por la red y descargar todos aquellos programas que puedan interesaros. Mientras tanto, os invito a descargar la versión en PDF y a echarle un vistazo, porque creo que puede merecer mucho la pena.

Por supuesto, estoy abierto a cualquier tipo de propuesta y crítica para mejorarla, aunque siempre desde el respeto y con buena voluntad. Puede que tenga mil fallos y mil errores, pero no olvidéis que es un trabajo que he hecho completamente solo y al que le he dedicado muchas horas de trabajo para simplemente compartirlo con vosotros.

Dicho todo esto, paso a dejaros una breve explicación sobre los contenidos de la guía y, por fin, el enlace de descarga.

La guía está compuesta por siete artículos que pretenden resumir de una manera estructurada el software y herramientas utilizados por los traductores. Los artículos han sido realizados como si fueran entradas de blog, ya que el objetivo final es que formen parte de este blog y de la web del proyecto en el que estoy inmerso. A lo largo de toda la guía se ha realizado una clara diferenciación entre herramientas generales y especializadas. Además, también se ha hecho hincapié en enfocar dichas herramientas a varios perfiles diferentes de traductores, como por ejemplo el traductor audiovisual, el localizador o el traductor general. El índice y los títulos de los artículos que forman la guía son los siguientes:

  1. El equipamiento informático del traductor
  2. Herramientas de software genérico
  3. Herramientas para el traductor audiovisual y el subtitulador profesional
  4. Herramientas TAO
  5. Software para la localización de imágenes, páginas web y software
  6. Utilidades online, en la nube y herramientas 2.0 de uso genérico
  7. Herramientas TAO “en la nube”: ventajas e inconvenientes

Enlace de descarga:

GUÍA BÁSICA DE SOFTWARE PARA TRADUCTORES (Descargar en PDF)

Espero de verdad que os sea de utilidad. Un saludo.

En 5 años de carrera (5, que no 4) he tenido tiempo de matricularme en unas 40 o 42 asignaturas, lo que vienen a ser 300 créditos, que es la carga total de créditos que tiene la Licenciatura (ahora, Grado) en Traducción e Interpretación en la Universidad de Granada. En el resto de España, la cosa anda por las mismas cifras.

En todo este tiempo, he podido elegir cuáles iban a ser mis lenguas de trabajo, si quería especializarme en traducción o en interpretación (o incluso en ambas), y elegir entre varias asignaturas complementarias para completar mi formación.

Genial, pues llega febrero/junio/septiembre del año equis y ya he terminado la carrera. Pues ahora a trabajar, ¿no? Vale… “Pues no sé ni por dónde empezar.”

Este discurso anterior que acabo de soltar, bien podría salir de la boca de cualquiera que haya terminado o esté a punto de terminar la carrera de traducción. Uno de los grandes problemas que se nos suelen presentar cuando terminamos nuestra carrera es la manera en que vamos a afrontar los meses sucesivos. Las dudas siempre suelen girar en torno a la misma pregunta. ¿Estoy lo suficientemente preparado?

Lo normal es que esta pregunta acaba desembocando en otras, y así sucesivamente. En este tipo de casos, no hay una respuesta estándar que pueda servirnos a todos para tomar las decisiones adecuadas. En momentos así empieza a tomar mucha importancia el poco “carácter profesional” (vamos a llamarlo así) que hayáis podido adquirir durante la carrera.

¿Poco? Poco no. Poquísimo. En el tiempo que llevo ya desenvolviéndome como traductor, todavía no puedo decir que me haya acordado de aquel consejo o aquella enseñanza que me transmitió tal profesor para afrontar una situación como esta.

Creo que, en cierto modo, este dilema surge de la poca aplicación práctica que tienen ciertas carreras universitarias. La carrera de traducción, al menos en mi experiencia, es puramente teórica y, aunque que te preparan bien para que sepas llevar a cabo las tareas básicas de la traducción y la interpretación, no te preparan para ser autosuficiente, algo que en el mundo profesional es muy importante.

