Últimamente, he observado que al terminar la carrera de traducción e interpretación no son tantos los recién licenciados que se plantean seriamente la posibilidad de darse de alta como traductores autónomos, una opción que, incluso, muchos suelen valorar como poco fiable, inestable e inadecuada para adentrarse al mercado profesional. Si bien es cierto que, en general, hay mucha gente que estudia traducción e interpretación para dedicarse a la docencia de idiomas o como puente hacia otros empleos o disciplinas, la realidad es que la salida de autónomo no termina de estar bien vista.

En concreto, hay dos comentarios que suelo escuchar muy a menudo y con los que no termino de estar del todo de acuerdo:

(1) «Los autónomos tienen muchos gastos»

Suele decirse que ser autónomo en España es poco menos que una odisea por los gastos que se deben afrontar. Y mentira no es. El sistema actual de tributación obliga a los autónomos a pagar una cuota cuya base mínima está actualmente fijada en unos 262 euros mensuales. Una cuota que, en su mayoría está destinada a pagar la Seguridad Social y que suele aumentar cada año un pequeño porcentaje a causa de la inflación. A esta cuota hay que «sumar» las liquidaciones de IVA trimestrales («sumar», entre comillas, porque el IVA en realidad es una cantidad que no debería contarse como ingreso, pero en la práctica casi todo el mundo intenta arañar todo el IVA que pueda desgravando gastos para así sacar más ingresos).

Autonomo

Por otro lado, cuando empiezas como autónomo, tienes que hacer una serie de inversiones para montar tu propia oficina, como recientemente nos ha contado Merche García Lledó en su blog Traducir&Co. Por suerte, los traductores autónomos trabajamos desde casa, así que no tenemos por qué pagar un local o una oficina como suele ocurrir en otros negocios. Pero sí es muy conveniente invertir en mobiliario (una buena mesa, una buena silla y unas buenas cajoneras para almacenaje) y en equipamiento informático y ergonomía, sobre todo si vamos un poco escasos de equipo. Afortunadamente, esas inversiones iniciales puedes declararlas como gastos en el primer trimestre para de alguna manera recuperar parte de la inversión (si no sabes por dónde empezar, quizá te interese este curso de mi colega Pablo Muñoz).

Hasta ahí bien. Como he dicho antes, no es mentira que los autónomos tenemos gastos, pero no considero que sea excusa suficiente como para no aventurarse o como para descartar esta opción. Lo que más me molesta de todo esto son los prejuicios y la condescendencia negativa que tiene mucha gente con los autónomos. Como si los autónomos estuvieran siempre en la cuerda floja o como si no fueran capaces de subsistir.

Y es que, desgraciadamente, todavía hay quien piensa que los autónomos desempeñamos trabajos poco dignos o que hacemos cuatro cosas en casa para sacarnos unos ahorrillos, como si no tuviéramos un trabajo de verdad. Por suerte esto es algo que creo que poco a poco va cambiando (llamadme optimista), ya que si bien es cierto que ser autónomo puede llegar a ser diferente a trabajar como asalariado (esto depende de la profesión), en teoría todos contribuimos económicamente de un modo u otro a las arcas del estado, y personalmente puedo dar fe de que conozco a muchos autónomos que llevan una vidorra que ya quisieran llevar muchos funcionarios.

En definitiva, creo que es necesario romper con estos prejuicios porque no nos ayudan en nada y, además, creo que pueden generar miedo o rechazo en los jóvenes que tengan la ilusión de trabajar por cuenta propia como traductores o en cualquier otro empleo que puedan desarrollar desde casa.

(2) «Es mejor empezar en plantilla y luego hacerse autónomo»

Creo que todos hemos escuchado este comentario antes o después de la boca de algún colega, compañero, amigo o estudiante con la lección bien aprendida. Lo cierto es que no es un mal consejo, y probablemente la mayoría coincidamos en que quizá sea verdaderamente lo mejor. Pero eso no significa que un recién licenciado no pueda dar el salto al mundo freelance al poco tiempo de acabar la carrera. Eso fue lo que hice yo y, aunque debo reconocer que por momentos se hace bastante duro porque vas aprendiendo a base de palos, lo cierto es que no veo que sea algo descabellado o desaconsejable para los jóvenes.

Eso sí, para ello convendría asesorarse bien e incluso formarse para evitar un fracaso provocado por la inconsciencia o la ignorancia de la profesión, del mercado y de la fiscalidad de los profesionales autónomos. En tal caso, es recomendable buscarse a un buen gestor o una buena asesoría e, idealmente, tener cerca a un par de compañeros traductores con experiencia que puedan echarte una mano en un momento dado, o incluso actuar como revisores de tus proyectos. Es cierto que eso hará que ganes menos al principio, pero te garantizo que te ahorrarás muchos disgustos y aprenderás mucho de los profesionales de los que te rodees.

Ventajas reales

En mi opinión, toda esa bola de negatividad y pesimismo, llena de prejuicios, que gira en torno a los traductores (y profesionales) autónomos oculta buena parte de las ventajas reales que puede llegar a tener esta salida. Aquí van algunas:

  • Puedes trabajar desde casa.
  • No tienes jefe y eres libres para tomar tus propias decisiones.
  • Puedes desgravar IVA e inversiones que hagas en tu trabajo.
  • Ganas más por los proyectos que realizas que si trabajaras en una empresa como asalariado.
  • Puedes ser flexible con tu tiempo e incluso tomarte algún día libre si lo necesitas (aunque esto también tiene su parte negativa).
  • Si eres joven, esta puede ser una buena forma de adquirir experiencia y salir del círculo vicioso de «no trabajo porque no tengo experiencia, y no tengo experiencia porque no trabajo».
  • Y lo más gratificante de todo, inviertes tu tiempo, esfuerzo y dinero en tu propio proyecto personal. Porque, aunque es cierto que los traductores autónomos pueden trabajar para muchos clientes, también trabajan para sí mismos.

Inconvenientes reales

Pero por desgracia, no todo son ventajas y también hay que lidiar con una serie de inconvenientes:

  • Pagas una cuota mensual destinada a pagar tu Seguridad Social. Actualmente la cuota básica está en unos 265 euros, pero desde la aprobación de la Ley de Emprendedores los jóvenes que se den de alta pueden beneficiarse de una tarifa plana especial y pagar 50 euros durante los 6 primeros meses con subidas progresivas de la cuota cada 6 meses.
  • Eres tu propia empresa y tienes que buscarte a tus propios clientes, y al principio cuesta muchísimo hacerlo. A este respecto, ayuda mucho acudir a eventos profesionales para hacer contactos y conseguir una buena visibilidad en Internet, para lo cual probablemente tendrás que invertir tiempo en crear tu propia marca personal y una página web profesional. Pero son cosas a las que tendrás que dedicarles tiempo adicional.
  • Solo cobras cuando trabajas. Por tanto si te pones enfermo o necesitas unos días de vacaciones, tendrás que renunciar a tus ingresos habituales. Por ello es muy recomendable hacer una buena planificación económica, ahorrar y tener un buen colchón por si en algún momento las cosas se tuercen.
  • Si trabajas en casa, es fácil dispersarse, coger malos vicios o distraerse con otras tareas domésticas si no eres disciplinado y gestionas bien tu tiempo.

Vale, ¿pero merece la pena o no?

Lo que está claro es que, según hemos podido ver, darse de alta como autónomo puede ser una opción más que factible (con sus ventajas e inconvenientes) y muy digna por la que se puede optar al terminar la carrera. Eso sí, es una salida más cuyo éxito dependerá, muy probablemente, de hacer un buen planteamiento para conseguir clientes y crecer de manera progresiva con una rentabilidad adecuada. Conviene trazar un plan de actuación y asesorarse para no meter la pata. Por otro lado, la introducción de la tarifa plana para jóvenes autónomos ayuda bastante a que los recién licenciados puedan dar el paso y marcarse el objetivo de crecer de forma progresiva para ir cubriendo las subidas de la cuota. 50 euros al mes es una cantidad que se puede cubrir fácilmente mensualmente  y que no supone demasiado esfuerzo si dispones del apoyo de tu familia o si has conseguido ahorrar un poco de dinero por tu cuenta. Si, además, ya cuentas con algún cliente con el que puedas trabajar nada más darte de alta, entonces mejor aún.

La decisión final, por supuesto, depende de ti y de tus ilusiones y ambiciones. A priori es difícil saber si una decisión así merecerá la pena o no, pero soy optimista y te digo que, si te lo montas bien, puedes vivir estupendamente trabajando desde casa (eso sí, no creo que te vayas a hacer millonario, pero quizá sí te dé para emanciparte al cabo de un tiempo). Por otro lado, también hay muchos compañeros que prefieren trabajar en plantilla a ser autónomos porque creen que es mejor (tienes un horario fijo, fichas al entrar y al salir y cuando sales de trabajar por lo general te olvidas).

Yo conseguí establecerme como autónomo en apenas un año y pico (¡y hasta me emancipé mucho antes de lo que pensaba!), así que he tenido bastante fortuna en muchos aspectos, pero hay muchos compañeros que no lo han conseguido o que, incluso, habiéndolo conseguido, al final no han podido aguantar y han tenido que dejarlo por diferentes motivos. Esto es algo que, si eres novato, conviene que sepas, ya que ser traductor autónomo puede ser el mejor trabajo del mundo, pero aún con una buena planificación puede ocurrir que las cosas salgan mal, así que conviene no confiarse demasiado incluso en los momentos en los que todo vaya bien. Como suele decir nuestro colega Xosé Castro (@xosecastro), los clientes hay que buscarlos con la barriga llena, y no cuando las cosas van mal.

