Origen: El arte de cautivar en traducción

En estas últimas semanas he estado leyendo el libro El arte de cautivar, de Guy Kawasaki, un experto en marketing y nuevas tecnologías que trabajó para Apple en los años 80 y 90. Según Guy Kawasaki, «cautivar» sería el proceso de seducir a la gente con un producto, un servicio o una idea. En este libro, Guy da multitud de consejos muy generales que se pueden extrapolar fácilmente a cualquier negocio o a cualquier causa. De todos esos consejos, he elegido 7 que considero que pueden ayudarnos a mejorar como traductores profesionales.

Nosotros, como traductores, ofertamos principalmente servicios a nuestros clientes. Por tanto, el foco de atención no recae en un producto que hayamos creado, sino en el trabajo y las soluciones que podemos ofrecer a empresas y profesionales. En consecuencia, somos nosotros como profesionales los que debemos convencer a nuestros clientes.Debemos gustarles, ganarnos su confianza y crear un hechizo duradero que nos permita seguir colaborando con ellos durante mucho tiempo.

En definitiva, debemos cautivarles. Vamos con los 7 consejos para cautivar en traducción:

1. Intenta caer bien a tus compañeros y clientes potenciales desde el primer momento

¿Alguna vez te ha cautivado alguna persona que no te gustara? Seguro que no. Las personas negativas o tóxicas difícilmente cautivan a los demás. Más bien nos deprimen, nos irritan o nos ponen de mal humor. Probablemente no querrás comportarte así cuando acudas a una entrevista de trabajo o a un evento, porque generarías un efecto negativo y correrías el riesgo de ser rechazado demasiado pronto.Rechazo

Para gustar a los demás, el primer paso sería dar una buena primera impresión. No vamos a entrar en los típicos temas de cuidar la vestimenta y otras cuestiones estéticas típicas. Son importantes, desde luego, pero es algo que casi todos solemos cuidar y, en realidad, la clave está en intentar no destacar demasiado (si nos arreglamos mucho, podemos parecer pretenciosos; si no nos arreglamos nada, podemos parecer demasiado descuidados). Más allá del tema estético, la clave para causar una buena primera impresión está en intentar mostrarnos simpáticos, cercanos y, sobre todo, sonreír desde el primer momento. Sonreír no cuesta nada y una buena sonrisa transmite una sensación positiva y agradable a los demás.

Conversación

Intenta comunicarte de una manera sencilla. Somos traductores, pero no por ello tenemos que ir haciendo gala de una verborrea insoportable o de lo mucho que sabemos sobre nuestras especialidades. A nadie le gustan los prepotentes, así que guárdate tu nivel de sabiduría para cuando tengas que usarlo en tu trabajo o si te preguntan alguna duda concreta. Utiliza un lenguaje sencillo (a fin de cuentas, es el más efectivo) y procura no ser concluyente en tus intervenciones. En lugar de eso, haz preguntas inteligentes (sin pasarte) para demostrar interés por la otra persona y evita centrarte solo en hablar de ti. Es la mejor forma de crear un ambiente distendido y de alargar las conversaciones con las personas con las que estés interactuando.

2. Crea tu propio pastel o amplía el que ya conoces

No veas a tus compañeros y colegas de trabajo como tus principales competidores. Si lo haces, se notará en tu manera de relacionarte con ellos. En lugar de eso, piensa en lo que puedes aportarles y en lo que ellos pueden aportarte a ti. En el tiempo que llevo trabajando como traductor, he tenido la oportunidad de colaborar en varios proyectos con compañeros a los que fácilmente podría haber juzgado como mis competidores. Si lo hubiera hecho, difícilmente hubiera podido crear Traduversia con Pablo Muñozo tal vez no habría tenido la oportunidad de participar en el proyecto Negocia Vende Traduce con Marta Stelmaszak, Pablo Muñoz y Lourdes Yagüe, o quizá no hubiera conseguido tantos clientes relacionados con la traducción y el mundo audiovisual.

NVT

Si generalizamos, fácilmente veríamos que existen dos tipos de profesionales: los que comen y los que dan de comer. 

  • Los que comen quieren conseguir un trozo más grande del pastel que otros han creado. En consecuencia, piensan que si ellos ganan, tú pierdes, y que si tú ganas, ellos pierden. Esta es una forma de pensar muy negativa que crea mercados y grupos de profesionales sectarios que solo se miran su propio ombligo y que intentan por todos los medios superar o derrotar a sus «rivales».Pastel
  • Sin embargo, los que dan de comer buscan la manera de hacer más grande ese pastel para beneficiarse ellos y, al mismo tiempo, para que también puedan beneficiarse los demás. Estos piensan que con un pastel más grande todo el mundo saldría ganando (no solo ellos). Ese es el principal valor de la colaboración: buscar el beneficio mutuo en lugar del beneficio propio.

3. Cuida con mimo a los clientes que ya tienes

cuidar-clienteNo hay que dejar de cautivar a los clientes que ya tenemos aunque ya hayamos afianzado nuestra relación con ellos. El objetivo de cautivar no es una mera transacción o una venta de una sola vez. Hay que mantener viva la llama y hacerles sentir que son importantes para ti y que te encanta seguir colaborando con ellos.

Por ejemplo, uno de mis clientes me comentó en una reunión que había perdido los archivos originales de su logotipo y que solo disponía de una imagen de su logo con una resolución muy baja y una mala calidad. Pues bien, habíamos colaborado ya en tantos proyectos y el logotipo era tan sumamente sencillo que, en un rato que tuve libre un fin de semana, le creé una versión nueva del logo en alta resolución y se la envié para que lo tuviera. Mi cliente se alegró muchísimo y tardó muy pocos días en asignarme un nuevo proyecto, así que esa inversión desinteresada de tiempo y esfuerzo al final la acabé amortizando a los pocos días.

En definitiva, si eres capaz de hacer feliz a los clientes que ya tienes y te involucras en sus causas desinteresadamente, seguro que seguirán contando contigo para nuevos proyectos.

4. Deja de quejarte y toma decisiones inteligentes

Balwing Businessman

A todos nos cansan las personas que están quejándose todo el tiempo de algo, ¿verdad? Quejarse es una actitud muy española y una constante que tenemos muy asimilada a nivel cultural. Pero no debemos olvidarnos nunca de que, por mucho que nos guste quejarnos, la queja en sí NO nos servirá para avanzar o solucionar un problema.

Desde luego, todos pasamos por momentos malos en los que necesitamos desahogarnos, pero debemos superar esa fase y centrarnos en buscar soluciones que nos permitan resolver las situaciones que tenemos. Lo que ocurre es que no es nada fácil tomar decisiones. Todos tenemos compañeros o familiares que se quejan constantemente de su jefe, de su trabajo o del vecino de en frente. Sin embargo, estos no son capaces de tomar una actitud resolutiva y dar un paso al frente para solucionar su problema (hablar con su jefe, cambiar de trabajo, hablar con el vecino, etc.).

El miedo (a perder el trabajo o a crear un conflicto) es muchas veces el principal responsable de que no salgamos de esa actitud de queja, pero debemos ir más allá. No pasa nada por quejarse una, dos o tres veces. Pero si no quieres convertirte en ese quejica al que nadie soporta, intenta buscar una solución para cada queja que tengas. Quizá tengas que tomar riesgos y quizá te salga mal la jugada, pero al menos habrás hecho algo para arreglarlo. Si actúas con inteligencia, probablemente conseguirás dejar atrás las quejas y empezarás a cosechar resultados.

Por otro lado, tampoco debemos caer en el error de confundir la queja con ser exigentes o perfeccionistas. La diferencia está en la actitud y en la forma de plantear los contras o los puntos negativos a la hora de criticar algo. Hay muchas personas que no se dan cuenta de que se centran más en lo malo que en lo bueno y, en consecuencia, toman una actitud de queja que les perjudica y que les convierte en personas negativas y destructivas. Sé autocrítico e intenta darte cuenta de cuándo estás siendo más negativo de la cuenta. Una buena práctica puede ser intentar sacar un pro por cada contra que vemos, para de algún modo contrarrestar el exceso de negatividad. Una vez tengamos los pros y contras, deberemos marcarnos el objetivo de mejorar los contras, pero siempre con una actitud positiva y constructiva.

5. Amplía tus conocimientos y competencias

Aprender

Los conocimientos te sirven para demostrar que tienes dominio de un tema concreto gracias a tu formación o a tu experiencia. Ser competente, sin embargo, es algo diferente, dado que «saber» no es lo mismo «hacer».

Hacer algo que has aprendido recientemente no implica que tengas un dominio elevado sobre ese tema. Seguramente puedas hacer ese trabajo bien, pero probablemente te surgirán problemas por tu falta de competencia que deberás resolver sobre la marcha y que pueden mermar tu productividad y tu rendimiento.

En cambio, cuando haces algo que ya has hecho mil veces, entiendes perfectamente los problemas y las dificultades a las que te vas a enfrentar. Esto significa que ya has desarrollado tu propio método de trabajo y que tienes un cierto nivel de especialización en la materia que, en consecuencia, te permitirá anticiparte, planificar y resolver.

Nuestro objetivo principal en cuanto a conocimiento y competencias debe ser, por tanto, evolucionar más allá de saber lo que hacemos, hasta hacer lo que sabemos. Son dos percepciones distintas que se diferencian por dos cuestiones principales: el automatismo y la especialización.

6. No te centres solo en el dinero

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La gente paga por una solución y, en consecuencia, por la satisfacción de ver un problema resuelto. La solución llega primero cuando aportas tu trabajo, la satisfacción llega después cuando tus clientes comprueban que, efectivamente, has sido capaz de cubrir esa necesidad que tenían y para la que te contrataron.

Si solo buscas el dinero, se notará que ese es tu único interés. Sin embargo, si demuestras pasión por lo que haces y te involucras en los proyectos de tus clientes como si formaran parte de tu propia causa, entonces es probable que sigan confiando en ti y te envíen más proyectos. El dinero no debe ser nuestra principal motivación. Desde luego, todos queremos ganar dinero para vivir mejor, pero no debemos perseguirlo como el último fin, sino más bien como una parte del proceso, como un elemento que está ahí, que es importante, pero no lo principal.

Eso no significa que tengamos que trabajar gratis o que aceptemos proyectos a precios irrisorios. La rentabilidad también debe ser uno de nuestros objetivos, pero no debemos olvidar nunca que nos dedicamos a este trabajo porque es lo que nos motiva, lo que nos gusta y lo que nos hace felices. Si solo miramos el dinero, probablemente llegará un momento en el que nos quemaremos y perderemos el amor por lo que hacemos. 

7. Siembra y recoge

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Si das mucho y lo das bien, probablemente también recibirás mucho a cambio. Haz cosas por los demás de forma desinteresada. Ayuda a tus compañeros y colegas de trabajo, a tus clientes, a tu jefe… Seguro que te sorprenderá la respuesta que tendrán contigo, sobre todo si eres capaz de hacer favores que marquen la diferencia. Quién sabe, quizá un acto desinteresado te acabe sirviendo para fidelizar a ese cliente que tanto ansiabas o para conseguir un ascenso sin tú saberlo. En ese sentido, «quien siembra, recoge».