Es una sensación muy extraña (y seguro que muchos de vosotros la conocéis) cuando afrontas los primeros encargos profesionales para un cliente y, al terminar tu traducción, no cuentas con nadie que la revise. Anteriormente, no existía la preocupación de si la traducción estaría bien o no más allá de un fin puramente académico: aprobar. Ahora la pregunta es totalmente diferente. O más bien, las preguntas:

  • ¿Es la traducción que he hecho lo suficientemente buena y profesional?
  • ¿Quedará el cliente satisfecho con mi trabajo?
  • ¿Se ajusta el precio final a la calidad de la traducción que he realizado, y a las horas que le he dedicado?
  • ¿He sido lo suficientemente productivo como para que en el futuro encargos como éste me salgan rentables?

Mientras que antes entregábamos nuestra traducción sin importarnos si la nota era un 5, un 7 o un 10, ahora nuestro objetivo primordial es dejar satisfecho al cliente, y ahí entran en juego muchos factores, no solo la calidad de la traducción. Nos adentramos en un terreno puramente profesional, en donde las relaciones laborales, el trato profesional con el cliente, la productividad, las tarifas y presupuestos o la imagen profesional juegan un papel fundamental en nuestro devenir como traductores.

La verdad es que habría agradecido muchísimo que en nuestra carrera hubieran incluido alguna asignatura relacionada con todos estos temas, pues no todos los traductores al terminar somos contratados en plantilla por SDL u otras empresas, y lo cierto es que son cosas que alguien cualificado y experimentado podría transmitir muy fácilmente.

Empezar solo en el mundo de la traducción es muy difícil, porque no sabes por dónde empezar. Si a todas las preguntas anteriores le añades la dificultad añadida de tener que buscar tus propios clientes, entonces ya sí que es verdad que la tarea se convierte en una misión casi imposible. ¿O no?

Bien, vayamos por partes.

Primera pregunta. ¿Por dónde empiezo?

Pues, como diría uno de los mejores profesores que he tenido, por el principio. En mi caso personal, decidí empezar buscando encargos por mi cuenta, aprovechando algunos contactos que había hecho durante la carrera y gracias a algunos trabajitos que ya había podido hacer para una ONG. En ese sentido, puede ser muy interesante buscar unas prácticas de traducción en alguna empresa u organización, aunque sea sin remuneración. Seguro que a algunos os parecerá una locura, pero esto a mí me ha permitido incorporar a mi cartera a los primeros clientes, lo cuál no es una tontería porque quiere decir que, aunque las prácticas eran no remuneradas, estas al final acaban siendo una inversión a largo plazo. Evidentemente no todos tenemos la oportunidad de realizar unas prácticas —aunque deberíamos—, pero no por ello hay que dejar de intentarlo. Puede ser una buena salida.

Paralelamente a esto, podría ser una buena idea intentar promocionarnos un poco. Para ello, unas tarjetas de visita o una web profesional podrían ser muy útiles. Aunque antes de eso es importante ir solucionando temas como el sector de la traducción al que te vas a dedicar, las tarifas que vas a aplicar o el tipo de empresas y clientes que vas a buscar. Por poner un ejemplo, si quieres enfocar tu trabajo hacia el sector del turismo, entonces deberás buscar clientes dentro de ese sector, de manera que probablemente te tocará hacer rondas por establecimientos como hoteles, cafeterías, restaurantes, bares, oficinas de turismo, etc., para dejar tus tarjetas de visita y, a ser posible, dialogar con posibles clientes que podrían estar interesados en tu trabajo. Ni que decir tiene que la imagen que demos, el discurso que llevemos preparado, etc., serán muy importantes para conseguir nuestro objetivo. Al principio, lo normal es recibir pocas propuestas, pero con el tiempo y con algo de paciencia acaban llegando las primeras llamadas y los primeros correos de los primeros interesados (también llamados clientes potenciales).

Paralelamente a esto, mientras lidiamos con los primeros encargos, es muy importante desarrollar una seguridad en nosotros mismos y en nuestro trabajo. Este aspecto es difícil a la par que importante, pues confiar en uno mismo cuando todavía hay dudas acerca de la preparación y la formación recibida es quizá lo más complicado de todo el proceso de «profesionalización» del recién graduado.

Es por todo esto por lo que creo que en la facultad debería existir una o varias asignaturas que se centren en abordar todo este tipo de aspectos (relaciones laborales, temas administrativos y fiscales, gestión de encargos, llevar carteras de clientes, etc.).

Como veis, este período del traductor da para mucho. En próximas entradas seguiré tratando este tema, pero más en relación a otras cuestiones difíciles a la par que importantes para abrirse paso en el mercado a nivel individual (tarifas, presupuestos, gestión de clientes, etc.).