Para cerrar, hago un llamamiento general a todos aquellos que no sean traductores y hayan leído esta entrada por la curiosidad del título. No compadezcáis (más) a los (traductores) autónomos que trabajan desde casa. Porque, aunque lleven el mismo chándal desde hace unos días y huelan mal (algo que no suele ocurrir :mrgreen: ), es posible que ganen más que tú. 

¡Hasta la próxima entrada!

Origen: El arte de cautivar en traducción

En estas últimas semanas he estado leyendo el libro El arte de cautivar, de Guy Kawasaki, un experto en marketing y nuevas tecnologías que trabajó para Apple en los años 80 y 90. Según Guy Kawasaki, «cautivar» sería el proceso de seducir a la gente con un producto, un servicio o una idea. En este libro, Guy da multitud de consejos muy generales que se pueden extrapolar fácilmente a cualquier negocio o a cualquier causa. De todos esos consejos, he elegido 7 que considero que pueden ayudarnos a mejorar como traductores profesionales.

Nosotros, como traductores, ofertamos principalmente servicios a nuestros clientes. Por tanto, el foco de atención no recae en un producto que hayamos creado, sino en el trabajo y las soluciones que podemos ofrecer a empresas y profesionales. En consecuencia, somos nosotros como profesionales los que debemos convencer a nuestros clientes.Debemos gustarles, ganarnos su confianza y crear un hechizo duradero que nos permita seguir colaborando con ellos durante mucho tiempo.

En definitiva, debemos cautivarles. Vamos con los 7 consejos para cautivar en traducción:

1. Intenta caer bien a tus compañeros y clientes potenciales desde el primer momento

¿Alguna vez te ha cautivado alguna persona que no te gustara? Seguro que no. Las personas negativas o tóxicas difícilmente cautivan a los demás. Más bien nos deprimen, nos irritan o nos ponen de mal humor. Probablemente no querrás comportarte así cuando acudas a una entrevista de trabajo o a un evento, porque generarías un efecto negativo y correrías el riesgo de ser rechazado demasiado pronto.Rechazo

Para gustar a los demás, el primer paso sería dar una buena primera impresión. No vamos a entrar en los típicos temas de cuidar la vestimenta y otras cuestiones estéticas típicas. Son importantes, desde luego, pero es algo que casi todos solemos cuidar y, en realidad, la clave está en intentar no destacar demasiado (si nos arreglamos mucho, podemos parecer pretenciosos; si no nos arreglamos nada, podemos parecer demasiado descuidados). Más allá del tema estético, la clave para causar una buena primera impresión está en intentar mostrarnos simpáticos, cercanos y, sobre todo, sonreír desde el primer momento. Sonreír no cuesta nada y una buena sonrisa transmite una sensación positiva y agradable a los demás.

Conversación

Intenta comunicarte de una manera sencilla. Somos traductores, pero no por ello tenemos que ir haciendo gala de una verborrea insoportable o de lo mucho que sabemos sobre nuestras especialidades. A nadie le gustan los prepotentes, así que guárdate tu nivel de sabiduría para cuando tengas que usarlo en tu trabajo o si te preguntan alguna duda concreta. Utiliza un lenguaje sencillo (a fin de cuentas, es el más efectivo) y procura no ser concluyente en tus intervenciones. En lugar de eso, haz preguntas inteligentes (sin pasarte) para demostrar interés por la otra persona y evita centrarte solo en hablar de ti. Es la mejor forma de crear un ambiente distendido y de alargar las conversaciones con las personas con las que estés interactuando.

2. Crea tu propio pastel o amplía el que ya conoces

No veas a tus compañeros y colegas de trabajo como tus principales competidores. Si lo haces, se notará en tu manera de relacionarte con ellos. En lugar de eso, piensa en lo que puedes aportarles y en lo que ellos pueden aportarte a ti. En el tiempo que llevo trabajando como traductor, he tenido la oportunidad de colaborar en varios proyectos con compañeros a los que fácilmente podría haber juzgado como mis competidores. Si lo hubiera hecho, difícilmente hubiera podido crear Traduversia con Pablo Muñozo tal vez no habría tenido la oportunidad de participar en el proyecto Negocia Vende Traduce con Marta Stelmaszak, Pablo Muñoz y Lourdes Yagüe, o quizá no hubiera conseguido tantos clientes relacionados con la traducción y el mundo audiovisual.

NVT

Si generalizamos, fácilmente veríamos que existen dos tipos de profesionales: los que comen y los que dan de comer. 

  • Los que comen quieren conseguir un trozo más grande del pastel que otros han creado. En consecuencia, piensan que si ellos ganan, tú pierdes, y que si tú ganas, ellos pierden. Esta es una forma de pensar muy negativa que crea mercados y grupos de profesionales sectarios que solo se miran su propio ombligo y que intentan por todos los medios superar o derrotar a sus «rivales».Pastel
  • Sin embargo, los que dan de comer buscan la manera de hacer más grande ese pastel para beneficiarse ellos y, al mismo tiempo, para que también puedan beneficiarse los demás. Estos piensan que con un pastel más grande todo el mundo saldría ganando (no solo ellos). Ese es el principal valor de la colaboración: buscar el beneficio mutuo en lugar del beneficio propio.

3. Cuida con mimo a los clientes que ya tienes

cuidar-clienteNo hay que dejar de cautivar a los clientes que ya tenemos aunque ya hayamos afianzado nuestra relación con ellos. El objetivo de cautivar no es una mera transacción o una venta de una sola vez. Hay que mantener viva la llama y hacerles sentir que son importantes para ti y que te encanta seguir colaborando con ellos.

Por ejemplo, uno de mis clientes me comentó en una reunión que había perdido los archivos originales de su logotipo y que solo disponía de una imagen de su logo con una resolución muy baja y una mala calidad. Pues bien, habíamos colaborado ya en tantos proyectos y el logotipo era tan sumamente sencillo que, en un rato que tuve libre un fin de semana, le creé una versión nueva del logo en alta resolución y se la envié para que lo tuviera. Mi cliente se alegró muchísimo y tardó muy pocos días en asignarme un nuevo proyecto, así que esa inversión desinteresada de tiempo y esfuerzo al final la acabé amortizando a los pocos días.

En definitiva, si eres capaz de hacer feliz a los clientes que ya tienes y te involucras en sus causas desinteresadamente, seguro que seguirán contando contigo para nuevos proyectos.

4. Deja de quejarte y toma decisiones inteligentes

Balwing Businessman

A todos nos cansan las personas que están quejándose todo el tiempo de algo, ¿verdad? Quejarse es una actitud muy española y una constante que tenemos muy asimilada a nivel cultural. Pero no debemos olvidarnos nunca de que, por mucho que nos guste quejarnos, la queja en sí NO nos servirá para avanzar o solucionar un problema.

Desde luego, todos pasamos por momentos malos en los que necesitamos desahogarnos, pero debemos superar esa fase y centrarnos en buscar soluciones que nos permitan resolver las situaciones que tenemos. Lo que ocurre es que no es nada fácil tomar decisiones. Todos tenemos compañeros o familiares que se quejan constantemente de su jefe, de su trabajo o del vecino de en frente. Sin embargo, estos no son capaces de tomar una actitud resolutiva y dar un paso al frente para solucionar su problema (hablar con su jefe, cambiar de trabajo, hablar con el vecino, etc.).

El miedo (a perder el trabajo o a crear un conflicto) es muchas veces el principal responsable de que no salgamos de esa actitud de queja, pero debemos ir más allá. No pasa nada por quejarse una, dos o tres veces. Pero si no quieres convertirte en ese quejica al que nadie soporta, intenta buscar una solución para cada queja que tengas. Quizá tengas que tomar riesgos y quizá te salga mal la jugada, pero al menos habrás hecho algo para arreglarlo. Si actúas con inteligencia, probablemente conseguirás dejar atrás las quejas y empezarás a cosechar resultados.

Por otro lado, tampoco debemos caer en el error de confundir la queja con ser exigentes o perfeccionistas. La diferencia está en la actitud y en la forma de plantear los contras o los puntos negativos a la hora de criticar algo. Hay muchas personas que no se dan cuenta de que se centran más en lo malo que en lo bueno y, en consecuencia, toman una actitud de queja que les perjudica y que les convierte en personas negativas y destructivas. Sé autocrítico e intenta darte cuenta de cuándo estás siendo más negativo de la cuenta. Una buena práctica puede ser intentar sacar un pro por cada contra que vemos, para de algún modo contrarrestar el exceso de negatividad. Una vez tengamos los pros y contras, deberemos marcarnos el objetivo de mejorar los contras, pero siempre con una actitud positiva y constructiva.

5. Amplía tus conocimientos y competencias

Aprender

Los conocimientos te sirven para demostrar que tienes dominio de un tema concreto gracias a tu formación o a tu experiencia. Ser competente, sin embargo, es algo diferente, dado que «saber» no es lo mismo «hacer».

Hacer algo que has aprendido recientemente no implica que tengas un dominio elevado sobre ese tema. Seguramente puedas hacer ese trabajo bien, pero probablemente te surgirán problemas por tu falta de competencia que deberás resolver sobre la marcha y que pueden mermar tu productividad y tu rendimiento.

En cambio, cuando haces algo que ya has hecho mil veces, entiendes perfectamente los problemas y las dificultades a las que te vas a enfrentar. Esto significa que ya has desarrollado tu propio método de trabajo y que tienes un cierto nivel de especialización en la materia que, en consecuencia, te permitirá anticiparte, planificar y resolver.