La clave para sembrar y recoger está en no esperar recibir nada a cambio. Si haces algo esperando que te lo compensen, te estás dejando llevar por el interés. Sembrar consiste, más bien, en ser buena persona, buen compañero y buen profesional. Consiste en involucrarte en cosas en las que otros no se involucrarían por no ver el lucro o el beneficio personal. Si mantienes esa actitud desinteresada, es probable que antes o después te compensen ese favor que hiciste, también de forma desinteresada.

¡Manos a la obra!

Espero que estos consejos te sirvan para crecer profesionalmente y para cautivar a tus clientes. En realidad, son sobre todo cuestiones básicas de actitud, competencia, profesionalidad y saber estar. Ahora te toca a ti ponerlos en práctica y comprobar si funcionan de verdad. A mí, desde luego, me han funcionado bastante bien. ¡Ya me contarás!

 

Ahora que ya ha han pasado varios días desde el lanzamiento de Traduversia, creo que es un buen momento para detenerme y compartir con vosotros lo que ha significado para mí el lanzamiento de este «proyecto vital». Mi compañero Pablo Muñoz ya publicó esta entrada en Algo más que traducir el día del lanzamiento donde cuenta  sus impresiones y sus motivaciones para crear TraduversiaMerche García Lledó también contó en su blog cómo vivió todo el proceso de creación, ya que ella estuvo presente en las reuniones que hemos tenido Pablo y yo en estos meses.

Así que ahora me toca a mí contaros mis sensaciones, mi experiencia y, de paso, alguna que otra reflexión tras estos intensos meses de trabajo. Vamos allá.

No hay nada como crear algo tuyo

Una de las cosas que más me gustan de ser freelance es que, una vez te has establecido (y si te va bien), tienes libertad para decidir qué quieres hacer con tu tiempo y en qué quieres invertirlo. La verdad es que, para ser sincero, antes de crear Traduversia estaba encantado con la situación que tenía tanto a nivel profesional como personal. En ese sentido, crear Traduversia no se presentaba como una necesidad o como una obligación, sino más bien como una gran oportunidad para crear algo nuevo y original que compartir con otros traductores o estudiantes de traducción.

Estoy encantado de trabajar para clientes de todo el mundo y de asumir proyectos muy diferentes, pero al final no dejas de estar trabajando para otras personas que se benefician de tu trabajo para sus propios proyectos. Así que, ¿por qué no invertir una parte de mi tiempo en crear el mío propio? 

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=XUekw1HApz8]

¿De dónde surge la iniciativa?

La iniciativa, en realidad, partió de Pablo, que ya había estado indagando bastante sobre cómo crear una plataforma formativa que fuera sencilla e intuitiva. Yo también llevaba ya un tiempo utilizando una Moodle propia para impartir mis talleres audiovisuales (los alumnos de los talleres de Bilbao y Granada pudieron utilizarla y quedaron encantados), y ya estaba empezando a maquinar ideas para ir más allá, como por ejemplo cuando lancé este webinario sobre diseño web para traductores en el que las 10 plazas se agotaron en un par de días.

También llevaba tiempo grabando videotutoriales para los cursos y talleres que estaba impartiendo (y para el blog), así que cuando hablamos por primera vez de crear Traduversia, ambos teníamos una visión muy similar de lo que queríamos ofrecer. 

Para mí, crear Traduversia era un paso natural después de todo lo que estaba haciendo, así que cuando hablé con Pablo no lo dudé ni un momento. 🙂

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¿7 meses de trabajo?

Sí, chicos, 7 meses. No os hacéis una idea de la CANTIDAD de cosas que hay que hacer para sacar adelante un proyecto como este. Hemos tenido que invertir bastante dinero y esfuerzo, ya que la web la hemos creado nosotros mismos. Solo contactamos a Geekia para que nos crearan la identidad corporativa de Traduversia y algunos elementos gráficos de la web. Pero no solo había que crear la plataforma, a la vez también teníamos que confeccionar nuestros cursos y montarlos en la plataforma, una labor que se llevó buena parte de esos 7 meses.

Además, hay que tener en cuenta que ambos tenemos nuestros clientes y nuestros trabajos, así que sacar tiempo no siempre fue una tarea fácil. A mí, por ejemplo, el inicio de Traduversia me pilló en plena mudanza ya que, como ya os conté, a finales de julio me vine a vivir a Tomelloso, una localidad de Ciudad Real. Por tanto, ambos tuvimos que hacer algunos sacrificios importantes como rechazar o delegar encargos, no salir algún que otro finde o directamente reducir las horas de sueño. La verdad es que compaginar el trabajo y todo lo demás con la creación de Traduversia no siempre fue sencillo, pero ahora que es una realidad no puedo evitar sentirme orgulloso de haberlo logrado. 😀

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Tras estos meses, creo que puedo decir que hemos hecho un buen equipo. He quedado impresionado con todas las cosas que sabe Pablo sobre otros temas no directamente relacionados con la traducción, como el diseño web (increíble su dominio de HTML5 y CSS3), y también con su gran capacidad de trabajo. Sin duda, los consejos que da en sus cursos de cómo ser un traductor profesional, productivo y eficaz los tiene más que asimilados y él mismo los aplica en su trabajo diario con una disciplina muy alta. Ha sido un verdadero placer (y sigue siéndolo) trabajar con él y he aprendido muchísimo de él y de todo el proceso de creación. Un crack, sin duda.

¿Qué cosas habéis tenido que hacer?

De todo. Tenéis que pensar que el trabajo no se limitó únicamente a crear la web y los cursos. Hicimos un montón de cosas: desde contratar el dominio y el hosting, hasta firmar un acuerdo de colaboración redactado de nuestro puño y letra y revisado por una asesoría jurídica. También tuvimos que dedicar varias semanas a hacer brainstorming creativo, poner ideas en común, buscar nombre (no fue nada fácil), pensar en la identidad corporativa, presupuestar gastos y otras muchas cosas. Recuerdo que solo el documento inicial con nuestras primeras ideas tenía unas 20 páginas y unos hilos de comentarios infinitos, y eso que las ideas no estaban todavía desarrolladas. 😀 A eso sumad las horas que invertimos para crear la página, testearla (menuda paliza se pegó Pablo) y preparar todos los materiales promocionales para el lanzamiento, como este otro vídeo que grabamos sobre cómo son los cursos de Traduversia:

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=p5cVJSEsBk8]

¿Cómo os habéis repartido el trabajo?

Aunque nuestras especialidades e intereses son parecidos y hasta convergen en algunos puntos, la verdad es que hemos tenido la suerte de poder aportar cosas diferentes cada uno. Pablo, por ejemplo, se pegó un curro importante testeando la web y poniéndola a punto, y yo dediqué bastante tiempo a editar elementos gráficos como los vídeos anteriores o las imágenes e iconos que aparecen en la web. De una forma bastante natural e intuitiva, hemos intentado complementarnos aportando cosas que el otro no dominaba tanto, y a la vez hemos procurado repartir equitativamente aquellas cosas que sí dominábamos ambos (como el diseño web, por ejemplo :-D), aunque también es cierto que había tan buena química que no siempre hacía falta hacer reparto, sino que, cuando surgía algo y a uno de los dos le venía bien, se ponía manos la obra y lo hacía sobre la marcha. ¡Viva el trabajo en equipo!

El lanzamiento

Como muchos ya sabréis, el lunes lanzamos Traduversia y no me equivoco si califico como éxito el lanzamiento, pues en un solo día la página recibió miles de visitas de usuarios de todo el mundo. Fue una auténtica pasada comprobar en tiempo real las estadísticas en el panel de administración del sitio web. Pablo y yo comentábamos que nunca habíamos tenido tantas visitas en un solo día en nuestros blogs, así que en ese sentido el lanzamiento superó nuestras expectativas.

Un gremio emprendedor y ejemplar

Por otro lado, y también a raíz del lanzamiento, me siento bastante agradecido por todas las felicitaciones y mensajes de apoyo que hemos recibido de todo el mundo, sobre todo de otros compañeros traductores. En los tiempos que corren es difícil sacar adelante ideas nuevas como esta, pero ha sido genial comprobar que a otros profesionales de nuestro sector Traduversia les haya parecido interesante desde el minuto 1.

Estamos en un momento en el que hay un bum importante en temas de formación. Hay quien se queja de esta tendencia, pero yo, personalmente, estoy encantado de ver cada vez más eventos, centros y sitios formativos a los que poder acudir, y también de poder aportar un recurso más a la gente para que puedan seguir formándose y aprendiendo sobre diversos temas. A mí todos los cursos y eventos en los que he participado como asistente o docente me han aportado mucho a nivel profesional y me han abierto puertas a nuevas oportunidades, así que para mí ese auge es algo positivo. Y no soy el único que lo piensa. 😛

¿Y ahora qué?

Ahora toca seguir trabajando MUCHO para que Traduversia siga creciendo. Como ya habréis podido ver, me he estrenado con un curso de diseño web para traductores muy completo en el que ya tengo a 15 alumnos matriculados, así que tengo tarea por delante. Por si eso no fuera poco, Pablo y yo tenemos en mente lanzar más cursos en los próximos meses, así que no olvidéis meteros en la web a echar un vistazo de vez en cuando. 😉

Por otro lado, también me toca seguir trabajando duro sin abandonar el resto de ocupaciones importantes, como son mis clientes, mis cursos, las actividades formativas en las que participo fuera de Traduversia y, por supuesto, este blog. Jugando a traducir me ha dado muchas cosas y mi intención es seguir escribiendo aquí como siempre he hecho sobre TAV, herramientas y otros temas relacionados con la traducción.

Agradecimientos especiales

No quería terminar sin antes dar las gracias a las personas que me han apoyado, o que directamente me han ayudado a crear Traduversia. Así que aquí van algunos nombres:

Gracias a mis padres, a Aída, a Pablo (¡cómo no!), a Manolo de Geekia, a Antonio López, a Dani Torres, a Merche, a Lara Quero, a Rosa López, a Elizabeth Sánchez, Ana Rubio y, especialmente, a José Benassar (¡menudo curro te pegaste testeando la página!). Creo que no me dejo a nadie, pero mando un agradecimiento general por si acaso. 😛

Lo dicho, gracias a todos y… ¡nos vemos por aquí y en Traduversia! 😀

Quizá la pregunta más adecuada para el título sería, «¿Cómo traduzco yo un DVD?», porque en realidad no considero que mis métodos sean los más ortodoxos, pero en cualquier caso me dan buen resultado. En las últimas semanas, he tenido la gran oportunidad de hacerme cargo de la traducción y el doblaje (con voz superpuesta) de una colección de DVDs sobre fisioterapia y rehabilitación. Ha sido un proyecto bastante ambicioso y a la vez muy gratificante con el que he podido aplicar y a la vez ampliar mis conocimientos sobre edición de audio y vídeo. Tan satisfactorio ha sido el resultado, que me he animado a contaros cómo lo he hecho. Vamos al grano sin más dilaciones:

1. Sobre el encargo

El encargo ha consistido en la traducción, doblaje y adaptación del material audiovisual. Por tanto, el objetivo ha sido añadir una voz superpuesta que traduzca las intervenciones del narrador original, traducir los menús, rótulos y gráficos que aparecen a lo largo del DVD y reeditar de nuevo el DVD.