Y vosotros… ¿Cómo lo lleváis? ¿Os costó mucho consolidaros como traductores? ¿Hicisteis algún tipo de prácticas? ¿Conseguisteis trabajar en plantilla en alguna empresa de traducción? O si no… ¿Cuáles fueron vuestros pasos?

Hola a todos de nuevo, como veis, han pasado ya unas semanas desde la última entrada. Lo cierto es que han sido unos días muy intensos, con mucho trabajo acumulado por diferentes frentes, con vacaciones, vuelta a la actividad, y hasta exámenes de por medio.

Todavía me pregunto como durante todos estos días me las he ingeniado para ser productivo. De eso es de lo que quiero hablar o, más bien, reflexionar e invitaros a participar.

Mucho se ha escrito ya sobre la calidad de la traducción. Recuerdo los tochos infumables de Traductología de autores como Chesterman, Nord, Reijins, Sager, Larose, etc. Lo cierto es que a la hora de la verdad, no creáis que me han sido de tanta utilidad. Tanta abstracción de la realidad a veces hace que perdamos un poco el rumbo de que nuestra profesión, a fin de cuentas, es una actividad práctica. Sin embargo, sus teorías son sobre todo interesantes para evaluar a posteriori la calidad de las traducciones que realizamos.

Estos días he tenido tiempo de reflexionar sobre esto. Cuando me veía desbordado de trabajo, muchas veces me daban ganas de aumentar el ritmo, pero al ver que la calidad descendía y que muchas de las decisiones que estaba tomando no estaban del todo bien fundamentadas, no me quedaba más remedio que dar marcha atrás. Supongo que tiene que tener algo que ver con la ética profesional del traductor. A fin de cuentas, siempre quieres garantizar el mejor trabajo posible, pero eso no siempre es posible realizarlo con un nivel de productividad alto, sobre todo cuando eres novato.

Sin embargo acabé llegando a esa famosa frase conocida por muchos: “si no cobras lo que vales, acabarás valiendo lo que cobras”. Creo fehacientemente que, es importante ofrecer un trabajo de calidad desde el principio, aunque tu tiempo se vea sacrificado y sientas que tu productividad es todavía muy limitada. Pero con el tiempo irás cogiendo el ritmo y te acostumbrarás a trabajar a ese nivel, aumentando progresivamente tu productividad.

Para ilustrar esta teoría, se me ocurrió tirar de un poco de imaginación y elaborar un clásico gráfico de ordenadas y abscisas sobre la productividad que estaba teniendo durante estos últimos días. Para entenderlo bien, tenéis que contrastar los dos ejes, el de abscisas y el de ordenadas. En el eje de ordenadas aparecen los minutos empleados, y en el eje de abscisas la puntuación de calidad, que se le ha otorgado un valor de 1 a 10. Como referencia he tomado textos que he traducido, todos de una temática similar y de unas 500 palabras. Este ha sido el resultado:

progresionproductividad

Por supuesto, este gráfico es otra forma más de abstraer una realidad que a la hora de la verdad depende de muchos factores. Evidentemente, un traductor especializado en un determinado campo tardará menos tiempo en traducir un texto de su campo que un traductor que esté especializado en otro. Y del mismo modo, un traductor con varios años de experiencia, por lo general, tardará menos tiempo en traducir un texto que un traductor novel.

Y vosotros, ¿cómo lleváis vuestra productividad? ¿Os costaba más al principio? ¿Cuánto tiempo tardasteis en alcanzar un ritmo de trabajo óptimo y efectivo?

Después de haberme consolidado un poco con el blog, he decidido que ha llegado el momento de contaros por qué le puse este nombre.

Lo de jugar a traducir tiene mucho que ver con ese efecto negativo que nos suelen producir las cosas que nos imponen o que nos obligan a realizar cuando no queremos hacerlas o no las esperamos. Y es que, desde que somos niños, estamos deseando terminar los deberes o la tarea correspondiente para poder ponernos a jugar y evadirnos de todo lo demás. Cuando crecemos, poco cambia. La mayoría de nosotros estamos esperando ansiosos que llegue de una vez por todas el fin de semana para desahogarnos de la larga y dura semana de trabajo que hemos tenido que afrontar. Normal.