Nuestro objetivo principal en cuanto a conocimiento y competencias debe ser, por tanto, evolucionar más allá de saber lo que hacemos, hasta hacer lo que sabemos. Son dos percepciones distintas que se diferencian por dos cuestiones principales: el automatismo y la especialización.

6. No te centres solo en el dinero

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La gente paga por una solución y, en consecuencia, por la satisfacción de ver un problema resuelto. La solución llega primero cuando aportas tu trabajo, la satisfacción llega después cuando tus clientes comprueban que, efectivamente, has sido capaz de cubrir esa necesidad que tenían y para la que te contrataron.

Si solo buscas el dinero, se notará que ese es tu único interés. Sin embargo, si demuestras pasión por lo que haces y te involucras en los proyectos de tus clientes como si formaran parte de tu propia causa, entonces es probable que sigan confiando en ti y te envíen más proyectos. El dinero no debe ser nuestra principal motivación. Desde luego, todos queremos ganar dinero para vivir mejor, pero no debemos perseguirlo como el último fin, sino más bien como una parte del proceso, como un elemento que está ahí, que es importante, pero no lo principal.

Eso no significa que tengamos que trabajar gratis o que aceptemos proyectos a precios irrisorios. La rentabilidad también debe ser uno de nuestros objetivos, pero no debemos olvidar nunca que nos dedicamos a este trabajo porque es lo que nos motiva, lo que nos gusta y lo que nos hace felices. Si solo miramos el dinero, probablemente llegará un momento en el que nos quemaremos y perderemos el amor por lo que hacemos. 

7. Siembra y recoge

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Si das mucho y lo das bien, probablemente también recibirás mucho a cambio. Haz cosas por los demás de forma desinteresada. Ayuda a tus compañeros y colegas de trabajo, a tus clientes, a tu jefe… Seguro que te sorprenderá la respuesta que tendrán contigo, sobre todo si eres capaz de hacer favores que marquen la diferencia. Quién sabe, quizá un acto desinteresado te acabe sirviendo para fidelizar a ese cliente que tanto ansiabas o para conseguir un ascenso sin tú saberlo. En ese sentido, «quien siembra, recoge».

La clave para sembrar y recoger está en no esperar recibir nada a cambio. Si haces algo esperando que te lo compensen, te estás dejando llevar por el interés. Sembrar consiste, más bien, en ser buena persona, buen compañero y buen profesional. Consiste en involucrarte en cosas en las que otros no se involucrarían por no ver el lucro o el beneficio personal. Si mantienes esa actitud desinteresada, es probable que antes o después te compensen ese favor que hiciste, también de forma desinteresada.

¡Manos a la obra!

Espero que estos consejos te sirvan para crecer profesionalmente y para cautivar a tus clientes. En realidad, son sobre todo cuestiones básicas de actitud, competencia, profesionalidad y saber estar. Ahora te toca a ti ponerlos en práctica y comprobar si funcionan de verdad. A mí, desde luego, me han funcionado bastante bien. ¡Ya me contarás!

 

Hoy tengo una gran noticia que daros. A finales de mes pongo rumbo a tierras manchegas, donde por fin podré disfrutar de la independencia. Hace poco más de dos años que me gradué y, desde entonces, la fortuna y el trabajo duro han hecho que por fin pueda dar el paso más importante que he dado hasta ahora en mi vida: vivir por cuenta propia. Esto me lleva a hacer una lectura positiva de toda esta etapa de transición que termina que, muy probablemente, será extrapolable a pocos casos, dado que entran en juego factores muy diversos. Pero aun así, no voy a morderme la lengua y voy a atreverme a daros un mensaje cargado de optimismo:

«Sí, chicos, la emancipación es posible».

CuandoLaEmancipaciónEsPosible

7 consejos para emanciparte

Después de todas las experiencias que he tenido en estos años, me atrevo a afirmar que la emancipación es posible al poco tiempo de terminar la carrera, pero evidentemente no existe una fórmula secreta para conseguirla, pues cada caso es único, y además es evidente que el factor suerte juega un papel importante. Aun así, voy a atreverme a daros algunos consejos basados en mi experiencia que quizá os puedan ser de utilidad de aquí en adelante.

Aquí van:

1. No esperes a terminar la carrera para empezar a moverte

competitivoSi estás en el último año de carrera o te queda poco para terminar, quizá te convenga empezar a moverte ya en lo profesional. No me refiero únicamente a que empieces a mirar ofertas de trabajo o a conseguir las primeras entrevistas (que también), sino a otras alternativas que también puedan reportarte algún beneficio en el futuro. Puedes hacerte unas tarjetas de visita, acudir a eventos profesionales de traducción para conocer a profesionales más experimentados, poner en marcha algún proyecto original o intentar “colarte” en alguna quedada traductoril para empezar a meter cabeza en el gremio.

Todavía recuerdo cuando estaba en el último año de la carrera y me dio el venazo de hacerme unas tarjetas de visita. Pensé que era un momento idóneo, pues de esa forma podía empezar a promocionarme y dar una imagen un poquito más profesional si me acercaba a algún evento o congreso de traducción. Y así fue. En los primeros eventos y quedadas a los que pude acudir, conocí a gente fantástica que me ayudó muchísimo y me dio muy buenos consejos.

Además, antes de terminar la carrera también busqué hacerme con unas prácticas por mi cuenta (así fue como conseguí un puesto de traductor en prácticas en Acción Contra el Hambre) y empecé a invertir tiempo en trabajar mi presencia en internet, lo cual me trajo mi primera oportunidad con un estudio de doblaje gracias a mi perfil de Linkedin.

En mi opinión, moverme antes de terminar fue un gran acierto, pues salí prácticamente catapultado sin quedarme parado en los meses/semanas posteriores a mi etapa universitaria.

2. Atrévete a hacer cosas que sabes que puedes hacer, aunque sean difíciles y diferentes

zonaconfortEstoy seguro de que hay muchas cosas que podrías hacer si realmente te atrevieras a hacerlas. Todos tenemos aptitudes que nos diferencian de los demás. Sin embargo, curiosamente, al terminar la carrera suele ocurrir que muchos compañeros opten por unas salidas muy parecidas a las que tú buscas. Quizá porque en esa ciudad las agencias de traducción se cuentan con los dedos de una sola mano y coinciden al elegirlas, porque hay un máster que está muy de moda, por una falta de orientación, o porque los profesores han mencionado una serie de salidas típicas sin ofrecer más alternativas y todos os habéis aferrado a ellas.

Pera la realidad es bien distinta. Hay mucho más ahí fuera. Creedme. No solo existen las agencias de traducción, los másteres o la docencia de idiomas (por citar algunos ejemplos de salidas típicas). Personalmente, una de las mejores decisiones que tomé en su momento (y esto lo sé ahora, y no antes) fue invertir tiempo y dinero en formarme en temas de diseño y maquetación para complementar mi condición de traductor. Una actividad que nada tiene que ver con traducir, pero que me ha permitido diferenciarme y buscar otras salidas, muchas de ellas relacionadas también con la traducción, como el curso de maquetación para traductores con Adobe InDesign de AulaSIC o colaboraciones como maquetador con otros profesionales y empresas del sector de la traducción.

Para dar ese tipo de pasos, hay que arriesgarse, salir de la zona de confort, descubrir nuevas alternativas y pasar por tragos que pueden resultar difíciles, pero que una vez dados refuerzan tu valor y tu confianza en ti mismo de cara al futuro.

Cuando lanzamos la primera edición del curso de InDesign, la verdad es que al principio pensaba que no iba a matricularse nadie, pero curiosamente en las primeras ediciones conseguimos contar con más de 10 alumnos,  lo cual para mí fue un gran logro, y con el tiempo fuimos consiguiendo atraer a más y más alumnos hasta que el pasado mes de mayo conseguimos superar los 40 alumnos matriculados en el último curso que se organizó con el apoyo de AulaSIC, ANETI y CEOE, en el que se agotaron todas las plazas en apenas unos días.

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También me resultó muy duro dar mi primera charla en Traduemprende delante de profesionales con una mayor experiencia que yo, pues sabía que muchos podían juzgarme por mi juventud, pero aun así lo hice porque me sentía capaz y eso me hizo progresar como profesional, ganar confianza y conseguir nuevas oportunidades (mención especial para Leon Hunter, que me dio la oportunidad de participar en el evento).

3. Ten claro lo que quieres, pero no te cierres a las oportunidades que la suerte y el azar puedan traerte

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Lo bonito y, a la vez, complicado de la suerte es que nunca sabes cuándo se te va a aparecer. Pero si algo he aprendido en este tiempo es que las oportunidades acaban llegando, siempre que te mantengas activo y visible. ¿Quién sabe? Quizá mañana te llame un compañero traductor para encargarte un proyecto de 20 mil palabras porque él está demasiado ocupado (estas cosas ocurren), o quizá acudas a un evento y conozcas de casualidad al jefe o encargado de recursos humanos de una agencia de traducción que tiene un proceso de selección abierto y te invitan a participar en él.

cambio-sentido-distinto-nivelLo importante en estos casos es estar preparado para aprovechar esas oportunidades y para saber apreciarlas. Quizá en el momento en que se te presentan no entran dentro de tus planes, pero es posible que esas oportunidades puedan llevarte por un camino diferente que no te habías planteado y que podría acabar gustándote. Así me enamoré yo de la traducción audiovisual, de casualidad, porque en realidad cuando estaba al final de la carrera yo quería traducir videojuegos (quizá porque me dejaba llevar por la moda del momento), pero un día me contactaron para traducir un documental y desde entonces no he parado de traducir documentales, series y hasta películas. Así se las gasta Murphy…

4. Estate al loro de todo y échale morro

OrejaLa suerte no siempre aparece de la nada, también se puede buscar si somos un poco espabilados. Utiliza las redes sociales con inteligencia, entérate de cuáles son los próximos eventos y congresos de traducción, sigue a profesionales relacionados con tus intereses profesionales, infórmate de cursos asequibles que te permitan complementar tu formación y conocer a otros compañeros, regístrate en portales de empleo en los que veas ofertas relacionadas con tu perfil profesional, busca empresas que te interesen y consulta sus listados de ofertas de trabajo, hazte con las direcciones de correo electrónico y los teléfonos de los encargados de recursos humanos de las empresas y escríbeles para tantearles…

En definitiva, si no llega la oportunidad, búscala tú mismo. Haz que ocurra. Quizá así también puedas conseguir ese trabajo que tanto anhelas.