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2. Recepción del material

Mi cliente se encargó de enviarme los DVDs por mensajería urgente. En realidad, lo normal en este tipo de encargos sería trabajar directamente con los archivos originales en los formatos editables correspondientes, pero en esta ocasión tuve que trabajar directamente con el DVD original editado en inglés, lo cual complicó bastante las labores de edición, dado que los archivos que contiene un DVD editado no están en formato editable y son por tanto más difíciles de manipular.

Una vez grabados y editados, los DVDs suelen incluir archivos en los siguientes formatos:

  • Archivos VOB (Video object): los archivos VOB contienen fundamentalmente datos de vídeo y audio, y también otros datos adicionales relativos a los menús del DVD y a los subtítulos (si los hubiera). Son los archivos más importantes. Si el DVD no incluyera estos archivos, no sería posible reproducir ninguna imagen.
  • Archivos IFO (Information): los archivos IFO contienen información en formato de tablas (textos, etiquetas, descripciones, parámetros, etc.) que es procesada por el reproductor de DVDs para facilitar la navegación al usuario.
  • Archivos BUP (Backup): los archivos BUP son copias de seguridad de los archivos IFO que se activan si los archivos IFO fallan.

Si bien es cierto que los archivos VOB son los más importantes y los que mas datos contienen, hay reproductores que no reproducen DVDs si estos no contienen los archivos IFO y BUP correspondientes.

CapturaDVDsFormatos Ilustración 1. Ejemplo de los archivos que contiene un DVD (VOB, IFO y BUP).

3. Traducción de los contenidos del DVD

Antes de entrar de lleno a la fase técnica, primero hay que traducir todos los contenidos del DVD: menús, rótulos, gráficos, créditos, diálogos, etc. Para ello no necesitamos hacer nada especial a nivel técnico, simplemente reproducir el DVD y traducir su contenido. Como ya sabéis, suelo recomendar VLC para este tipo de proyectos. VLC nos va a permitir cargar el DVD y acceder a los menús al igual que lo haría un reproductor convencional de DVD, por tanto es bastante útil. Otra opción puede ser extraer primero los archivos de vídeo del DVD para no tener que estar cargando los menús constantemente.

En cualquier caso, el objetivo final de esta larga fase es generar un guión que pueda servirnos para las fases posteriores de grabación, edición y posproducción. Yo opté por generar el típico guión que suele generarse para realizar doblajes: una tabla que incluyera los códigos de tiempo y los diálogos del narrador, que en esta ocasión era solo uno, por tanto no era necesario añadir su nombre constantemente. En esta fase me ayudó enormemente Aitziber Elejalde, que ha colaborado como traductora en el proyecto, lo que me ha permitido dedicar más tiempo a todas las labores técnicas (¡gracias, Aitzi!). 🙂

4. Preparación del material audiovisual

Para poder manipular los archivos del DVD, primero tendremos que copiarlos a nuestro disco duro. Para acceder a ellos, bastará con abrir el explorador de archivos y abrir al directorio del DVD. Una vez dentro, podremos ver los archivos VOB, BUP e IFO de una forma similar a como se ven en la Ilustración 1. Acto seguido, los seleccionaremos todos, los copiaremos y los pegaremos en una carpeta nueva. Dicha carpeta será la nueva carpeta del proyecto, así que huelga decir que conviene tenerla bien localizada.

5. Manipulación de los archivos

Para poder traducir el material audiovisual de nuestro DVD, tendremos que editar manualmente los archivos VOB. Para ello, tendremos que utilizar un editor de vídeo que pueda manipular estos archivos. Editores como Adobe Premiere, Sony Vegas o Camtasia pueden cumplir bien con este propósito. Si no tienes un editor que te permita abrir directamente los archivos VOB, puedes utilizar un conversor de formato como Format Factory para pasar los archivos VOB a formato MPEG, MP4 o AVI. Para editar los vídeos, también puedes utilizar editores gratuitos como EZVid o Avidemux. Son más simples e incluyen menos opciones que los editores anteriores, pero son suficientes para proyectos de este tipo.

En esta ocasión, elegí trabajar con Adobe Premiere, dado que me permitía editar directamente los archivos VOB sin necesidad de convertirlos a otro formato. Los pasos a dar dentro del programa serían los siguientes:

  • Importar los archivos VOB dentro de Premiere. Es recomendable editar cada archivo VOB por separado, por tanto habría que crear un proyecto diferente para cada archivo. De esta forma trabajaremos de una forma más ordenada. Una vez tengamos creado nuestro proyecto, importaremos los archivos haciendo clic en Archivo/Importar… o presionando el atajo de teclado Ctrl + I.

Captura de pantalla 2014-09-14 19.10.20

  • Una vez importados, tendremos que añadir los vídeos a la línea de tiempo para poder manipularlos y grabar las voces. Para ello, simplemente tenemos que hacer clic en el archivo de vídeo correspondiente y arrastrarlo dentro del recuadro «Línea de tiempo», ubicado en la parte inferior derecha de la interfaz del programa. Cuando tengamos los archivos en la línea de tiempo, ya estaremos listos para pasar a la fase de grabación.

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6. Grabación de voces

Para grabar las voces, vamos a necesitar como mínimo un micrófono, aunque es recomendable disponer de una buena tarjeta de sonido o interfaz USB (o un micrófono USB de calidad como los que comercializa la empresa Blue). Huelga decir que cuanto mejor sea nuestro equipo, mejor será la calidad final del sonido.

Una vez tengamos nuestro micrófono instalado y enchufado, tenemos que activarlo dentro de Premiere. Para ello, debemos hacer lo siguiente:

  • En primer lugar, debemos activar el Mezclador de pista de audio. Esto lo haremos haciendo clic en Ventana/Mezclador de pista de audio. Cuando hagamos clic, nos debe aparecer el mezclador en la ventana superior izquierda.

CapturaPremiere2

  • Acto seguido, debemos asegurarnos de que nuestro micrófono y nuestro dispositivo de audio están habilitados. Para ello, tendremos que hacer clic en Edición/Preferencias/Hardware de audio…

CapturaPremierePreferencias

  • Y deberemos seleccionar el dispositivo de audio correspondiente en el cuadro diálogo que nos aparece. Tendremos que seleccionarlo desplegando la pestaña Audio de escritorio de Adobe y haremos clic en Aceptar.

CapturaPremierePreferencias2

  • El próximo paso consistirá en habilitar una de las pistas de audio del proyecto para poder grabar en ella. Esto lo haremos desde el Mezclador de pista de audio que activamos anteriormente. Tan solo tendremos que hacer clic en el botón “R”. Cuando lo activemos, tendremos que comprobar la ganancia de nuestro micrófono y ver si todo funciona correctamente. Puedes dar unos toquecitos con el dedo en el micrófono para comprobar si se enciende la barra de sonido del mezclador. De ser así, todo estará correcto.

CapturaPremiereRecord

Debemos tener cuidado de no habilitar para grabar la Pista 1, pues de ser así lo que haremos será grabar encima del audio anterior y perderemos el audio original del DVD. Es conveniente grabar en una pista nueva para luego poder ajustar los volúmenes de cada pista en el mismo mezclador.

Para empezar con la grabación, simplemente tendremos que hacer clic en el botón Grabar, que es un círculo rojo que aparece en la barra central del programa. A partir de este momento, los audios que grabemos nos irán apareciendo directamente en la pista seleccionada. De aquí en adelante, simplemente tendremos que ir grabando nuestros audios hasta terminar con la grabación de voces. La edición la dejaremos para después.

BotónRecord

7. Edición de audio

Si el audio se ha grabado adecuadamente, ahora simplemente tendremos que ajustar los volúmenes de las pistas de audio para generar el voice over. Yo suelo dejar el la ganancia de la pista nueva a nivel 0 y reduzco la ganancia de la pista original a -9 o -10, aunque para conseguir el efecto deseado lo mejor es hacer pruebas hasta que el oído nos diga que los volúmenes están bien equilibrados. Hay que tener en cuenta que no queremos eliminar por completo el audio de la pista original. Queremos que se intuya, pero sin llegar a interferir en la pista nueva. Por tanto, no debemos bajar demasiado el volumen, ni tampoco dejarlo demasiado alto. Hay que buscar un término medio. De esta forma, conseguiremos un voice over bien equilibrado.

8. Edición de rótulos, gráficos e insertos

Esta labor es quizá una de las más complicadas, pues en mi caso he tenido que volver a crear los rótulos y superponerlos sobre los anteriores. Para ello,utilizo las herramientas que incorpora Premiere. Solo hay que utilizar el editor gráfico que incorpora Premiere e ir añadiendo tantos elementos como sean necesarios. Para añadir elementos gráficos a los vídeos, utilizaremos el botón Nuevo elemento, ubicado en el recuadro inferior izquierdo. Lo normal será crear nuestros títulos en el editor o añadir capas de ajuste, según convenga.

CapturaNuevoElemento

CapturaEditorPremiere

9. Exportación de medios

Una vez estén listos los rótulos, estaremos listos para exportar los archivos finales de vídeo. Para ello, haremos clic en Archivo/Exportar/Medios… o presionaremos el atajo de teclado Ctrl+M. Esto nos permitirá acceder a un cuadro diálogo en el que podremos configurar los ajustes de la exportación.

ExportarMedios

CapturaAjustesExportación

Lo normal será elegir un formato del tipo MPEG, dado que los archivos VOB son en realidad archivos MPEG codificados para DVD. De esta forma, nos aseguraremos de preservar la calidad original del vídeo. En este cuadro de diálogo debemos, por tanto, asegurarnos de elegir el formato adecuado y prestar atención a atributos como los fps (fotogramas por segundo), la resolución (píxeles por pulgada) o el bitrate, que son los atributos básicos que nos ayudarán a conseguir una calidad óptima. Una vez esté todo listo, haremos clic en Exportar, y ya solo tendremos que esperar que se generen los nuevos archivos de vídeo.

10. Creación del menú de DVD (autoría)

Una vez tengamos listos los archivos de vídeo, tendremos que crear el menú de nuestro DVD. Para ello, podemos utilizar herramientas como Adobe Encore CS6 o DVDStyler. En esta ocasión, he preferido utilizar DVDStyler, que además es gratuito y permite configurar los menús con facilidad. En la misma web de DVD Styler explican cómo crear un menú, así que simplemente tuve que seguir cada uno de los pasos hasta generar el DVD final. Aquí tenéis una captura del menú que creé para el DVD con DVDStyler.

Captura-premiere

¿No ha quedado mal, verdad? 😛

Lo cierto es que el proceso es largo, pero, una vez aprendes a dar cada uno de los pasos, se convierte en una labor muy entretenida y gratificante. Sobre todo cuando haces clic en Créditos y ves tu nombre en pantalla.

CapturaCréditos

Voilà! ¡Otro proyecto más terminado! 😀 Espero que os haya gustado leer cómo ha sido el proceso y que hayáis aprendido algo de la experiencia. A mí me ha resultado duro, pero al final ya veis lo gratificante que es. 