Pero os voy a contar un secreto. Desde que empecé a estudiar esta carrera he tenido que atravesar momentos malos (como todos, claro). La motivación muy pocas veces ha estado donde tenía que estar, lo cual siempre ha acabado reflejándose en mis resultados académicos. Sobre todo en los primeros años de la carrera, esos en los que, con unos inocentes y primerizos 18/19 años, hasta una pluma pesa como una gran carga de plomo sobre tus hombros. Seguro que muchos sabéis a lo que me refiero.

Empiezas a plantearte mil cosas. ¿Me habré equivocado eligiendo esta carrera? ¿Acaso tenía una idea en mente diferente de lo que iba a ser esto? ¿O es que soy más débil de lo que en un principio creía? Sí, creo que va a ser eso.

Pues no, no lo es. No lo era, no lo ha sido. La clave está en una sola palabra: MOTIVACIÓN. La motivación lo es todo. Cuando la tienes eres capaz de comerte el mundo. Puedes hacer cualquier cosa que te propongas, incluso aquella que todavía no sepas cómo hacer. Da igual, piensas en aprender rápido y la abordas como un nuevo reto que te hará aprender y ser todavía mejor.

Lo difícil es llegar a alcanzar ese punto. Y todavía más difícil es, una vez lo alcanzas, mantenerlo. Esto lo aprendí un día en el que mantuve un diálogo interno conmigo mismo mientras jugaba a algún juego de la PS3 o la Wii (supongo que al Super Mario, al PES, o al Nba 2k, por probabilidad :-D). ¿Por qué narices tengo que perder el tiempo en algo que no me está aportando nada? ¿Cómo puede ser que a mi edad todavía esté deseando pillar un rato para jugar a esto? Espera un momento. ¿Has dicho jugar?

Clic. Bombilla encendida. Lo único que tenía que hacer era intentar plantearme mi carrera como un juego. Dicho así puede sonar un poco extraño, pero la verdad es que empezó a funcionar. Si a eso le añadimos que comencé a descubrir poco a poco las áreas dentro de la traducción que más me interesaban, entonces la teoría empezó a tomar un cierto sentido.

Pues con esto ya tenemos el primer ingrediente de la receta para crear la motivación: DESPERTAR EL INTERÉS. Sí, porque no nos damos cuenta, y a veces cuando nos vemos perdidos no somos capaces de mantener nuestro interés por las cosas que de verdad nos gustan, y empezamos a perder la fe y la confianza en nosotros mismos. Y si tocamos fondo, entonces es cuando nos hacemos la pregunta de si no somos lo suficientemente fuertes, y viene la depresión. Por favor, no dejéis que eso ocurra, si estáis en traducción es porque lo valéis de verdad. Y si de verdad no os gusta la carrera, cuando miréis a vuestro alrededor sabréis encontrar rápidamente qué es aquello que os gusta más. Si no lo hacéis entonces es muy posible que estéis atravesando esta fase que os comento.

Sigamos. Una vez despertado el interés, llegamos a la siguiente fase: EL RETO y EL OBJETIVO. Cuando has dado con algo que te ha llamado mucho la atención, seguro que fácilmente podrás plantearte un reto que puedas cumplimentar a corto/medio plazo. En mi caso personal, fue la subtitulación lo que despertó en mí ese interés oculto. Y aunque no tenía ni idea de cómo subtitular, me puse el reto de aprender a hacerlo y el objetivo de subtitular algún vídeo. Y el resultado fue que traduje un capítulo entero de The Big Bang Theory, serie archiconocida por muchos, y no se por qué me da que entre los traductores todavía más (supongo que será por el ramalazo friki que nos gastamos).

Cuando ves ese trabajo hecho, ves el resultado de tu esfuerzo y no puedes evitar sentirte orgulloso. Porque cuando cumples un objetivo, inmediatamente sientes la SATISFACCIÓN personal por haberlo conseguido y, al mismo tiempo, no podrás evitar mantener una gran CURIOSIDAD sobre cómo MEJORAR. Increíble, sin darnos cuenta ya hemos desarrollado un ESPÍRITU DE SUPERACIÓN y otro de los ingredientes básicos: EL AFÁN DE MEJORA.