5. Conócete a ti mismo y muestra una actitud profesional en todo lo que hagas

reflejo-en-el-espejo-5La transición de la universidad al mercado profesional es una etapa difícil en la que hay mucho que demostrar. En mi opinión, una de las claves principales radica (además de en la preparación) en la actitud que demostremos en determinadas situaciones como entrevistas de trabajo, conversaciones con nuestros primeros clientes o quedadas (en contextos profesionales) con otros compañeros traductores, por citar algunos ejemplos. De una forma u otra, tenemos que demostrar una actitud profesional para hacernos valer.

Hay valores como la seriedad, el compromiso, la naturalidad, la sinceridad, la humildad o la seguridad en uno mismo que suelen jugar un papel crucial a la hora de generar confianza en los demás. Si consideramos que tenemos carencias en alguno de esos valores, o en otros personales que podamos considerar importantes, siempre podemos anticiparnos e intentar trabajar esas carencias para mejorar como personas y como profesionales. Por ejemplo, si somos poco sociables, podemos apuntarnos a cursos y obligarnos a participar en ellos; si nos cuesta hablar en público, podemos apuntarnos a algún taller de oratoria o quizá volver a dar algunas clases de interpretación de conferencias :P. Siempre hay soluciones.

Personalmente, encuentro muy útil participar en charlas, talleres y congresos para ponerme a prueba y superar los típicos miedos a hablar en público y a relacionarme con otros profesionales, pues en realidad siempre me he considerado tímido para hablar con gente nueva y hacer contactos. Al final, siempre podemos encontrar algún mecanismo para mejorar nuestra actitud y dar una mejor imagen.

6. Ahorra todo lo que puedas y más

AhorrarPara emanciparse es más que recomendable ahorrar una cantidad considerable de dinero, sobre todo si trabajas como autónomo. Disponer de un cierto colchón te dará más tranquilidad y una mayor estabilidad en los primeros meses.

Cuando te emancipas, empiezas a tener una serie de gastos que antes no tenías. Tienes que empezar a responder a los gastos de alquiler, luz, agua, ¡internet! y, muy probablemente, calefacción en invierno, además de los gastos mensuales de la compra (comida, ropa, productos de limpieza e higiene, etc.). La cantidad idónea para emanciparte dependerá también de tus aspiraciones y de si vas a irte a vivir con alguien o tú solo. Pero quizá sí deberías calcular una cantidad que te permita tener un margen de varios meses de maniobra en caso de que las cosas vayan mal o surjan imprevistos con los que no contabas.

Si has conseguido un contrato con alguna agencia o empresa, entonces quizá lo tengas algo más sencillo para irte por tu cuenta. Trabajar en plantilla puede darte una mayor estabilidad en lo económico, aunque en los tiempos actuales conviene no confiarse demasiado, así que probablemente también sería recomendable tener unos ahorros aunque tengamos garantías de seguir durante varios meses en el puesto que estemos ocupando. En esta vida nada es seguro.

7. Ponte una fecha aproximada para dar el paso e idea un plan de actuación

calendario_planificaciónTanto si acabas de terminar la carrera, como si ya has hecho avances de algún tipo en lo profesional y estás haciendo tus primeros pinitos, puede ser muy interesante marcar una fecha en el calendario para tu emancipación. De esta forma, podrás planificar los avances y logros que debes conseguir hasta que llegue ese día. Si ya eres autónomo, quizá tu objetivo sea lograr facturar x euros más al mes (para todo esto, esta calculadora  y CalPro me resultaron muy útiles), o bien conseguir nuevos clientes para ampliar y diversificar tus ingresos (estos dos fueron los objetivos que me marqué yo, por ejemplo). Si por el contrario acabas de entrar a trabajar en una empresa, quizá tu objetivo sea ahorrar una determinada cantidad de dinero para poder irte de casa, o aspirar a un ascenso o un trabajo mejor para dejar de depender de esa ayuda que todavía te dan tus padres.

Sea como sea, tener una fecha de referencia te hará tener una ilusión constante y un objetivo que cumplir, lo cual te permitirá mantener tu motivación alta. Además, si finalmente consigues el objetivo, sentirás una gran satisfacción contigo mismo, ilusión y una gran alegría, como la que siento yo ahora mismo mientras escribo esta entrada. 🙂

 

Motivación personal

 

Pues nada, chicos, os deseo toda la suerte del mundo y espero que estos consejos os sirvan al menos para seguir avanzando en vuestro futuro más próximo. Ya me contaréis.

¡Hasta la próxima!

 

Una de las primeras preocupaciones que nos surgen cuando iniciamos nuestra andadura en el mercado profesional de la traducción es la de cómo enfrentarnos a nuestros primeros encargos. Como ya vimos en el blog, al terminar la carrera es realmente complicado echar a andar si no hemos tenido la oportunidad de ponernos a prueba. Además, darse de alta de autónomo justo al terminar la carrera suele considerarse una opción arriesgada, ya que puede haber carencias en aspectos básicos como la productividad, la gestión del tiempo, la elección de tarifas o la atención al cliente. He aquí algunas claves para que consigas salir airoso de tu primer encargo:

1. Cuida la comunicación con tu cliente

Normalmente, los encargos comienzan con un proceso de diálogo entre el traductor y el cliente. En esta fase inicial, es fundamental que demostremos profesionalidad y seguridad al comunicarnos con él. Para ello, nada como cuidar al máximo nuestra redacción y nuestra ortografía y ortotipografía. Somos traductores, así que eso implica que todos nuestros mensajes deben ser impecables.

Para darle un punto profesional a nuestro mensaje, puede ser muy interesante añadir una firma personalizada. Si disponemos de Outlook o Gmail, esta será una tarea bien sencilla. Si queremos potenciar más aún las características de nuestra firma, también podemos utilizar aplicaciones externas como WiseStamp, que nos permite añadir imágenes especiales e iconos de nuestras redes sociales, entre otras muchas funciones.

Como recomendación personal, os aconsejo contratar un dominio .com que incluya una dirección de correo personalizada del tipo «micorreo@micorreo.com». Un correo con dominio propio nos ayudará a dar una imagen más seria y profesional a nuestro(s) cliente(s). Si no nos gusta el gestor de correo por defecto de nuestro dominio, siempre podremos vincular nuestra cuenta de correo a Outlook o Gmail, lo cual es ideal si ya estamos acostumbrados a trabajar con estas herramientas o si ya tenemos otras cuentas de correo y no queremos tenerlas desperdigadas por la red.

2. Evalúa bien la naturaleza del encargo y las necesidades del cliente

En esta fase inicial en la que todavía nos hallamos, es muy posible que el cliente nos mande uno o varios archivos sobre los que tendremos que trabajar posteriormente. Este nos comentará brevemente qué necesita, pero es muy probable que no nos dé toda la información que nosotros necesitamos.

Es, por tanto, nuestra misión asegurarnos de que entendemos bien las necesidades y las instrucciones de nuestro cliente. Para ello, una buena estrategia puede ser enviarle un mensaje de confirmación a nuestro cliente que incluya las condiciones pactadas y un listado con las tareas y objetivos del proyecto. Lo normal en estos casos será acordar aspectos como los siguientes:

  • Direccionalidad de la traducción (por ejemplo, inglés>español),
  • Formato de entrega de los archivos,
  • Finalidad de uso del texto,
  • Tarifa o presupuesto,
  • Fecha de entrega.

Tampoco podemos olvidarnos de descargar los archivos que nos haya enviado nuestro cliente y analizarlos en profundidad para asegurarnos de que son los correctos y que no hay ningún tipo de problema con ellos. Lo normal es que el material sea óptimo, pero puede ocurrir que nos manden archivos en formatos que no podamos abrir o que sean problemáticos. De ser así, tendremos que informar a nuestro cliente del problema y pedirle que nos envíe unos archivos que sí podamos manipular.

También es conveniente analizar la temática del texto del encargo. Debemos ser honestos y valorar cuidadosamente si dicha especialidad entra dentro de nuestras posibilidades. En ese sentido, no será lo mismo traducir un folleto turístico que un manual sobre ingeniería portuaria. Si el texto es demasiado especializado y no nos vemos capaces, quizá lo más inteligente sea dejarlo ir o, en todo caso, buscar a un traductor experimentado que pueda ayudarnos o revisarnos.

3. Acuerda una tarifa adecuada desde el primer momento

Muchas veces, las prisas iniciales y el ansia por coger el encargo pueden hacer que nos olvidemos de acordar una tarifa con nuestro cliente. Además, al ser este nuestro primer encargo de traducción, es muy probable que no tengamos muy claro cómo presupuestarlo.