¡Hasta la próxima!

Hoy tengo una gran noticia que daros. A finales de mes pongo rumbo a tierras manchegas, donde por fin podré disfrutar de la independencia. Hace poco más de dos años que me gradué y, desde entonces, la fortuna y el trabajo duro han hecho que por fin pueda dar el paso más importante que he dado hasta ahora en mi vida: vivir por cuenta propia. Esto me lleva a hacer una lectura positiva de toda esta etapa de transición que termina que, muy probablemente, será extrapolable a pocos casos, dado que entran en juego factores muy diversos. Pero aun así, no voy a morderme la lengua y voy a atreverme a daros un mensaje cargado de optimismo:

«Sí, chicos, la emancipación es posible».

CuandoLaEmancipaciónEsPosible

7 consejos para emanciparte

Después de todas las experiencias que he tenido en estos años, me atrevo a afirmar que la emancipación es posible al poco tiempo de terminar la carrera, pero evidentemente no existe una fórmula secreta para conseguirla, pues cada caso es único, y además es evidente que el factor suerte juega un papel importante. Aun así, voy a atreverme a daros algunos consejos basados en mi experiencia que quizá os puedan ser de utilidad de aquí en adelante.

Aquí van:

1. No esperes a terminar la carrera para empezar a moverte

competitivoSi estás en el último año de carrera o te queda poco para terminar, quizá te convenga empezar a moverte ya en lo profesional. No me refiero únicamente a que empieces a mirar ofertas de trabajo o a conseguir las primeras entrevistas (que también), sino a otras alternativas que también puedan reportarte algún beneficio en el futuro. Puedes hacerte unas tarjetas de visita, acudir a eventos profesionales de traducción para conocer a profesionales más experimentados, poner en marcha algún proyecto original o intentar “colarte” en alguna quedada traductoril para empezar a meter cabeza en el gremio.

Todavía recuerdo cuando estaba en el último año de la carrera y me dio el venazo de hacerme unas tarjetas de visita. Pensé que era un momento idóneo, pues de esa forma podía empezar a promocionarme y dar una imagen un poquito más profesional si me acercaba a algún evento o congreso de traducción. Y así fue. En los primeros eventos y quedadas a los que pude acudir, conocí a gente fantástica que me ayudó muchísimo y me dio muy buenos consejos.

Además, antes de terminar la carrera también busqué hacerme con unas prácticas por mi cuenta (así fue como conseguí un puesto de traductor en prácticas en Acción Contra el Hambre) y empecé a invertir tiempo en trabajar mi presencia en internet, lo cual me trajo mi primera oportunidad con un estudio de doblaje gracias a mi perfil de Linkedin.

En mi opinión, moverme antes de terminar fue un gran acierto, pues salí prácticamente catapultado sin quedarme parado en los meses/semanas posteriores a mi etapa universitaria.

2. Atrévete a hacer cosas que sabes que puedes hacer, aunque sean difíciles y diferentes

zonaconfortEstoy seguro de que hay muchas cosas que podrías hacer si realmente te atrevieras a hacerlas. Todos tenemos aptitudes que nos diferencian de los demás. Sin embargo, curiosamente, al terminar la carrera suele ocurrir que muchos compañeros opten por unas salidas muy parecidas a las que tú buscas. Quizá porque en esa ciudad las agencias de traducción se cuentan con los dedos de una sola mano y coinciden al elegirlas, porque hay un máster que está muy de moda, por una falta de orientación, o porque los profesores han mencionado una serie de salidas típicas sin ofrecer más alternativas y todos os habéis aferrado a ellas.

Pera la realidad es bien distinta. Hay mucho más ahí fuera. Creedme. No solo existen las agencias de traducción, los másteres o la docencia de idiomas (por citar algunos ejemplos de salidas típicas). Personalmente, una de las mejores decisiones que tomé en su momento (y esto lo sé ahora, y no antes) fue invertir tiempo y dinero en formarme en temas de diseño y maquetación para complementar mi condición de traductor. Una actividad que nada tiene que ver con traducir, pero que me ha permitido diferenciarme y buscar otras salidas, muchas de ellas relacionadas también con la traducción, como el curso de maquetación para traductores con Adobe InDesign de AulaSIC o colaboraciones como maquetador con otros profesionales y empresas del sector de la traducción.

Para dar ese tipo de pasos, hay que arriesgarse, salir de la zona de confort, descubrir nuevas alternativas y pasar por tragos que pueden resultar difíciles, pero que una vez dados refuerzan tu valor y tu confianza en ti mismo de cara al futuro.

Cuando lanzamos la primera edición del curso de InDesign, la verdad es que al principio pensaba que no iba a matricularse nadie, pero curiosamente en las primeras ediciones conseguimos contar con más de 10 alumnos,  lo cual para mí fue un gran logro, y con el tiempo fuimos consiguiendo atraer a más y más alumnos hasta que el pasado mes de mayo conseguimos superar los 40 alumnos matriculados en el último curso que se organizó con el apoyo de AulaSIC, ANETI y CEOE, en el que se agotaron todas las plazas en apenas unos días.

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También me resultó muy duro dar mi primera charla en Traduemprende delante de profesionales con una mayor experiencia que yo, pues sabía que muchos podían juzgarme por mi juventud, pero aun así lo hice porque me sentía capaz y eso me hizo progresar como profesional, ganar confianza y conseguir nuevas oportunidades (mención especial para Leon Hunter, que me dio la oportunidad de participar en el evento).

3. Ten claro lo que quieres, pero no te cierres a las oportunidades que la suerte y el azar puedan traerte

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Lo bonito y, a la vez, complicado de la suerte es que nunca sabes cuándo se te va a aparecer. Pero si algo he aprendido en este tiempo es que las oportunidades acaban llegando, siempre que te mantengas activo y visible. ¿Quién sabe? Quizá mañana te llame un compañero traductor para encargarte un proyecto de 20 mil palabras porque él está demasiado ocupado (estas cosas ocurren), o quizá acudas a un evento y conozcas de casualidad al jefe o encargado de recursos humanos de una agencia de traducción que tiene un proceso de selección abierto y te invitan a participar en él.

cambio-sentido-distinto-nivelLo importante en estos casos es estar preparado para aprovechar esas oportunidades y para saber apreciarlas. Quizá en el momento en que se te presentan no entran dentro de tus planes, pero es posible que esas oportunidades puedan llevarte por un camino diferente que no te habías planteado y que podría acabar gustándote. Así me enamoré yo de la traducción audiovisual, de casualidad, porque en realidad cuando estaba al final de la carrera yo quería traducir videojuegos (quizá porque me dejaba llevar por la moda del momento), pero un día me contactaron para traducir un documental y desde entonces no he parado de traducir documentales, series y hasta películas. Así se las gasta Murphy…

4. Estate al loro de todo y échale morro

OrejaLa suerte no siempre aparece de la nada, también se puede buscar si somos un poco espabilados. Utiliza las redes sociales con inteligencia, entérate de cuáles son los próximos eventos y congresos de traducción, sigue a profesionales relacionados con tus intereses profesionales, infórmate de cursos asequibles que te permitan complementar tu formación y conocer a otros compañeros, regístrate en portales de empleo en los que veas ofertas relacionadas con tu perfil profesional, busca empresas que te interesen y consulta sus listados de ofertas de trabajo, hazte con las direcciones de correo electrónico y los teléfonos de los encargados de recursos humanos de las empresas y escríbeles para tantearles…

En definitiva, si no llega la oportunidad, búscala tú mismo. Haz que ocurra. Quizá así también puedas conseguir ese trabajo que tanto anhelas.

5. Conócete a ti mismo y muestra una actitud profesional en todo lo que hagas

reflejo-en-el-espejo-5La transición de la universidad al mercado profesional es una etapa difícil en la que hay mucho que demostrar. En mi opinión, una de las claves principales radica (además de en la preparación) en la actitud que demostremos en determinadas situaciones como entrevistas de trabajo, conversaciones con nuestros primeros clientes o quedadas (en contextos profesionales) con otros compañeros traductores, por citar algunos ejemplos. De una forma u otra, tenemos que demostrar una actitud profesional para hacernos valer.

Hay valores como la seriedad, el compromiso, la naturalidad, la sinceridad, la humildad o la seguridad en uno mismo que suelen jugar un papel crucial a la hora de generar confianza en los demás. Si consideramos que tenemos carencias en alguno de esos valores, o en otros personales que podamos considerar importantes, siempre podemos anticiparnos e intentar trabajar esas carencias para mejorar como personas y como profesionales. Por ejemplo, si somos poco sociables, podemos apuntarnos a cursos y obligarnos a participar en ellos; si nos cuesta hablar en público, podemos apuntarnos a algún taller de oratoria o quizá volver a dar algunas clases de interpretación de conferencias :P. Siempre hay soluciones.

Personalmente, encuentro muy útil participar en charlas, talleres y congresos para ponerme a prueba y superar los típicos miedos a hablar en público y a relacionarme con otros profesionales, pues en realidad siempre me he considerado tímido para hablar con gente nueva y hacer contactos. Al final, siempre podemos encontrar algún mecanismo para mejorar nuestra actitud y dar una mejor imagen.

6. Ahorra todo lo que puedas y más

AhorrarPara emanciparse es más que recomendable ahorrar una cantidad considerable de dinero, sobre todo si trabajas como autónomo. Disponer de un cierto colchón te dará más tranquilidad y una mayor estabilidad en los primeros meses.

Cuando te emancipas, empiezas a tener una serie de gastos que antes no tenías. Tienes que empezar a responder a los gastos de alquiler, luz, agua, ¡internet! y, muy probablemente, calefacción en invierno, además de los gastos mensuales de la compra (comida, ropa, productos de limpieza e higiene, etc.). La cantidad idónea para emanciparte dependerá también de tus aspiraciones y de si vas a irte a vivir con alguien o tú solo. Pero quizá sí deberías calcular una cantidad que te permita tener un margen de varios meses de maniobra en caso de que las cosas vayan mal o surjan imprevistos con los que no contabas.

Si has conseguido un contrato con alguna agencia o empresa, entonces quizá lo tengas algo más sencillo para irte por tu cuenta. Trabajar en plantilla puede darte una mayor estabilidad en lo económico, aunque en los tiempos actuales conviene no confiarse demasiado, así que probablemente también sería recomendable tener unos ahorros aunque tengamos garantías de seguir durante varios meses en el puesto que estemos ocupando. En esta vida nada es seguro.

7. Ponte una fecha aproximada para dar el paso e idea un plan de actuación

calendario_planificaciónTanto si acabas de terminar la carrera, como si ya has hecho avances de algún tipo en lo profesional y estás haciendo tus primeros pinitos, puede ser muy interesante marcar una fecha en el calendario para tu emancipación. De esta forma, podrás planificar los avances y logros que debes conseguir hasta que llegue ese día. Si ya eres autónomo, quizá tu objetivo sea lograr facturar x euros más al mes (para todo esto, esta calculadora  y CalPro me resultaron muy útiles), o bien conseguir nuevos clientes para ampliar y diversificar tus ingresos (estos dos fueron los objetivos que me marqué yo, por ejemplo). Si por el contrario acabas de entrar a trabajar en una empresa, quizá tu objetivo sea ahorrar una determinada cantidad de dinero para poder irte de casa, o aspirar a un ascenso o un trabajo mejor para dejar de depender de esa ayuda que todavía te dan tus padres.