Con algo de suerte, llegará un momento en el que sin darte cuenta, estarás extrapolando todo ese espíritu al resto de cosas, pues estarán directamente vinculadas a tu objetivo final. En este caso el mío era terminar la carrera. Me fui marcando los pequeños objetivos, fui aplicando está técnica que os estoy comentando y poco a poco fui cosechando resultados muy buenos. Puedo deciros de verdad que el mejor alimento de la motivación es , en la adversidad, el orgullo, la casta y un interés despierto, y en la prosperidad, esa satisfacción personal y ese afán de mejora a los que antes me he referido.

No obstante, el nombre para el blog llegó más adelante. Como casi todos, primero me aficioné a leer, y muy pronto pude dar con el fantástico blog de la traductora Isabel G. Cutillas, titulado El Traductor en la Sombra, en cuyo titular destacaba que la traducción no es un pasatiempo, sino una actividad profesional. Rápidamente entendí el sentido que ella quería darle, pues la traducción es nuestra profesión, y si queremos que sea respetada como tal no podemos permitir que desde fuera la vean como si fuera un juego.

Pero lo cierto es que para mí el juego lo ha sido todo. Jugar a traducir, jugar a subtitular, jugar a traducir videojuegos, jugar a doblar un corto, jugar a traducir una web, crear este blog y, en resumen, jugar a convertirte en mi juego. Y lo mejor ha sido que, al final, sin darme cuenta, el vencedor de todo ese juego he sido yo.

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Y vosotros… ¿Jugáis a traducir?

Estas últimas dos semanas han sido más intensas de lo que en un principio esperaba. Ha habido de todo: entrevistas, pruebas de traducción, notas académicas, viajes y algunos días de descanso para asimilar todo lo sucedido. Es por eso por lo que no he podido escribir en el blog todo lo que me hubiera gustado, pero puedo deciros que el final de estos días ha sido feliz.

Sobre pruebas de traducción ya se ha hablado en muchos blogs (os recomiendo encarecidamente esta entrada del blog de Oliver Carreira y los enlaces que contiene)  y sobre entrevistas de trabajo ya ni os cuento. En esta entrada voy a contaros mi experiencia y lo que he considerado más determinante y destacable de todo el proceso.

El primer contacto.

Para empezar, la semana pasada se pusieron en contacto conmigo por un lado una ONG que buscaba un traductor, y por otro una academia de idiomas que buscaba un profesor de inglés. La ONG contactó conmigo por correo electrónico y la academia de idiomas por teléfono. La llamada de la escuela de idiomas fue para concertar una entrevista de trabajo conmigo para unos días después. Recuerdo que recibí esa llamada con ilusión y sorpresa y, como consecuencia, me puse nervioso. Al recibir una llamada así, es muy importante mantener la calma pues empezarán a daros información importante sobre la empresa, organización o institución, sobre el puesto de trabajo o el motivo de la llamada y, por supuesto, sobre la entrevista o el proceso de selección en sí. Así que coged lápiz y papel y aseguraros de que no se os escapa ningún detalle. No permitáis que los nervios os jueguen una mala pasada y que no seáis capaces de apuntar información tan importante como la fecha de la entrevista, la dirección de la sede, el nombre de la empresa, la persona a la que tendréis que dirigiros cuando lleguéis allí y/o otros detalles igualmente significativos.

El correo de la ONG era para anunciarme que había superado la criba de currículums y que querían proceder a la siguiente fase: la prueba de traducción. En este caso si tuve más tiempo para pensar mi respuesta y reflexionar sobre la propuesta que me hacían.

La entrevista

Vamos primero con la entrevista. En los días previos a la entrevista estuve leyendo mucho sobre cómo afrontar una entrevista de trabajo. Repasé y adapté mi currículum, preparé respuestas a algunas preguntas típicas que suelen hacer e intenté documentarme todo lo posible sobre la academia (tenían página web por lo que la tarea no fue muy complicada).