Pues bien, actualmente, las tarifas que manejan las agencias y los profesionales de la traducción oscilan entre los 0,04 € por palabra (una cantidad bastante baja, por cierto) y los 0,12 € por palabra. Es posible que incluso haya traductores con un caché más elevado, aunque según mi experiencia lo «normal» suele ser cobrar entre 0,06 € y 0,10 € por palabra. Huelga decir que, cuanto más alta pueda ser nuestra tarifa, mejor para nosotros.

Si ofrecemos otros servicios adicionales (revisión, maquetación, localización, diseño, etc.), quizá pueda ser interesante hacer un desglose por tareas en nuestro presupuesto y aplicar una tarifa diferente para cada una de ellas. Para ello, puede ser muy interesante generar un presupuesto sencillo en Excel para enviárselo a nuestro cliente.

En mi opinión, la clave para encontrar una tarifa adecuada suele depender de aspectos como la productividad o el ritmo de trabajo (si quieres saber más sobre el tema, te recomiendo que le eches un vistazo a la ponencia que dio Juan Yborra en el pasado Eneti). Lo ideal sería aplicar una tarifa que fuera rentable para nosotros y atractiva para nuestro cliente. En el caso de que no logremos llegar a un acuerdo inicial, quizá pueda ser interesante abrir una vía de negociación hasta encontrar una tarifa que sea aceptable para ambas partes. A mí, esa flexibilidad me ha ayudado a conseguir clientes que a la larga han resultado ser muy rentables, pero bien es cierto que debemos andarnos con ojo para no rebajar demasiado nuestro caché, pues una vez lo bajemos será realmente complicado volver a subirlo (sobre todo con este cliente en cuestión). Por supuesto, si la tarifa nos parece irrisoria, lo mejor será rechazar el encargo. Como ya comentamos en el blog, la dignidad debe ser siempre una prioridad.

4. Planifica bien tu tiempo

Uno de los principales problemas que surgen cuando empezamos es que no somos conscientes del tiempo real que puede llevarnos completar un encargo. Esto es algo que da la experiencia, pero un buen método es ir apuntando referencias de nuestro ritmo de trabajo. Por ejemplo, cuánto tiempo nos lleva traducir las primeras 1.000 palabras del encargo. Una vez tengamos claro cuál es nuestro ritmo de trabajo, podremos planificar mejor nuestro tiempo. De esta forma, si la traducción que nos han encargado tiene 10k, podremos hacer un cálculo aproximado de cuánto puede llevarnos terminarla.

También puede ser interesante ponernos un horario de trabajo. Cuando yo empecé, no solía trabajar en un horario fijo, sino que empezaba a trabajar directamente cuando recibía cada proyecto y, a partir de ahí, improvisaba todo lo demás. Sin embargo, con el tiempo me di cuenta de que necesitaba un cambio para tener más estabilidad y un mayor equilibrio entre el trabajo y el resto de cosas. Para ello, nada como fijar un horario diario de 8 horas, con los descansos correspondientes para comer o despejar la mente, que nos permita llevar un ritmo de vida equilibrado. Parece que no, pero con el tiempo esto se agradece bastante.

5. Si hay problemas o te surgen dudas, pregunta

Es muy probable que, una vez comiences con el encargo, te surjan dudas o se te presenten algunos problemas. El miedo inicial o la desconfianza pueden hacer que no te atrevas a preguntar (no vaya a ser que el cliente dude de nosotros), pero, en realidad, probablemente sea lo mejor que puedas hacer. Según mi experiencia, muchos de los problemas que surgen en un proyecto se pueden resolver buscando una solución de forma conjunta con el cliente, o realizando consultas para saber su opinión (sobre todo si se trata de cuestiones técnicas).

Si consideras que tu cliente no podrá ayudarte a resolver la duda o el problema que te haya surgido (sobre todo si dichas dudas son de tipo traductológico), entonces quizá sea buena idea pedir una segunda opinión a algún compañero traductor con el que tengas confianza. Personalmente, nunca he sido demasiado partidario de los amiguismos o el colegueo, pero si se trata de una consulta muy concreta (y breve) no debería haber ningún problema, sobre todo si hay confianza entre ambas partes. Otra opción puede ser dejar una consulta en foros temáticos como los de Proz.com o Forotraducción

Para este tipo de cuestiones, a mí me gusta tener una libretita en la mesa para ir anotando todos los problemas y dudas que van surgiendo conforme avanzo en cada uno de mis proyectos. Es realmente útil y práctico, pues muchas veces los proyectos son tan extensos que la labor de añadir comentarios dentro de los documentos puede ser demasiado tediosa. Una vez los tienes anotados, será mucho más fácil recordarlos y podrás escribir a tu cliente o llamarle para explicarle los problemas de forma ordenada.

6. Cumple con la fecha de entrega marcada por el cliente

Quizá os parezca una perogrullada, pero es evidente que buena parte de la satisfacción final de nuestro cliente dependerá de que cumplamos con la fecha de entrega que nos haya marcado. De nada nos servirá haber hecho un trabajo impecable si lo entregamos tarde.

La clave para no fallar en la entrega depende sobre todo de los puntos 2 y 4. Es importante que sepamos valorar desde el primer momento si vamos a ser capaces de cumplir con la fecha de entrega que nos proponga el cliente y, para ello, es fundamental que sepamos evaluar el volumen del encargo y contrastarlo con nuestro ritmo de trabajo. Si en ese momento consideramos que la fecha de entrega es demasiado ajustada para nosotros, podemos proponerle al cliente otra fecha alternativa (hay ocasiones en las que los clientes pueden ser flexibles).

Una vez esté pactada la fecha, hay que evitar los retrasos en la entrega a toda costa. En el supuesto caso de que el proyecto tenga que retrasarse por motivos de fuerza mayor (es posible que surja algún problema técnico que tenga que resolver nuestro cliente o una tercera parte), es conveniente avisar lo antes posible de la incidencia para intentar solucionarlo antes del día de la entrega.

A la hora de hacer la entrega, hay que asegurarse de enviar todos los archivos que solicite el cliente y seguir sus instrucciones. Es posible que el cliente pida que se envíen varios archivos en diferentes formatos o incluirlos dentro de una estructura de carpetas concreta (por poner un par de ejemplos comunes). Sea como sea, tenemos que asegurarnos de que el envío sea perfecto.

7. Asegúrate de que tu cliente quede satisfecho tras la entrega

Una de las máximas que me gusta aplicar en mi trabajo es que los proyectos no terminan cuando se envían los archivos de vuelta, sino cuando el cliente manifiesta que todo está correcto. Por ello, al enviar nuestro proyecto (o tras haberlo enviado), podemos pedirle al cliente que nos confirme si todo está en orden y ofrecernos para realizar todos los cambios que sean necesarios a posteriori.

De esta forma, podremos asegurarnos de que nuestro cliente quedará satisfecho al 100%, pues si hay algo que no le guste o con lo que no esté de acuerdo podremos arreglarlo sobre la marcha. Quizá esto pueda retrasar algo más el cierre del proyecto, pero merecerá la pena ya que todas las partes quedarán contentas con el resultado final. Y nunca se sabe, pero quizá gracias a haberte interesado tanto por su satisfacción vuelva a contar contigo para un proyecto futuro.

Conclusión

Ya veis que casi todas las recomendaciones están muy relacionadas con el apartado de atención al cliente. Cuando nos incorporamos al mercado laboral, todavía no tenemos la perspectiva de que, efectivamente, estamos trabajando para un cliente, por lo que el «éxito final» no dependerá de la nota académica que nos pongan, sino de la satisfacción final del mismo. En ese sentido, podríamos decir que un cliente satisfecho podría ser el equivalente de un sobresaliente académico.

Evidentemente, la atención al cliente no lo es todo, así que también tendremos que esforzarnos en ofrecer un trabajo de calidad que esté a la altura de lo que se nos exige. Para ello, nada como esforzarnos al máximo para dar lo mejor de nosotros mismos. Solo así podremos quedarnos satisfechos nosotros también con nuestro trabajo, lo cual, dicho sea de paso, también es importante.

Así que nada, ¡a por todas!

¡Hasta la próxima!

 


Llevo un tiempo reflexionando sobre cómo diversificar mi tiempo para ofertar más servicios a mis clientes y llenar mis horas de trabajo como autónomo. Dada la versatilidad y amplitud de conocimientos que solemos tener los profesionales de la traducción, son muchos los servicios que podemos abarcar: traducción, interpretación, docencia de idiomas… ¿Y qué más? A mí, en su momento, se me ocurrió que la maquetación y el diseño podían ser dos campos muy interesantes para un traductor por diferentes motivos:

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1. La maquetación es un servicio que se puede ofrecer bien para complementar un proyecto de traducción, bien como servicio independiente, pues son muchos los clientes y empresas que necesitan maquetar documentos para diferentes fines, sean traducciones o no.