Sea como sea, tener una fecha de referencia te hará tener una ilusión constante y un objetivo que cumplir, lo cual te permitirá mantener tu motivación alta. Además, si finalmente consigues el objetivo, sentirás una gran satisfacción contigo mismo, ilusión y una gran alegría, como la que siento yo ahora mismo mientras escribo esta entrada. 🙂

 

Motivación personal

 

Pues nada, chicos, os deseo toda la suerte del mundo y espero que estos consejos os sirvan al menos para seguir avanzando en vuestro futuro más próximo. Ya me contaréis.

¡Hasta la próxima!

 

Una de las primeras preocupaciones que nos surgen cuando iniciamos nuestra andadura en el mercado profesional de la traducción es la de cómo enfrentarnos a nuestros primeros encargos. Como ya vimos en el blog, al terminar la carrera es realmente complicado echar a andar si no hemos tenido la oportunidad de ponernos a prueba. Además, darse de alta de autónomo justo al terminar la carrera suele considerarse una opción arriesgada, ya que puede haber carencias en aspectos básicos como la productividad, la gestión del tiempo, la elección de tarifas o la atención al cliente. He aquí algunas claves para que consigas salir airoso de tu primer encargo:

1. Cuida la comunicación con tu cliente

Normalmente, los encargos comienzan con un proceso de diálogo entre el traductor y el cliente. En esta fase inicial, es fundamental que demostremos profesionalidad y seguridad al comunicarnos con él. Para ello, nada como cuidar al máximo nuestra redacción y nuestra ortografía y ortotipografía. Somos traductores, así que eso implica que todos nuestros mensajes deben ser impecables.

Para darle un punto profesional a nuestro mensaje, puede ser muy interesante añadir una firma personalizada. Si disponemos de Outlook o Gmail, esta será una tarea bien sencilla. Si queremos potenciar más aún las características de nuestra firma, también podemos utilizar aplicaciones externas como WiseStamp, que nos permite añadir imágenes especiales e iconos de nuestras redes sociales, entre otras muchas funciones.

Como recomendación personal, os aconsejo contratar un dominio .com que incluya una dirección de correo personalizada del tipo «micorreo@micorreo.com». Un correo con dominio propio nos ayudará a dar una imagen más seria y profesional a nuestro(s) cliente(s). Si no nos gusta el gestor de correo por defecto de nuestro dominio, siempre podremos vincular nuestra cuenta de correo a Outlook o Gmail, lo cual es ideal si ya estamos acostumbrados a trabajar con estas herramientas o si ya tenemos otras cuentas de correo y no queremos tenerlas desperdigadas por la red.

2. Evalúa bien la naturaleza del encargo y las necesidades del cliente

En esta fase inicial en la que todavía nos hallamos, es muy posible que el cliente nos mande uno o varios archivos sobre los que tendremos que trabajar posteriormente. Este nos comentará brevemente qué necesita, pero es muy probable que no nos dé toda la información que nosotros necesitamos.

Es, por tanto, nuestra misión asegurarnos de que entendemos bien las necesidades y las instrucciones de nuestro cliente. Para ello, una buena estrategia puede ser enviarle un mensaje de confirmación a nuestro cliente que incluya las condiciones pactadas y un listado con las tareas y objetivos del proyecto. Lo normal en estos casos será acordar aspectos como los siguientes:

  • Direccionalidad de la traducción (por ejemplo, inglés>español),
  • Formato de entrega de los archivos,
  • Finalidad de uso del texto,
  • Tarifa o presupuesto,
  • Fecha de entrega.

Tampoco podemos olvidarnos de descargar los archivos que nos haya enviado nuestro cliente y analizarlos en profundidad para asegurarnos de que son los correctos y que no hay ningún tipo de problema con ellos. Lo normal es que el material sea óptimo, pero puede ocurrir que nos manden archivos en formatos que no podamos abrir o que sean problemáticos. De ser así, tendremos que informar a nuestro cliente del problema y pedirle que nos envíe unos archivos que sí podamos manipular.

También es conveniente analizar la temática del texto del encargo. Debemos ser honestos y valorar cuidadosamente si dicha especialidad entra dentro de nuestras posibilidades. En ese sentido, no será lo mismo traducir un folleto turístico que un manual sobre ingeniería portuaria. Si el texto es demasiado especializado y no nos vemos capaces, quizá lo más inteligente sea dejarlo ir o, en todo caso, buscar a un traductor experimentado que pueda ayudarnos o revisarnos.

3. Acuerda una tarifa adecuada desde el primer momento

Muchas veces, las prisas iniciales y el ansia por coger el encargo pueden hacer que nos olvidemos de acordar una tarifa con nuestro cliente. Además, al ser este nuestro primer encargo de traducción, es muy probable que no tengamos muy claro cómo presupuestarlo.

Pues bien, actualmente, las tarifas que manejan las agencias y los profesionales de la traducción oscilan entre los 0,04 € por palabra (una cantidad bastante baja, por cierto) y los 0,12 € por palabra. Es posible que incluso haya traductores con un caché más elevado, aunque según mi experiencia lo «normal» suele ser cobrar entre 0,06 € y 0,10 € por palabra. Huelga decir que, cuanto más alta pueda ser nuestra tarifa, mejor para nosotros.

Si ofrecemos otros servicios adicionales (revisión, maquetación, localización, diseño, etc.), quizá pueda ser interesante hacer un desglose por tareas en nuestro presupuesto y aplicar una tarifa diferente para cada una de ellas. Para ello, puede ser muy interesante generar un presupuesto sencillo en Excel para enviárselo a nuestro cliente.

En mi opinión, la clave para encontrar una tarifa adecuada suele depender de aspectos como la productividad o el ritmo de trabajo (si quieres saber más sobre el tema, te recomiendo que le eches un vistazo a la ponencia que dio Juan Yborra en el pasado Eneti). Lo ideal sería aplicar una tarifa que fuera rentable para nosotros y atractiva para nuestro cliente. En el caso de que no logremos llegar a un acuerdo inicial, quizá pueda ser interesante abrir una vía de negociación hasta encontrar una tarifa que sea aceptable para ambas partes. A mí, esa flexibilidad me ha ayudado a conseguir clientes que a la larga han resultado ser muy rentables, pero bien es cierto que debemos andarnos con ojo para no rebajar demasiado nuestro caché, pues una vez lo bajemos será realmente complicado volver a subirlo (sobre todo con este cliente en cuestión). Por supuesto, si la tarifa nos parece irrisoria, lo mejor será rechazar el encargo. Como ya comentamos en el blog, la dignidad debe ser siempre una prioridad.

4. Planifica bien tu tiempo

Uno de los principales problemas que surgen cuando empezamos es que no somos conscientes del tiempo real que puede llevarnos completar un encargo. Esto es algo que da la experiencia, pero un buen método es ir apuntando referencias de nuestro ritmo de trabajo. Por ejemplo, cuánto tiempo nos lleva traducir las primeras 1.000 palabras del encargo. Una vez tengamos claro cuál es nuestro ritmo de trabajo, podremos planificar mejor nuestro tiempo. De esta forma, si la traducción que nos han encargado tiene 10k, podremos hacer un cálculo aproximado de cuánto puede llevarnos terminarla.

También puede ser interesante ponernos un horario de trabajo. Cuando yo empecé, no solía trabajar en un horario fijo, sino que empezaba a trabajar directamente cuando recibía cada proyecto y, a partir de ahí, improvisaba todo lo demás. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que necesitaba un cambio para tener más estabilidad y un mayor equilibrio entre el trabajo y el resto de cosas. Para ello, nada como fijar un horario diario de 8 horas, con los descansos correspondientes para comer o despejar la mente, que nos permita llevar un ritmo de vida equilibrado. Parece que no, pero con el tiempo esto se agradece bastante.

5. Si hay problemas o te surgen dudas, pregunta

Es muy probable que, una vez comiences con el encargo, te surjan dudas o se te presenten algunos problemas. El miedo inicial o la desconfianza pueden hacer que no te atrevas a preguntar (no vaya a ser que el cliente dude de nosotros), pero, en realidad, probablemente sea lo mejor que puedas hacer. Según mi experiencia, muchos de los problemas que surgen en un proyecto se pueden resolver buscando una solución de forma conjunta con el cliente, o realizando consultas para saber su opinión (sobre todo si se trata de cuestiones técnicas).

Si consideras que tu cliente no podrá ayudarte a resolver la duda o el problema que te haya surgido (sobre todo si dichas dudas son de tipo traductológico), entonces quizá sea buena idea pedir una segunda opinión a algún compañero traductor con el que tengas confianza. Personalmente, nunca he sido demasiado partidario de los amiguismos o el colegueo, pero si se trata de una consulta muy concreta (y breve) no debería haber ningún problema, sobre todo si hay confianza entre ambas partes. Otra opción puede ser dejar una consulta en foros temáticos como los de Proz.com o Forotraducción

Para este tipo de cuestiones, a mí me gusta tener una libretita en la mesa para ir anotando todos los problemas y dudas que van surgiendo conforme avanzo en cada uno de mis proyectos. Es realmente útil y práctico, pues muchas veces los proyectos son tan extensos que la labor de añadir comentarios dentro de los documentos puede ser demasiado tediosa. Una vez los tienes anotados, será mucho más fácil recordarlos y podrás escribir a tu cliente o llamarle para explicarle los problemas de forma ordenada.

6. Cumple con la fecha de entrega marcada por el cliente

Quizá os parezca una perogrullada, pero es evidente que buena parte de la satisfacción final de nuestro cliente dependerá de que cumplamos con la fecha de entrega que nos haya marcado. De nada nos servirá haber hecho un trabajo impecable si lo entregamos tarde.

La clave para no fallar en la entrega depende sobre todo de los puntos 2 y 4. Es importante que sepamos valorar desde el primer momento si vamos a ser capaces de cumplir con la fecha de entrega que nos proponga el cliente y, para ello, es fundamental que sepamos evaluar el volumen del encargo y contrastarlo con nuestro ritmo de trabajo. Si en ese momento consideramos que la fecha de entrega es demasiado ajustada para nosotros, podemos proponerle al cliente otra fecha alternativa (hay ocasiones en las que los clientes pueden ser flexibles).

Una vez esté pactada la fecha, hay que evitar los retrasos en la entrega a toda costa. En el supuesto caso de que el proyecto tenga que retrasarse por motivos de fuerza mayor (es posible que surja algún problema técnico que tenga que resolver nuestro cliente o una tercera parte), es conveniente avisar lo antes posible de la incidencia para intentar solucionarlo antes del día de la entrega.

A la hora de hacer la entrega, hay que asegurarse de enviar todos los archivos que solicite el cliente y seguir sus instrucciones. Es posible que el cliente pida que se envíen varios archivos en diferentes formatos o incluirlos dentro de una estructura de carpetas concreta (por poner un par de ejemplos comunes). Sea como sea, tenemos que asegurarnos de que el envío sea perfecto.