Apenas un par de días después de recibir aquella llamada tuve que acudir a la sede de la academia para realizar la entrevista. Cuando llegué allí confirmé mi teoría acerca de la cita: había mucha gente para muy pocas plazas (3 plazas para unos 50 candidatos). En consecuencia, estaban realizando entrevistas en grupo. No sé si habréis tenido la oportunidad de participar en alguna, pero básicamente consiste en una pequeña reunión de un grupo reducido de personas (en mi caso fuimos 6 personas) donde uno a uno nos irán realizando preguntas similares para ir tomando nota de nuestras respuestas. En este caso las preguntas iban muy orientadas a crear un perfil en pocas palabras de los candidatos, de forma que pudieran tener más referencias a la hora de decidir qué candidato era el más indicado. Preguntas como:

  • Dime en tres palabras cómo te definirías
  • ¿Cuánto tiempo llevas estudiando inglés y cuál ha sido tu trayectoria?
  • ¿Además del inglés, qué otros idiomas utilizas?
  • ¿Has estudiado en el extranjero?
  • ¿Qué te llevó a estudiar tu actual carrera?
  • Resume brevemente tu experiencia laboral hasta la fecha
  • Explica porqué crees que serías un candidato ideal para este puesto
  • ¿Qué esperas de este trabajo? ¿Por qué consideras que podría ser adecuado para ti?

Al tener que responder varias personas in situ a las mismas preguntas, es muy importante ser original. Es decir, olvídate de decir cosas típicas como “soy una persona responsable” o “soy trabajador”. Si lo haces apenas podrás diferenciarte de otros candidatos que probablemente responderán lo mismo que tú o algo parecido. Debes tomarte cada pregunta como una oportunidad para destacarte y diferenciarte de los demás. Respuestas que empiecen de una de las siguientes maneras podrán seros de mucha utilidad: “soy una persona emprendedora porque…”, “soy una persona creativa porque…”, “soy una persona que aprende rápido porque…”, “estoy sobre todo interesado/especializado en”, etc. Si les añadís las respectivas explicaciones personales podrían daros algo de ventaja.

Por supuesto, y esto es algo que todos damos por hecho, será importante cuidar detalles como la vestimenta, nuestra actitud frente al entrevistador (y en este caso frente a los entrevistados), nuestros gestos y comunicación no verbal (es recomendable trabajarlos antes frente a un espejo) o nuestra forma de hablar (es aconsejable mantener un registro formal a la vez que cercano).

Además, no estaría de más practicar la entrevista en inglés (o en vuestra primera lengua extranjera correspondiente) ya que existen posibilidades de que la entrevista o algunas preguntas de la misma sean en ese idioma para poneros a prueba (de hecho así fue en la entrevista que yo realicé). También podéis hacer preguntas al final de la entrevista sobre el puesto de trabajo en sí en caso de que no os den mucha información sobre el mismo.

Y, por último, lo más importante de todo: sed vosotros mismos. No caigáis en el error de mentir o de dar respuestas falsas, ya que antes o después la verdad siempre acaba saliendo a la luz.

Prueba de traducción

En el correo que recibí de la ONG, como ya os he contado, me invitaron a realizar una prueba de traducción. Yo les respondí que aceptaba su propuesta y me enviaron el documento que tenía que traducir especificándome las condiciones del encargo y para cuando tenía que enviarlo. En este caso, curiosamente, se trataba de una traducción al inglés, por lo que el reto era de una dimensión todavía mayor. Es muy importante que en toda esta cadena de correos iniciales demostréis desde el principio profesionalidad y una buena predisposición. Por ejemplo, a mí en un principio me pidieron que tradujera el texto al inglés y al francés, cuando en mi currículum ponía claramente que mis idiomas de trabajo eran el inglés y el italiano. En vez de tirarme a la piscina y decirles que aceptaba traducirlos al francés, fui profesional y les recordé amablemente cuáles eran mis lenguas de trabajo. Pensaba que quizá por ese detalle podía perder la oportunidad, pero al final fue todo lo contrario, quedaron encantados con la profesionalidad que mostré y me invitaron a realizar la prueba solo hacia el inglés.

A la hora de afrontar la prueba, tuve en cuenta todas las consideraciones y consejos que pude leer en los posts de los blogs de Oliver Carreira y Pablo Muñoz. Sin ellos quizá hubiera afrontado la tarea de manera diferente y el resultado no hubiera sido el mismo. Por eso quiero aprovechar la ocasión para mostrarles desde aquí mi más sincero agradecimiento.