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2. En el mercado profesional de la traducción, hay cada vez más empresas que buscan incorporar a especialistas en maquetación, sobre todo las grandes agencias. Solo tenéis que echarle un vistazo a las ofertas de empleo de empresas como Transperfect o SDL, por ejemplo, que llevan un tiempo ofertando puestos de DTP Specialists (aquí tenéis un ejemplo de lo que os hablo) o similares. Las pequeñas y medianas empresas de traducción, por el contrario, no suelen contratar a maquetadores, pero sí que valoran positivamente contratar a traductores con conocimientos de maquetación que puedan enfrentarse con soltura a encargos que requieran este tipo de labores, y al mismo tiempo están en contacto directo con profesionales autónomos que puedan satisfacer sus necesidades en esta materia.

freelancetranslator3. Los maquetadores y traductores autónomos son profesionales que generalmente desarrollan su trabajo desde su casa (o desde su oficina, si disponen de ella) en unas condiciones similares, si bien es cierto que los maquetadores utilizan herramientas especializadas muy diferentes que hay que aprender a manejar y, sobre todo, costear.

multilingue4. Uno de los mayores retos a los que puede enfrentarse un maquetador es la maquetación multilingüe. Es realmente complicado para un maquetador maquetar textos que están en idiomas que no domina, y más todavía si estos idiomas emplean grafías diferentes a la de su lengua nativa. Los traductores, por el contrario, estamos acostumbrados a consumir textos en diferentes lenguas, por lo que el grado de dificultad a la hora de acometer este tipo de trabajos puede ser mucho menor.

No obstante, bien es cierto que la maquetación es una especialidad que requiere unas destrezas y conocimientos que los traductores no poseemos de serie, ya que son muy pocas las universidades y centros de formación que ofertan asignaturas relacionadas con esta disciplina y aplicadas a la traducción.

Los cursos sobre uso de herramientas como InDesign o QuarkXpress suelen tener precios bastante elevados. No obstante, dado el panorama actual del mercado, creo personalmente que invertir en estos cursos puede ser una inversión muy rentable a largo plazo. Además, según mi experiencia, esta inversión se amortizaría de sobra con dos o tres proyectos de maquetación con una extensión de alrededor de 100 páginas, algo bastante asequible.

Yo, personalmente, he encontrado un gran cobijo dentro de esta especialidad y, para ser sincero, hace ya tiempo que se ha convertido en una de mis principales fuentes de ingresos, algo que me motiva a seguir trabajando en esta línea.

Así que, ya sabéis, si queréis ofrecer algo más que servicios de traducción, la maquetación puede ser una aliada perfecta para diversificar y poner en marcha la máquina de hacer billetes. Si queréis animaros a comentar sobre este tema, podéis dejar un mensaje más abajo, como siempre.

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¡Hasta la próxima!

A lo largo de esta semana se han ido publicando ya las fotos oficiales del evento y algunos de los vídeos de las ponencias. Ya escribí una entrada en la que os contaba mis sensaciones tras esta experiencia tan maravillosa y gratificante, pero todavía me quedaba pendiente compartir con vosotros todo el material en el que hemos estado trabajando en las últimas semanas. Por tanto, he querido escribir una pequeña entrada para que todo esto también tenga un rinconcito dentro del blog.

Antes que nada, en primer lugar, quisiera felicitar a Patricia Lluberas por su gran trabajo fotográfico, que a todos nos ha encantado, y agradecer de nuevo a Leon Hunter y a su equipo que hayan invertido en la grabación del evento ya que, gracias a esa decisión, podremos disfrutar de la charlas del evento todas las veces que queramos y cuando nos apetezca con sólo darle al “Play”.

Sin más dilación, os dejo por aquí abajo el material. ¡Espero que os guste!

  • Fotos:
  • Vídeo:

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=RTVGVOmR8mk]

  • Presentación (para aquellos que queráis consultarla mientras veis el vídeo):

[slideshare id=22001258&doc=presentacioncsicfinal-130527072638-phpapp01]

PD: El vídeo de Luisa Calatayud ya está disponible también (podéis verlo haciendo clic en este enlace). También están ya en camino los vídeos de Marta Stelmaszak, Valeria Aliperta y de los participantes en la mesa redonda, por lo que podréis disfrutar de ellos en los próximos días. El resto de fotos y material del evento se publicará en la web oficial del evento próximamente.

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¡Hasta la próxima!

Una de las cosas más complicadas para un traductor novel es aprender a afrontar un proceso de negociación. Los traductores nos podríamos pasar horas y horas hablando de tarifas, discutiendo sobre qué cantidades son mejores y cuáles peores, criticando a aquellos que rebajan sus tarifas hasta alcanzar el punto de dejar el caché de la profesión por los suelos, debatiendo sobre si cobrar por palabras, por horas, o por suspiros (por decir algo…). Pero pocas veces hablamos del “arte“ de negociar.

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Sí, porque negociar es un arte. Y, como todo arte, es algo que se aprende a base de practicar, a base de equivocarse y a base de aprender de nuestros errores. Recordad que todos tenemos derecho a trabajar dignamente y que es nuestra misión conseguir dignificar nuestra profesión y nuestra situación profesional. Es por eso por lo que he pensado que podía ser interesante recoger en una entrada algunos puntos clave que nos permitan salir ganando en nuestros procesos de negociación. He aquí las 7 claves del traductor negociador:

  1. Conoce tu mercado: es fundamental conocer el mercado de nuestra profesión antes de empezar a desenvolvernos en él. Por eso siempre es recomendable hablar con otros compañeros, pedir consejo a gente con más experiencia, ver cómo funcionan las empresas y agencias de nuestro sector o apuntarnos a asociaciones que puedan facilitarnos una información fidedigna sobre nuestro gremio.
  2. money_256Establece tus tarifas: una vez seamos un poco más conscientes de lo que nos rodea, podemos dar el siguiente paso y empezar a valorar nuestras tarifas con relación a las horas de trabajo y a la calidad de nuestros encargos. Es importante encontrar un equilibrio entre horas de trabajo y la calidad del mismo, para que así no tengamos la sensación de que nuestra tarifa es demasiado baja (lo cual nos frustraría a nosotros y afectaría a la calidad de nuestro trabajo) o de que es demasiado alta (lo cual frustraría al cliente final que podría no ver una clara relación entre la calidad del trabajo y el precio final). Pero, eso sí, es muy importante que, una vez hayamos fijado nuestras tarifas, seamos fieles a ellas y que, aunque en muchas ocasiones nos las intentan echar por tierra, sepamos defenderlas a capa y espada.
  3. Analiza a tus clientes actuales y potenciales: cada cliente es un mundo y tiene manera de funcionar diferente. Hay clientes que intentan imponerte su tarifa desde el principio y hay otros que te piden presupuesto sin ofrecer ningún tipo de estimación. Tenemos que saber anticiparnos a ellos siempre que sea posible para poder llevar ventaja en el proceso de negociación y también tenemos que ser capaces de educarles, de hacerles ver que tenemos unas tarifas y que aceptaremos los encargos solo si se ajustan a nuestras condiciones y no tanto a las suyas.
  4. Aprende a leer entre líneas: hay que desarrollar un sexto sentido especial que nos permita entender cuándo podemos elevar nuestra tarifa y cuándo no. Siempre hay encargos que suponen un trabajo adicional (por motivos de formato, tiempo, tipo de documento, exigencias/condiciones del cliente, etc.). Nuestro cliente siempre va a intentar quedarse con la mejor tarifa, por lo que muchas veces puede intentar jugar al engaño o al despiste para salir ganando (en el peor de los casos). Otras veces, si el cliente es de los buenos, directamente aceptará nuestras condiciones sin rechistar, pero siempre hay que estar preparado para lo peor y saber leer entre líneas para anticiparnos a todo.
  5. Aprende a decir las cosas con sutileza: os recomiendo que no utilicéis nunca un tono demasiado agresivo o imperativos (“envíame el documento”, “hazme esto o lo otro”, “págame ya”…).  Tampoco es bueno utilizar negaciones rotundas sin argumentos. Lo mejor es que todo siempre esté argumentado con respecto a algo (fórmulas como “no puedo aceptar esto porque…”, “me gustaría que comprendiérais mi posición porque…”, “vuestra tarifa no me parece adecuada porque…” pueden sernos de mucha ayuda). Las negaciones rotundas cerrarían de golpe la negociación y muchas veces no es eso lo que nos interesa, sino más bien intentar convencer al cliente de nuestra posición para salir ganando.
  6. no-1Marca tus límites y aprende a decir NO: por supuesto, si intentas abrir un proceso de negociación y aun así el cliente se empeña en imponerte sus condiciones cuando no te interesan o no te parecen dignas, entonces hay que saber rechazar el trabajo, aún sabiendo que nos arriesgamos a perder dinero. Tenemos que ser conscientes de que tenemos el 50% de poder en el proceso de negociación, y que por mucho que el cliente quiera imponerse éste no se saldrá con la suya hasta que nosotros no digamos que sí. El “NO” debe ser nuestra herramienta para hacerle ver al cliente que las condiciones que nos está ofreciendo no son adecuadas/no nos interesan, de forma que en un futuro, si quiere contactar con nosotros de nuevo, sepa dónde están nuestros límites y a qué debe atenerse. En cualquier caso, considero que puede ser interesante intentar abrir un diálogo antes de llegar al “NO” final, pues así aunque al final no se consiga el objetivo, por lo menos al cliente le quedará claro cuáles son nuestras condiciones y nuestros motivos.
  7. Aprende a jugar con el tempo: casi todos los procesos de negociación suelen ser muy parecidos. Lo normal es que el cliente sea el iniciador y el que nos plantee el encargo. En muchas ocasiones intentará imponernos su tarifa. En el caso de que ésta no nos interese, tenemos que ser capaces de darle la vuelta a la tortilla, y para eso necesitaremos un plan de actuación. Tenemos que aprender a jugar nuestras bazas y no hacerlo todo de una sola vez, sino tener siempre argumentos en la recámara para rebatir los que el cliente intente imponernos e ir poniéndolos sobre la mesa en el momento más adecuado.