7. Asegúrate de que tu cliente quede satisfecho tras la entrega

Una de las máximas que me gusta aplicar en mi trabajo es que los proyectos no terminan cuando se envían los archivos de vuelta, sino cuando el cliente manifiesta que todo está correcto. Por ello, al enviar nuestro proyecto (o tras haberlo enviado), podemos pedirle al cliente que nos confirme si todo está en orden y ofrecernos para realizar todos los cambios que sean necesarios a posteriori.

De esta forma, podremos asegurarnos de que nuestro cliente quedará satisfecho al 100%, pues si hay algo que no le guste o con lo que no esté de acuerdo podremos arreglarlo sobre la marcha. Quizá esto pueda retrasar algo más el cierre del proyecto, pero merecerá la pena ya que todas las partes quedarán contentas con el resultado final. Y nunca se sabe, pero quizá gracias a haberte interesado tanto por su satisfacción vuelva a contar contigo para un proyecto futuro.

Conclusión

Ya veis que casi todas las recomendaciones están muy relacionadas con el apartado de atención al cliente. Cuando nos incorporamos al mercado laboral, todavía no tenemos la perspectiva de que, efectivamente, estamos trabajando para un cliente, por lo que el «éxito final» no dependerá de la nota académica que nos pongan, sino de la satisfacción final del mismo. En ese sentido, podríamos decir que un cliente satisfecho podría ser el equivalente de un sobresaliente académico.

Evidentemente, la atención al cliente no lo es todo, así que también tendremos que esforzarnos en ofrecer un trabajo de calidad que esté a la altura de lo que se nos exige. Para ello, nada como esforzarnos al máximo para dar lo mejor de nosotros mismos. Solo así podremos quedarnos satisfechos nosotros también con nuestro trabajo, lo cual, dicho sea de paso, también es importante.

Así que nada, ¡a por todas!

¡Hasta la próxima!

 

Una de las cosas más complicadas para un traductor novel es aprender a afrontar un proceso de negociación. Los traductores nos podríamos pasar horas y horas hablando de tarifas, discutiendo sobre qué cantidades son mejores y cuáles peores, criticando a aquellos que rebajan sus tarifas hasta alcanzar el punto de dejar el caché de la profesión por los suelos, debatiendo sobre si cobrar por palabras, por horas, o por suspiros (por decir algo…). Pero pocas veces hablamos del “arte“ de negociar.

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Sí, porque negociar es un arte. Y, como todo arte, es algo que se aprende a base de practicar, a base de equivocarse y a base de aprender de nuestros errores. Recordad que todos tenemos derecho a trabajar dignamente y que es nuestra misión conseguir dignificar nuestra profesión y nuestra situación profesional. Es por eso por lo que he pensado que podía ser interesante recoger en una entrada algunos puntos clave que nos permitan salir ganando en nuestros procesos de negociación. He aquí las 7 claves del traductor negociador:

  1. Conoce tu mercado: es fundamental conocer el mercado de nuestra profesión antes de empezar a desenvolvernos en él. Por eso siempre es recomendable hablar con otros compañeros, pedir consejo a gente con más experiencia, ver cómo funcionan las empresas y agencias de nuestro sector o apuntarnos a asociaciones que puedan facilitarnos una información fidedigna sobre nuestro gremio.
  2. money_256Establece tus tarifas: una vez seamos un poco más conscientes de lo que nos rodea, podemos dar el siguiente paso y empezar a valorar nuestras tarifas con relación a las horas de trabajo y a la calidad de nuestros encargos. Es importante encontrar un equilibrio entre horas de trabajo y la calidad del mismo, para que así no tengamos la sensación de que nuestra tarifa es demasiado baja (lo cual nos frustraría a nosotros y afectaría a la calidad de nuestro trabajo) o de que es demasiado alta (lo cual frustraría al cliente final que podría no ver una clara relación entre la calidad del trabajo y el precio final). Pero, eso sí, es muy importante que, una vez hayamos fijado nuestras tarifas, seamos fieles a ellas y que, aunque en muchas ocasiones nos las intentan echar por tierra, sepamos defenderlas a capa y espada.
  3. Analiza a tus clientes actuales y potenciales: cada cliente es un mundo y tiene manera de funcionar diferente. Hay clientes que intentan imponerte su tarifa desde el principio y hay otros que te piden presupuesto sin ofrecer ningún tipo de estimación. Tenemos que saber anticiparnos a ellos siempre que sea posible para poder llevar ventaja en el proceso de negociación y también tenemos que ser capaces de educarles, de hacerles ver que tenemos unas tarifas y que aceptaremos los encargos solo si se ajustan a nuestras condiciones y no tanto a las suyas.
  4. Aprende a leer entre líneas: hay que desarrollar un sexto sentido especial que nos permita entender cuándo podemos elevar nuestra tarifa y cuándo no. Siempre hay encargos que suponen un trabajo adicional (por motivos de formato, tiempo, tipo de documento, exigencias/condiciones del cliente, etc.). Nuestro cliente siempre va a intentar quedarse con la mejor tarifa, por lo que muchas veces puede intentar jugar al engaño o al despiste para salir ganando (en el peor de los casos). Otras veces, si el cliente es de los buenos, directamente aceptará nuestras condiciones sin rechistar, pero siempre hay que estar preparado para lo peor y saber leer entre líneas para anticiparnos a todo.
  5. Aprende a decir las cosas con sutileza: os recomiendo que no utilicéis nunca un tono demasiado agresivo o imperativos (“envíame el documento”, “hazme esto o lo otro”, “págame ya”…).  Tampoco es bueno utilizar negaciones rotundas sin argumentos. Lo mejor es que todo siempre esté argumentado con respecto a algo (fórmulas como “no puedo aceptar esto porque…”, “me gustaría que comprendiérais mi posición porque…”, “vuestra tarifa no me parece adecuada porque…” pueden sernos de mucha ayuda). Las negaciones rotundas cerrarían de golpe la negociación y muchas veces no es eso lo que nos interesa, sino más bien intentar convencer al cliente de nuestra posición para salir ganando.
  6. no-1Marca tus límites y aprende a decir NO: por supuesto, si intentas abrir un proceso de negociación y aun así el cliente se empeña en imponerte sus condiciones cuando no te interesan o no te parecen dignas, entonces hay que saber rechazar el trabajo, aún sabiendo que nos arriesgamos a perder dinero. Tenemos que ser conscientes de que tenemos el 50% de poder en el proceso de negociación, y que por mucho que el cliente quiera imponerse éste no se saldrá con la suya hasta que nosotros no digamos que sí. El “NO” debe ser nuestra herramienta para hacerle ver al cliente que las condiciones que nos está ofreciendo no son adecuadas/no nos interesan, de forma que en un futuro, si quiere contactar con nosotros de nuevo, sepa dónde están nuestros límites y a qué debe atenerse. En cualquier caso, considero que puede ser interesante intentar abrir un diálogo antes de llegar al “NO” final, pues así aunque al final no se consiga el objetivo, por lo menos al cliente le quedará claro cuáles son nuestras condiciones y nuestros motivos.
  7. Aprende a jugar con el tempo: casi todos los procesos de negociación suelen ser muy parecidos. Lo normal es que el cliente sea el iniciador y el que nos plantee el encargo. En muchas ocasiones intentará imponernos su tarifa. En el caso de que ésta no nos interese, tenemos que ser capaces de darle la vuelta a la tortilla, y para eso necesitaremos un plan de actuación. Tenemos que aprender a jugar nuestras bazas y no hacerlo todo de una sola vez, sino tener siempre argumentos en la recámara para rebatir los que el cliente intente imponernos e ir poniéndolos sobre la mesa en el momento más adecuado.

Antes de terminar, quiero matizar (por si no ha quedado claro en el resto de la entrada) que no siempre será necesario iniciar un proceso de negociación. Lo normal es que directamente se acepten las condiciones si estas nos interesan o están dentro de un rango que consideremos aceptable. Lo de negociar lo reservaríamos únicamente para aquellos casos en los que las condiciones que nos ofrezcan no estén dentro de ese rango, de forma que podamos obtener unas condiciones que fueran más admisibles, o para cuando los clientes intenten imponernos sus tarifas o no quieran aceptar las que les estamos ofreciendo nosotros.

Antes de despedirme, aprovecho para recordaros que la semana que viene estaré en Madrid en #Traduemprende. Estoy deseando que llegue ya el fin de semana para poder conoceros en persona a algunos de vosotros y disfrutar de toda la jornada. Seguro que lo pasaremos bien.

LogoBombilla

¡Hasta la próxima!

Mafalda-Equivocarse

Errar es humano, es una de las máximas del hombre. Nos pasamos la vida equivocándonos, porque equivocarse es una de las vías del aprendizaje, una de las vías de la experiencia, y una de las vías, a fin de cuentas, del éxito:

“Quien piensa a lo grande tiene que equivocarse a lo grande”

Martin Heidegger

La equivocación también forma parte del trabajo del traductor, de su rutina y de su día a día. El traductor lidia cada día con ella intentando minimizarla al máximo, radicando el éxito no tanto en conseguir un 100% de acierto, sino una cifra lo más cercana al 0% en el número de errores. Parece lo mismo pero, a la hora de la verdad, hay una diferencia fundamental en el enfoque inicial que cambia todo el planteamiento. Y es en ese planteamiento en donde radica la esencia matemática de nuestra profesión (resolución de problemas, ya sabéis…).

Pero dejando a un lado estos fríos porcentajes, la verdadera virtud del traductor para minimizar sus errores no está tanto en la obsesión de buscar no equivocarse (“ay, señor, señor, que me quede como estoy…”), sino en su espíritu de trabajo, en su capacidad de minimizar daños y disminuir los riesgos, y en el orgullo y la voluntad propia de saber reconocer sus errores, entenderlos y asimilarlos, para posteriormente corregirlos y seguir mejorando en su devenir como profesional. He ahí la esencia de la experiencia. Porque, como decía una de mis profesoras de interpretación, “cuando cometes un error, tienes que ser capaz de tirar de la cisterna” (o, si no os gusta esa expresión, “de pasar página”).

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El error del traductor perdura en la eternidad. Menudo drama, ¿no? Dicho así, a cualquiera se le haría un nudo en el estómago cada vez que tuviera que tomar una decisión comprometida a la hora de resolver un problema de traducción complejo. Si a eso le añadimos otros factores como el tiempo o las restricciones propias de cada especialidad (no es lo mismo traducir un guión que un manual de instrucciones), entonces el nivel de presión puede ascender hasta alcanzar cotas en las que no podríamos ni respirar ni tener el suficiente oxígeno para pensar y reflexionar con tranquilidad sobre el problema en cuestión.

El gran traductor tiene que equivocarse a lo grande. Tiene que haberse equivocado mucho. Y tiene que ser capaz de salir a la palestra y decir, «sí, me he equivocado», y reconocer su error. Y, acto seguido, decir: «Y por eso ahora soy mejor traductor que antes». Como hace poco dijo Pablo Muñoz en su blog, si la has cagado, reconócelo. Reconocer un error es siempre el primer paso hacia la experiencia, el aprendizaje y el conocimiento.