Tenía 3 días para realizar la traducción. El texto era de unas 400 palabras, aunque con algunas expresiones y listas enumeradas que se iban repitiendo. En ese momento tomé la decisión de utilizar Trados para llevarlo a cabo, y creo que fue una buena decisión. Me permitió ahorrar tiempo y mantener la coherencia con la terminología y las diferentes expresiones que fui utilizando, además de no modificar ni lo más mínimo el formato que me habían enviado. Más tarde supe que este pequeño detalle fue un punto importante, ya que el texto traducido iba a ser publicado en un libreto/folleto de la ONG.

Me tomé dos días para traducir el texto. Quería que todo fuera perfecto para apurar al máximo todas mis opciones, por lo que no tuve inconveniente en dedicarle más tiempo del que normalmente hubiera dedicado a un texto de las mismas características. Cuando lo terminé, lo dejé reposar durante el día restante, y mientras tanto tuve la oportunidad de ponerme en contacto con un inglés nativo que muy amablemente leyó la traducción y me sugirió mejorar o cambiar algunos detalles que dotaron al texto de una mayor fluidez y fiabilidad. Una vez revisado, me dispuse a enviarlo en las condiciones acordadas.

La otra entrevista

A los pocos días de enviar la prueba, me contactaron de nuevo para informarme de que había pasado la prueba y que querían concertar conmigo una entrevista. Me dieron la oportunidad de elegir entre realizar la entrevista presencialmente en la sede de la ONG (Madrid) o a través de videoconferencia (Skype). Tomé la decisión de ir presencialmente a Madrid, porque consideré que si había más candidatos seleccionados, podía ser de nuevo una oportunidad para destacar y mostrar un mayor interés. Esta última decisión creo que también fue importante.

Concertamos la entrevista para una semana después, de forma que pude organizar el viaje y aprenderme bien la lección. En estos casos es importante que, si tenéis que desplazaros, lo hagáis con calma y tranquilidad en la medida de lo posible. Bastantes nervios puede despertar en nosotros la entrevista en sí por lo que cualquier detalle que solucionemos desde el principio lo agradeceremos a posteriori. De nuevo me documenté sobre la organización, imaginé las diferentes situaciones que podía encontrarme allí, me puse a prueba en casa y decidí con antelación la indumentaria que iba a llevar.

Cuando llegué a Madrid y encontré el edificio, pasé a recepción donde amablemente me invitaron a esperar a la persona que iba a entrevistarme. A los pocos minutos, esta apareció. Para mi sorpresa, se mostró mucho más cercana y afable que la otra persona que me entrevistó para la Escuela de Idiomas una semana antes. La entrevista fue básicamente para mostrarme la sede de la Organización, y para informarme sobre los proyectos y trabajos que están llevando a cabo y cómo se relacionan con las diferentes labores de traducción que ellos necesitan. Inmediatamente después ya me confirmaron lo que parecía evidente: querían contar conmigo. La conversación posterior fue apasionante, pues inmediatamente se convirtió en un diálogo de qué cosas podía aportar y cómo podía aportarlas, lo cual me hizo ganar más puntos. Después hablamos de las condiciones del trabajo en sí y de los pasos a dar en la formalización del mismo. Todo quedó bien atado y acordamos seguir en contacto hasta que diera comienzo oficialmente mi labor con ellos.

De toda esta experiencia en estos dos procesos de selección tan diferentes he podido concluir que:

  • Es importante ser optimista a la par de realista. El optimismo te hará afrontar el proceso con ganas y motivación para dar lo mejor de ti mismo, y el realismo te hará mantener los pies en la tierra, pues muchas veces tendemos a pensar desde el principio que lo vamos a conseguir, cuando no siempre es así.
  • Debemos ser pacientes y tomarnos el tiempo que necesitemos para llevar a cabo cada misión dentro del proceso (a la hora de, por ejemplo, preparar el currículum, un posible viaje, la entrevista de trabajo, afrontar la prueba de traducción o cuidar otros pequeños detalles pero también importantes como las respuestas a los mensajes de correo).
  • Y lo más importante para mí: aunque el mundo profesional es fiero, debemos mantenernos tranquilos y con la mente fría para intentar solucionar las diferentes situaciones que se nos van presentando con naturalidad y solvencia. Ante todo, debemos conseguir ser nosotros mismos.

Y eso es todo. Espero que mi experiencia os sirva para arrojar algo de luz a futuras entrevistas o para cuando tengáis que afrontar vuestra primera prueba de traducción. Yo, de momento, he conseguido pasarla. ¡Ahora a currar!