Antes de terminar, quiero matizar (por si no ha quedado claro en el resto de la entrada) que no siempre será necesario iniciar un proceso de negociación. Lo normal es que directamente se acepten las condiciones si estas nos interesan o están dentro de un rango que consideremos aceptable. Lo de negociar lo reservaríamos únicamente para aquellos casos en los que las condiciones que nos ofrezcan no estén dentro de ese rango, de forma que podamos obtener unas condiciones que fueran más admisibles, o para cuando los clientes intenten imponernos sus tarifas o no quieran aceptar las que les estamos ofreciendo nosotros.

Antes de despedirme, aprovecho para recordaros que la semana que viene estaré en Madrid en #Traduemprende. Estoy deseando que llegue ya el fin de semana para poder conoceros en persona a algunos de vosotros y disfrutar de toda la jornada. Seguro que lo pasaremos bien.

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¡Hasta la próxima!

Vuelvo a la carga con este post para abrir el debate (en realidad mi intención es justo la contraria, pero ya sabéis como va esto) de cómo debería ser un buen currículum. Aunque se puede encontrar mucha información general en la red, no hay tanta que se centre en el currículum del traductor. En este sentido, seguro que cada uno de nosotros tiene una visión diferente de ello. Probablemente coincidiremos en los apartados generales, pero hay cierta información que no siempre sabemos si es relevante o no. En lo que sí estaremos de acuerdo es en el hecho de que un buen currículum es una de las claves para empezar a introducirse en el mercado laboral (en este caso, en el de la traducción).

Quiero partir de una idea no asimilada por todo el mundo (sorprendentemente): un currículum no es una hoja de papel que imprimes en el año 2009 para conseguir un trabajo y que, una vez conseguido dicho trabajo (si tienes suerte), ya no vuelves a actualizar hasta pasados X meses, o X años, incluso. Creo que un currículum debe actualizarse cada cierto tiempo y ser adaptado/modificado cada vez que queramos optar a un puesto de trabajo diferente.

Aclarado esto, creo que para elaborar un currículum debemos tener claras dos cosas:

  • El propósito del currículum que estamos haciendo, es decir, para qué es y a quién va dirigido.
  • Qué información es relevante para cumplir tal propósito.

Creo sinceramente que el ser humano es impaciente por naturaleza. Cada vez que hemos de hacer cualquier cosa, queremos hacerlo rápido. Por ejemplo, cada vez que entramos a una página web, queremos ir directamente a encontrar aquello que nos interesa, sin tener que dar mil vueltas o perdernos en una información que no necesitamos. En ese sentido, podemos decir que cada vez abusamos mas de la denominada lectura vertical o lectura rápida, que básicamente consiste en ir dándole a la ruedecita sin pararnos demasiado a leer lo que a primera vista no nos llama la atención (como por ejemplo, este mismo párrafo).

Pues bien, con un currículum pasa igual. Hacer un currículum es lo más parecido a realizar un anuncio. La diferencia es que el/la protagonista del anuncio eres tú. Por tanto, debes de ser capaz de mostrar la mejor cara de ti con la mayor brevedad posible (No más de una, o dos páginas).

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Apartados básicos:

  • Datos personales: Nombre, apellidos, teléfonos (y fax), lugar y fecha de nacimiento, DNI o NIF y dirección de correo electrónico. También puede ser interesante incluir una foto. Aunque esto puede llevarnos a un gran debate, pues no todo el mundo está a favor de incluir foto en un currículum. Aunque yo, personalmente, sí la incluiría, ya que denota una mayor proximidad y permite al receptor asociar tus habilidades a tu propia imagen, lo cual puede jugar a tu favor contra alguien que no haya incluido foto.
  • Formación: titulaciones, cursos, estudios, certificados, diplomas, etc. Siempre incluyendo las lenguas de trabajo. En el caso de disponer de muchos cursos o formaciones complementarias, sería interesantes seleccionar aquellas que puedan ser más relevantes para la oferta de trabajo en cuestión. *
  • Especialidades: Si estás especializado en algún área dentro de la traducción, puede ser interesante incluir un pequeño apartado donde expliques cuáles son tus especialidades (aunque siempre puedes incluirlo dentro del apartado de formación).
  • Experiencia laboral: es importante incluir los puestos de trabajo anteriores, junto con una pequeña descripción de las tareas y competencias desempeñadas, y de los conocimientos adquiridos, siempre enfocados hacia el puesto de trabajo al que estás optando, es decir, intentando explicar porqué esos trabajos y esa experiencia te convierten en un candidato idóneo para dicho puesto. El orden, a ser posible, debe ser cronológico, para que se pueda ver la evolución que has experimentado. Por ello es interesante incluir entre paréntesis el período de tiempo. En el caso de ser traductor freelance, es interesante incluir una breve lista que incluya los proyectos más importantes que has llevado a cabo y, a ser posible, que se relacionen con la oferta de trabajo de algún modo. *

* En este sentido, es muy interesante ver los requisitos (si los hubiera) que se incluyen en la oferta de trabajo para intentar relacionarlos y justificarlos con las diferentes competencias, tareas, proyectos, formación, etc., que hayamos incluido. Este aspecto puede ser clave para convertirnos en un candidato firme o pasar las primeras cribas.

Apartados opcionales pero recomendables:

  • Competencias informáticas: Hoy día, todo traductor debe tener unos conocimientos mínimos de informática. Como mínimo, sería recomendable incluir un listado o enumeración con aquellos programas o software que se sepan utilizar. Por ejemplo, programas ofimáticos (Paquete MS Office, Openoffice, o equivalentes) y, si utilizas programas especializados y herramientas TAO (como Trados, OmegaT, MemoQ, WordFast, Google Translator Kit, etc.) también es prácticamente obligatorio incluirlos. En el caso de que seáis traductores audiovisuales, o estéis especializados en localización, entonces con más motivo será doblemente importante incluir los programas que manejéis (software de localización, editores de subtítulos, herramientas para diseño web, localización de imágenes, etc.) , pues serán un aspecto clave. Dentro de este género de traductores, también entrarían los lenguajes de programación que se conozcan (HTML, HTML5, C, C++, Visual Basic, etc.).
  • Idiomas de trabajo: Si no los has incluido en el apartado de formación, y prefieres incluir un apartado especial para ellos, entonces este es el momento de presentarlos. Es recomendable incluir el nivel de idiomas recogido por el Marco Europeo de Referencia para las Lenguas (A1, A2, B1, B2, C1 o C2, según corresponda), además de los posibles certificados oficiales de idiomas que tengamos. Adjunto un listado de los principales certificados, por si alguien pudiera estar interesado en informarse sobre ellos:
CERTIFICADOS OFICIALES DE IDIOMAS
Inglés Cambridge (KET, PET, FCE, CAE, CPE, etc.) ETS (TOEFL, TOEIC, GRE, etc.)
Francés DELF/DALF
Alemán GOETHE INSTITUT
Italiano DELI, DILI, DILC, DILI, DALI, DALC, DALI PLIDA
Chino Mandarín HSK
Ruso TEOU, TBOU, TRIKI
Portugués CELPE-BRAS
Español DELE

*Los certificados emitidos por la EOI también son válidos pero, por lo general, solo se tienen en cuenta en territorio español. Los idiomas que se imparten, a día de hoy, son los siguientes, si bien no todos se imparten en todas las escuelas de idiomas: Alemán, Árabe, Catalán, Chino, Danés, Español, Euskera, Finlandés, Francés, Gallego, Griego moderno, Húngaro, Inglés, Irlandés, Italiano, Japonés, Neerlandés, Polaco, Portugués, Rumano, Ruso, Sueco.

*Aunque con ellos se pretende estandarizar su uso, los niveles del marco europeo apenas se utilizan en toda América y en países como el Reino Unido.

  • Carta de Presentación: En algunos casos puede ser muy interesante acompañar el currículum con una carta de presentación en la que expliquemos nuestras motivaciones y los motivos por los que creemos que somos aptos para el puesto. La carta de presentación es una buena oportunidad para mostrarnos más cercanos y para intentar dejar al lector una visión general sobre nosotros menos sintética que la del currículum. En el caso de incluir una, es importante, como en el currículum, no enrollarse demasiado e ir al grano (no más de una página).

Consejos y recomendaciones

  • Presentación: Es muy importante que la presentación del currículum sea atractiva. El currículum no solo debe ser interesante por lo que contiene, sino que también debe ser atractivo para la vista. El diseño debe ser sencillo, y la estructura del currículum debe de quedar clara para que a primera vista se adivinen fácilmente los diferentes apartados del mismo. Por supuesto, las faltas de ortografía y errores de presentación son inadmisibles.
  • Destacar aspectos fundamentales: De toda la información que se haya incluido, es importante destacar aquellos puntos que puedan ser más relevante para el puesto, de forma que a simple vista el receptor pueda rápidamente ir a esos puntos claves. Para ello debes tener muy claro el propósito de la oferta y adivinar el perfil del receptor de tu currículum. Repito, de nuevo, que es muy importante adaptar el currículum y, sobre todo, estos aspectos fundamentales, ya que pueden ser la clave del éxito final.
  • No incluir información falsa: Esto es algo que muchos candidatos nunca tienen en cuenta. Falsificar información del currículum es una práctica habitual, pero muy poco recomendable. Piensa que, en caso de pasar la criba de currículums, luego en una entrevista posterior podrán preguntarte por ese punto en concreto, por lo que tendrás que seguir mintiendo (una mentira lleva a otra mentira) y, si finalmente consigues el trabajo y te piden que hagas algo que incluiste en tu currículum y que no era cierto, entonces te estarás haciendo un flaco favor y podrías quedar en evidencia. La verdad siempre sale a la luz, antes o después, y todavía más, en este tipo de situaciones. Ser sincero siempre es un valor seguro.
  • Evitar información de poca relevancia: Muchos candidatos tienden a incluir información poco relevante para el puesto al que optan. En el caso de que incluyas algo que no esté relacionado directamente con el puesto, intenta al menos incluir una pequeña explicación de porqué eso podría estar relacionado con dicho puesto. De lo contrario podrías estar incluyendo información que podría provocar que seas descartado por no cumplir los requisitos para el puesto.
  • Revisar el currículum: Es importante revisar el currículum varias veces antes de darlo por finalizado ya que, en muchas ocasiones, se nos puede escapar algún pequeño error, como faltas de ortografía, fallos de estructura, etc. Una buena revisión garantizará la calidad final que debe tener el currículum.