Me resulta curioso el orgullo inherente que, en general, tenemos muchos traductores. Cada vez que nos marcan una coma, nos quitan una palabra o nos ponen algo en color rojo (por citar algunos ejemplos), no podemos evitar sentir un puñal clavándose en nuestra espalda. El amor individual hacia nuestras propias palabras, hacia nuestra particular forma de expresarnos, muchas veces nos ciega y nos impide saber encajar una crítica o reconocer un error, independientemente de si éste es más evidente o no. Y esto es algo que seguro que a todos nos ha pasado en algún momento.

En el caso de los traductores audiovisuales, el error perdura en la eternidad en la gran pantalla y en la pequeña. Y, si además, el error forma parte de una línea de subtítulos, entonces el drama es todavía mayor, ya que queda la presencia física del error, lo que hace que el dolor sea doble en muchos casos. Yo, como no podía ser de otra manera, ya he sufrido en mis propias carnes ver cómo un error propio perdura en la pequeña pantalla para siempre, y os aseguro que es una de las sensaciones más dolorosas que hay para un traductor. Ese orgullo inherente cae abatido de forma repentina, y nos deja con una sensación de desnudez e indefensión irreparable a corto plazo.

Es por eso por lo que, últimamente, estoy optando por deshacerme de ese orgullo o, por lo menos, de la parte mala de ese orgullo. Lo cierto es que muchas veces está bien tener algo de amor propio para saber defender una decisión concreta que sientes que es correcta, o que has tomado de manera premeditada aun entendiendo los riesgos. Otra cosa muy distinta es cuando la parte mala de nuestro orgullo se pone en nuestra contra, nos ciega y nos hace defender un error que ya es más que evidente:

“De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error”.

Cicerón

Otras veces, y esto es algo que ocurre mucho, a los traductores se nos suelen atribuir errores que, en realidad, no hemos cometido nosotros. Y ese es otro de los puntos negativos de nuestra profesión. Nuestra credibilidad y conocimiento no siempre se respetan. Son muchos los lectores que todavía culpan a los traductores cuando un libro o una película tiene una expresión malsonante o extraña para sus oídos. En su ignorancia queda conocer todo el proceso que hay desde que una traducción sale de las manos del traductor y llega a los actores de doblaje (en el caso de los guiones), o se incrusta en el vídeo final (en el caso de los subtítulos).

Uno de mis errores más gordos:

Como ya os he comentado, mi expediente de gazapos ya ha empezado a crecer y, con ello, mi experiencia también. Supongo que lo ideal sería encontrar un equilibrio entre el número de errores y la experiencia acumulable. Si pudiéramos separar estos elementos y ponerlos en una báscula, siempre que la experiencia esté por encima del error o en equilibrio con él, creo que el balance podría considerarse positivo.

Un error que me gusta contar mucho últimamente es el que cometí al traducir una característica especial de un personaje de Barter Kings (Los Reyes del Trueque). El personaje, en su versión original, decía que no tenía “fingertips”, y yo lo traduje como que le faltaban las “yemas de los dedos”. Pero, poco después, salió a relucir la verdad. Este personaje no es que no tuviera las yemas de los dedos, sino que le habían amputado la última falange de cada dedo de su mano izquierda porque sufrió un accidente:

ErrorBarterKings

Todavía me pregunto cómo diablos se me pudo escapar. Pero la cruda realidad es dura y cruel. Cuando vas contrarreloj y tienes que entregar sin falta un capítulo, muchas veces no te da tiempo de tomarte el tiempo suficiente para solucionar un problema, y das por hecho ciertos detalles que, al final, son los que te llevan a cometer el error.

Esta experiencia, junto con otras, me han enseñado a no apartar la vista de la pantalla y a no perderme ninguna escena a la vez que voy traduciendo. Antes me despistaba más. Y, aunque este error está ahí presente (y lo seguirá estando para los restos de la eternidad), creo que me ha ayudado a mejorar y a seguir creciendo. Y tener ese error en mi recuerdo como símbolo de un error gordo que ya cometí, también me hace esforzarme todavía más para intentar evitar repetir una metedura de pata tan grande como esa.

Y es que, como ya he dicho antes, los errores grandes permiten hacerte grande ante la adversidad. Y, como “solucionadores” de problemas que somos, muchas veces ése tiene que ser el mayor de nuestros consuelos y, al mismo tiempo, una de nuestras principales motivaciones. Seguro que en el futuro, gracias a todo eso, llegarán grandes aciertos que servirán para endulzar el amargo sabor de boca que se nos pudiera quedar con un error del pasado.

Así que, desde aquí, os animo a equivocaros mucho (sobre todo si todavía estáis formándoos), y a que aprendáis de todo ello. Así es como llegaréis, de verdad, a ser grandes.

Hoy quiero hablaros de lo bueno que puede llegar a ser estar implicado en proyectos que vayan más allá del mero beneficio profesional o académico, proyectos que de verdad te llenen a nivel personal y sirvan para mantenerte motivado y activo en las áreas que más te interesen.

Esa es una de las claves, la actividad. Es importante tener siempre algo entre manos que te ilusione. Los que asististeis al Eneti2013, seguro que recordáis la ponencia de Elena Fernández (reseña de Merche García Lledó), en la que nos animaba a todos a tener iniciativa, a luchar por lo que nos gusta y a trabajar duro para conseguir nuestras metas. La verdad es que no pude sentirme más identificado con sus palabras, porque gracias a ese espíritu surgió toda la idea de Tools4Translation.

LogoTools recortado

Es curioso que, muchas veces, las ideas surgen de repente y cuando menos lo esperas, y la reacción normal al respecto suele ser bastante escéptica, porque aunque la idea sea buena, rápidamente te das cuenta de que para conseguir tu(s) propósito(s) tendrías que hacer mil cosas, y que incluso algunas de ellas todavía no tienes ni idea de cómo llevarlas a cabo. Ahí es donde comienza la segunda de las claves, la iniciativa. Para empezar un proyecto o desarrollar una idea nueva, siempre hay que estar un poco loco, porque el primer paso normalmente suele ser un paso a ciegas. Sin embargo, darlo es lo que te permite seguir avanzando, aunque el paso haya sido en falso.

Así es cómo empieza todo. Al poco tiempo, cuando te quieres dar cuenta, ya has recorrido un buen trecho de camino. Y, entonces, valores como el compromiso, el esfuerzo y el trabajo duro cobran una importancia cada vez mayor.

Roma no se construyó en un día, y un proyecto como Tools4Translation tampoco. Ya llevamos, en total, más de un año de trabajo, y la web tan solo lleva publicada una semana. Es realmente complicado poder transmitir a la gente el trabajo que puede haber detrás de un proyecto así. Un proyecto que se ha hecho entre 4 personas de manera vocacional, por amor al arte y con una filosofía no lucrativa, en la que el único lucro es la satisfacción personal de ver los resultados del trabajo ya realizado.

En menos de una semana Tools4Translation ya se va acercando a los 100 usuarios, y muchos de ellos ya han comenzado a participar enviando sus entradas y artículos. Hasta este momento, no me había parado a pensar ni a analizar qué ritmo de crecimiento podía tener la página, pero creo que no pensaba que pudiera ser tan alto. Y es que, pensándolo fríamente solo con que se registren 2 o 3 usuarios al día de media, en cuestión de un año Tools4Translation ya contaría con una comunidad de entre 700 y 1.000 usuarios. No sé si llegaremos a esa cifra (ojalá que sí) pero, llamadme iluso, sueño con ello y esa ilusión me permite seguir trabajando duro para que la idea funcione.

Como algunos ya sabéis, el pasado 19 de marzo fue la presentación en la FTI de la UGR y, pese al chaparrón que cayó, los asistentes se mostraron muy interesados en el proyecto, algo que nos ha dado alas para seguir con nuestras labores de difusión en esta última semana.

Foto de los asistentes a la presentación de Tools4Translation

Llegó el ENETI y, aunque nos hubiera gustado poder difundirlo desde encima del escenario, al final optamos por el boca a boca y por repartir unos flyers que han servido para seguir dando a conocer el proyecto dentro de la comunidad traductoril (sobre todo entre los más jóvenes). De ahora en adelante, la idea es poder llevar nuestro proyecto a más facultades, bien en forma de pequeñas presentaciones o ponencias presenciales, bien llevando material promocional (folletos, panfletos, flyers, etc.) para que así los estudiantes, traductores noveles, docentes y profesionales puedan conocer el proyecto de primera mano.

También estamos empezando a acumular material audiovisual. Todo muy casero, pero hecho con mucho cariño y mucha ilusión. Pudimos grabar la ponencia en vídeo y hace apenas unas horas hemos podido estrenar también nuestro primer vídeo promocional:

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=sKq8YAWez_U]

[vimeo http://www.vimeo.com/62214230 w=500&h=375]

Presentacion oficial Tools4Translation en Vimeo.

También hemos creado varios videotutoriales para que ayuden a los usuarios a comprender la página y a interactuar con ella. (Ver vídeotutorial 1) | (Ver vídeotutorial 2)

Todavía queda muchísimo trabajo por hacer. Es verdad. Lo sabemos. Hay que seguir trabajando para mejorar la experiencia de navegación del usuario con la página web, y que le resulte más fácil compartir y participar en ella. Hay que potenciar más mejoras y pulir detalles, pero sé que lo conseguiremos. Si ya hemos llegado hasta aquí, ¿cómo no vamos a conseguir hacer realidad todo eso?

Entre los nuevos desarrollos, hemos acordado que, en el futuro, se va a realizar paulatinamente una adaptación de la página web para que sea más accesible para discapacitados visuales, y también se implementará una versión “Responsive” para móviles y tabletas, de forma que los usuarios puedan disfrutar de la página sin importar el dispositivo desde el que se conecten.

Pero, el reto más importante, sin duda, es el de la participación. Una comunidad no es tal si los usuarios que la componen no participan activamente. Es necesario que todos contribuyan para que todo cobre sentido. Es por eso por lo que aprovecho para animaros a hacerlo, bien como usuarios que contribuyáis con vuestras entradas, o bien uniéndoos al proyecto para trabajar en potenciarlo y mejorarlo. Desde aquí os digo que sois todos bienvenidos.

Y, sin más, me despido. Gracias por haber leído esta entrada y por dedicar una parte de vuestro tiempo a interesaros por este proyecto que tanto me ha ilusionado en el último año y pico.

Exponiendo durante la presentación de Tools4Translation

¡Hasta la próxima!

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Uno de los mayores retos a la hora de ganarte la vida como profesional es el de poder hacerlo dignamente. Muchos ya estaréis al tanto de la cantidad de empresas y agencias que hay en el mercado que ofrecen unas condiciones irrisorias, ¿verdad? Pues me temo que yo ya me he topado con una de ellas y he tenido que darle carpetazo al asunto recientemente. Y, ahora que lo pienso con algo de perspectiva, quizá he tardado demasiado en hacerlo.

La dureza del mercado

8164641-hombre-3d-empresario-caminando-sobre-la-delgada-lineaAbrirse paso en el mercado es muy duro, y cuando por fin te contacta alguna agencia o empresa para hacerte encargos, no puedes evitar sentirte afortunado y mirarlo desde una perspectiva equivocada. Y esto ocurre porque no tenemos las referencias suficientes como para valorar si lo que nos están ofreciendo es realmente digno o no. Por lo general, tampoco recibimos formación en esa materia, pues al acabar la carrera normalmente uno no sabe cómo elaborar un presupuesto o cómo afrontar un proceso de negociación. Así pues, en estos casos, lo normal es que ocurra lo siguiente:

  • La empresa en cuestión te expone cuáles son sus condiciones sin darte ninguna opción a negociar. Básicamente, te dicen que “esto es lo que hay”.
  • El traductor novato en cuestión tiene pocas referencias sobre tarifas y precios, y muchas veces suele creerse lo que le dicen, que suele ir en la línea de “está la cosa muy mal, y estamos rebajando las tarifas”.
  • Al no tener otra cosa a la que aferrarse, y sentir la presión de tener que tomar una decisión rápida,  el traductor acepta finalmente, lo cual es la peor forma de empezar, porque si aceptas desde el inicio unas tarifas muy bajas, será muy difícil negociarlas al alza en el futuro, y mucho más si luego dicha empresa te sale rana.

Por tanto, estaríamos entrando en un bucle en el que, aunque al principio creamos que nos interesa, a la larga nos acabamos dando cuenta de que no es tan provechoso para nosotros. Entonces… ¿Qué deberíamos hacer en este tipo de situaciones?

Paso 1. Aprende a negociar

Como ya he dicho antes, normalmente no te suelen dejar la opción de negociar o plantear un presupuesto nuevo basado en tus propias tarifas, algo que considero básico para poder alcanzar un acuerdo que sea beneficioso para la parte (sub)contratada. En general, creo que sería interesante tener en cuenta las siguientes recomendaciones (basadas en mi propia experiencia):

  • Plantea siempre tu presupuesto inicial. No te dejes intimidar nunca por las condiciones iniciales de la empresa, por mucho que te digan que el encargo es para ayer o que necesitan una decisión rápida (es más, aprovecha esta ocasión para incrementar la tarifa y argumentarlo a la inmediatez exigida por su parte). Envíales un presupuesto basado en tus tarifas y, en todo caso, negocia a partir de ese presupuesto que hayas planteado. Si tras enviarles el presupuesto no quieren negociar o se cierran en banda, entonces será el momento de tomar una decisión (que en la mayoría de los casos debería ser un “NO” rotundo).
  • Controla el timing. El timing es crucial a la hora de negociar unas tarifas. Es muy importante elegir el momento adecuado para plantear, por ejemplo, un recargo, o un incremento en la tarifa inicial. No sirve de nada que planteemos un recargo tras hacer una entrega, porque la empresa en cuestión no sentirá la misma presión que estás sintiendo tú, ya que acaban de recibir parte del trabajo y eso les permite estar tranquilos. Has de hacerlo antes, porque en ese momento todavía tendrás “la sartén cogida por el mango” y podrás presionarles un poco para conseguir lo que buscas.
  • Aprende a arriesgar. Como suelen decir por ahí, el que no arriesga, no gana. Para arriesgar tienes que tener muy claro qué es lo que puedes perder y qué es lo que puedes ganar. Si el beneficio que puedes obtener merece más la pena que lo que aceptarías inicialmente, entonces es el momento de ser valiente y tirarse a la piscina. Ten siempre muy claro en dónde está la barrera entre lo digno y lo indigno y procura quedar siempre por encima de ella. Solo así te sentirás bien de verdad contigo mismo.

Paso 2. Aprende a decir NO

dignidad basuraEs muy difícil rechazar algo, sobre todo si tenemos una necesidad y no podemos permitirnos quedarnos sin nada. Pero, de nada sirve aferrarte a algo que a corto plazo apenas te va a reportar un beneficio y que solo hará que acabes tirando tu dignidad y tu orgullo a la basura.

negociacion2Plantearos por un momento la siguiente utopía: si de repente todos los traductores dijéramos NO a todas aquellas empresas que nos pagaran menos de X euros por hora o por palabra, entonces a las empresas no les quedaría más remedio que subir el precio inicial. No hay que olvidar que el mercado se rige por las leyes de la oferta y la demanda y, en ese sentido, podríamos decir que tenemos el 50% del poder en nuestras manos, y parte de ese poder radica en la palabra “NO”, y en saber cómo y cuándo decirla.

Por tanto, si algo no te interesa, decir NO no debería hacerte sentir ese vacío al que tanto temes. Cuando lo hagas, deberías sentirte grande y orgulloso de haber sacado de ti ese lado valiente y fuerte. A veces, esa sensación es mucho mejor que 30 míseros euros, aunque al final tus ingresos a fin de mes se vean afectados.

Hazte valer y ten en mente que una parte de nuestra misión como profesionales consiste en dignificar nuestra labor. Y, ante todo, intenta llevar por bandera esa frase mítica de la Biblia traductoril que dice…

“Si no cobras lo que vales, acabarás valiendo lo que cobras”

Es una de las grandes verdades de nuestra profesión. Y, básicamente, consiste en que si cobras menos, al final para llegar a fin de mes tienes que trabajar más, por tanto, tienes menos tiempo para llevar a cabo tu trabajo y eso trae como consecuencia, en la mayoría de los casos, un resentimiento en la calidad del trabajo final.

La dignidad es un derecho, no un privilegio

Recordad siempre que la dignidad NO es un privilegio, sino un derecho que está amparado por el artículo 23 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

“ARTÍCULO 23.- Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo”.

wish-you-were-herePor tanto, si no queréis acabar quemados como Juan (mi amigo de la foto que aceptó traducir 2151342341 palabras por 0,02€/palabra), o sentiros pisoteados, es más que recomendable intentar establecer, cuanto menos, una estrategia para conseguir hacer más digno nuestro trabajo y obtener un beneficio a cambio que de verdad merezca la pena. Decid “NO” a los peanuts y recordad que, en el fondo, vosotros tenéis el poder. A la hora de la verdad, es una mera cuestión de encontrar el equilibrio vital en la fuerza. Yoda dixit.

yoda

Traductor, irrisorios precios aceptar no debes.

La fuerza oculta en tu corazón encontrarás.

¡Hasta la próxima!

Puede que muchos hayáis oído hablar alguna vez de lo que en el mundo del baloncesto los expertos denominan “intangibles”. Para aquellos que no lo sepáis, se trata de aquellas acciones que no se reflejan en las estadísticas oficiales pero que suponen un beneficio para el equipo (en ocasiones, un beneficio importante). A lo mejor este símil baloncestístico que quiero hacer me sale rana, pero mi cabeza no dejar de pincharme para que lo saque a la luz.

En las estadísticas del traductor (por continuar con el símil) se ven reflejados aspectos como las horas de trabajo, la productividad, la calidad, la eficiencia, el rendimiento, las tarifas, el precio final, etc. que siempre suelen ser los que más se tienen en cuenta a la hora de valorar al traductor como profesional. También son los que nosotros, los traductores, tomamos más en consideración a la hora de evaluarnos, y nos preocupa no poder estar a la altura en cada uno de ellos, por lo que estamos constantemente esforzándonos e invirtiendo para potenciarlos.

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Esta es María tras enterarse de que solo traduce 400 palabras/hora.

Sin embargo, que seas capaz de meter 50 puntos en un partido o, en términos traductoriles, de traducir tropecientas mil palabras, no implica que seas mejor traductor que otro que no esté a la altura de esas cifras. Creo, sinceramente, que hay otros aspectos más humanos que no siempre se tienen en cuenta y que deberíamos recordar de vez en cuando:

LOS INTANGIBLES DEL TRADUCTOR

    • Pasión por tu trabajo: un buen traductor debe amar su trabajo, porque se trata de un oficio duro y sacrificado, y solo amándolo es posible poder entregarte al 100%.
    • Curiosidad y ganas de aprender: los traductores estamos inmersos en un aprendizaje constante. Hoy tenemos que traducir un documental sobre el conflicto palestino-israelí, y mañana sobre el uso de los biocombustibles. Los temas que nos toquen no siempre nos van a interesar, pero es interesante tener una curiosidad que saciar y una motivación por aprender.
    • Espíritu de superación y afán de mejora: esta va ligada a la anterior. Para convertirse en un buen traductor y en buen profesional hay que ser exigente con uno mismo y desarrollar un sentido crítico que nos permita mejorar nuestra capacidad y nuestras destrezas a lo largo del tiempo.
    • Capacidad de esfuerzo y sacrificio: los traductores trabajamos muchas veces bajo presión y en situaciones límite, por lo que es importante desarrollar una fuerza de voluntad y un espíritu de trabajo que nos ayuden a lidiar con ese tipo de situaciones.
    • Dignidad: en la actualidad, nuestra profesión no es precisamente la mejor considerada del mundo, por tanto hemos de hacernos valer y tenemos que saber medir bien el trato que damos y recibimos por parte de nuestros clientes y compañeros de oficio. En ese sentido, todos tenemos derecho a recibir un trato digno.
    • Honradez y sinceridad: es fundamental que seamos justos y consecuentes con nuestro propio trabajo, además de saber cuándo aceptar o cuando rechazar un encargo midiendo bien nuestra propia capacidad y disponibilidad.
    • Ética y moralidad: El traductor, en general, suele verse condicionado por diversos factores. Unos de índole profesional, como el de la fidelidad al cliente y al autor, el de cumplir con sus encargos en el tiempo acordado y por el precio convenido, o el de satisfacer otros compromisos y responsabilidades que a menudo van ligados a su trabajo.  Por ello, deberá cumplir con máximas como:
        • Cobrar lo justo por cada trabajo,
        • Cumplir con los compromisos pertinentes,
        • Respetar al cliente,
        • Respetar a sus compañeros de profesión,
        • No dinamitar el mercado,
        • etc.
paco

Trabajo en equipo en España: definición gráfica.

  • Compañerismo y trabajo en equipo: Con compañerismo no me refiero a lo que la mayoría de gente suele hacer, que básicamente es procurar no llevarse mal con nadie. Creo que los traductores tenemos que trabajar en equipo en muchas ocasiones, tanto si trabajamos en plantilla como si somos autónomos, y ya se sabe que ese tipo de situaciones pueden desembocar en roces. Es bueno tener paciencia, saber mirar por el de al lado y ponernos en su lugar. Esto es, en una sola palabra, empatía. Para mí, el compañero ideal sería aquel que en un día de trabajo al límite o, directamente, en un mal día, me daría ánimos e incluso me ofrecería su ayuda para no dejarme solo ante el peligro. Siempre me ha gustado esa frase de “hoy por mí, mañana por ti”, pero sin dejar que haya ningún tipo de interés negativo de por medio, y basando esta máxima en el buen rollo y en el entendimiento mutuo. Todos tenemos malos días y siempre es agradable tener a alguien al lado que te ofrezca su mano.

Y, como yo siempre digo, creo que lo mejor que podemos hacer es procurar no convertirnos nunca en unos cretinos y, sencillamente, ser buena gente.

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¡Hasta la próxima!