Y como último consejo, siempre es recomendable pedir una segunda opinión a alguien de confianza, o incluso a algún profesional en la materia.

En 5 años de carrera (5, que no 4) he tenido tiempo de matricularme en unas 40 o 42 asignaturas, lo que vienen a ser 300 créditos, que es la carga total de créditos que tiene la Licenciatura (ahora, Grado) en Traducción e Interpretación en la Universidad de Granada. En el resto de España, la cosa anda por las mismas cifras.

En todo este tiempo, he podido elegir cuáles iban a ser mis lenguas de trabajo, si quería especializarme en traducción o en interpretación (o incluso en ambas), y elegir entre varias asignaturas complementarias para completar mi formación.

Genial, pues llega febrero/junio/septiembre del año equis y ya he terminado la carrera. Pues ahora a trabajar, ¿no? Vale… “Pues no sé ni por dónde empezar.”

Este discurso anterior que acabo de soltar, bien podría salir de la boca de cualquiera que haya terminado o esté a punto de terminar la carrera de traducción. Uno de los grandes problemas que se nos suelen presentar cuando terminamos nuestra carrera es la manera en que vamos a afrontar los meses sucesivos. Las dudas siempre suelen girar en torno a la misma pregunta. ¿Estoy lo suficientemente preparado?

Lo normal es que esta pregunta acaba desembocando en otras, y así sucesivamente. En este tipo de casos, no hay una respuesta estándar que pueda servirnos a todos para tomar las decisiones adecuadas. En momentos así empieza a tomar mucha importancia el poco “carácter profesional” (vamos a llamarlo así) que hayáis podido adquirir durante la carrera.

¿Poco? Poco no. Poquísimo. En el tiempo que llevo ya desenvolviéndome como traductor, todavía no puedo decir que me haya acordado de aquel consejo o aquella enseñanza que me transmitió tal profesor para afrontar una situación como esta.

Creo que, en cierto modo, este dilema surge de la poca aplicación práctica que tienen ciertas carreras universitarias. La carrera de traducción, al menos en mi experiencia, es puramente teórica y, aunque que te preparan bien para que sepas llevar a cabo las tareas básicas de la traducción y la interpretación, no te preparan para ser autosuficiente, algo que en el mundo profesional es muy importante.

Es una sensación muy extraña (y seguro que muchos de vosotros la conocéis) cuando afrontas los primeros encargos profesionales para un cliente y, al terminar tu traducción, no cuentas con nadie que la revise. Anteriormente, no existía la preocupación de si la traducción estaría bien o no más allá de un fin puramente académico: aprobar. Ahora la pregunta es totalmente diferente. O más bien, las preguntas:

  • ¿Es la traducción que he hecho lo suficientemente buena y profesional?
  • ¿Quedará el cliente satisfecho con mi trabajo?
  • ¿Se ajusta el precio final a la calidad de la traducción que he realizado, y a las horas que le he dedicado?
  • ¿He sido lo suficientemente productivo como para que en el futuro encargos como éste me salgan rentables?

Mientras que antes entregábamos nuestra traducción sin importarnos si la nota era un 5, un 7 o un 10, ahora nuestro objetivo primordial es dejar satisfecho al cliente, y ahí entran en juego muchos factores, no solo la calidad de la traducción. Nos adentramos en un terreno puramente profesional, en donde las relaciones laborales, el trato profesional con el cliente, la productividad, las tarifas y presupuestos o la imagen profesional juegan un papel fundamental en nuestro devenir como traductores.

La verdad es que habría agradecido muchísimo que en nuestra carrera hubieran incluido alguna asignatura relacionada con todos estos temas, pues no todos los traductores al terminar somos contratados en plantilla por SDL u otras empresas, y lo cierto es que son cosas que alguien cualificado y experimentado podría transmitir muy fácilmente.

Empezar solo en el mundo de la traducción es muy difícil, porque no sabes por dónde empezar. Si a todas las preguntas anteriores le añades la dificultad añadida de tener que buscar tus propios clientes, entonces ya sí que es verdad que la tarea se convierte en una misión casi imposible. ¿O no?

Bien, vayamos por partes.

Primera pregunta. ¿Por dónde empiezo?

Pues, como diría uno de los mejores profesores que he tenido, por el principio. En mi caso personal, decidí empezar buscando encargos por mi cuenta, aprovechando algunos contactos que había hecho durante la carrera y gracias a algunos trabajitos que ya había podido hacer para una ONG. En ese sentido, puede ser muy interesante buscar unas prácticas de traducción en alguna empresa u organización, aunque sea sin remuneración. Seguro que a algunos os parecerá una locura, pero esto a mí me ha permitido incorporar a mi cartera a los primeros clientes, lo cuál no es una tontería porque quiere decir que, aunque las prácticas eran no remuneradas, estas al final acaban siendo una inversión a largo plazo. Evidentemente no todos tenemos la oportunidad de realizar unas prácticas —aunque deberíamos—, pero no por ello hay que dejar de intentarlo. Puede ser una buena salida.

Paralelamente a esto, podría ser una buena idea intentar promocionarnos un poco. Para ello, unas tarjetas de visita o una web profesional podrían ser muy útiles. Aunque antes de eso es importante ir solucionando temas como el sector de la traducción al que te vas a dedicar, las tarifas que vas a aplicar o el tipo de empresas y clientes que vas a buscar. Por poner un ejemplo, si quieres enfocar tu trabajo hacia el sector del turismo, entonces deberás buscar clientes dentro de ese sector, de manera que probablemente te tocará hacer rondas por establecimientos como hoteles, cafeterías, restaurantes, bares, oficinas de turismo, etc., para dejar tus tarjetas de visita y, a ser posible, dialogar con posibles clientes que podrían estar interesados en tu trabajo. Ni que decir tiene que la imagen que demos, el discurso que llevemos preparado, etc., serán muy importantes para conseguir nuestro objetivo. Al principio, lo normal es recibir pocas propuestas, pero con el tiempo y con algo de paciencia acaban llegando las primeras llamadas y los primeros correos de los primeros interesados (también llamados clientes potenciales).

Paralelamente a esto, mientras lidiamos con los primeros encargos, es muy importante desarrollar una seguridad en nosotros mismos y en nuestro trabajo. Este aspecto es difícil a la par que importante, pues confiar en uno mismo cuando todavía hay dudas acerca de la preparación y la formación recibida es quizá lo más complicado de todo el proceso de «profesionalización» del recién graduado.

Es por todo esto por lo que creo que en la facultad debería existir una o varias asignaturas que se centren en abordar todo este tipo de aspectos (relaciones laborales, temas administrativos y fiscales, gestión de encargos, llevar carteras de clientes, etc.).

Como veis, este período del traductor da para mucho. En próximas entradas seguiré tratando este tema, pero más en relación a otras cuestiones difíciles a la par que importantes para abrirse paso en el mercado a nivel individual (tarifas, presupuestos, gestión de clientes, etc.).

Y vosotros… ¿Cómo lo lleváis? ¿Os costó mucho consolidaros como traductores? ¿Hicisteis algún tipo de prácticas? ¿Conseguisteis trabajar en plantilla en alguna empresa de traducción? O si no… ¿Cuáles fueron vuestros pasos?

Estas últimas dos semanas han sido más intensas de lo que en un principio esperaba. Ha habido de todo: entrevistas, pruebas de traducción, notas académicas, viajes y algunos días de descanso para asimilar todo lo sucedido. Es por eso por lo que no he podido escribir en el blog todo lo que me hubiera gustado, pero puedo deciros que el final de estos días ha sido feliz.

Sobre pruebas de traducción ya se ha hablado en muchos blogs (os recomiendo encarecidamente esta entrada del blog de Oliver Carreira y los enlaces que contiene)  y sobre entrevistas de trabajo ya ni os cuento. En esta entrada voy a contaros mi experiencia y lo que he considerado más determinante y destacable de todo el proceso.

El primer contacto.

Para empezar, la semana pasada se pusieron en contacto conmigo por un lado una ONG que buscaba un traductor, y por otro una academia de idiomas que buscaba un profesor de inglés. La ONG contactó conmigo por correo electrónico y la academia de idiomas por teléfono. La llamada de la escuela de idiomas fue para concertar una entrevista de trabajo conmigo para unos días después. Recuerdo que recibí esa llamada con ilusión y sorpresa y, como consecuencia, me puse nervioso. Al recibir una llamada así, es muy importante mantener la calma pues empezarán a daros información importante sobre la empresa, organización o institución, sobre el puesto de trabajo o el motivo de la llamada y, por supuesto, sobre la entrevista o el proceso de selección en sí. Así que coged lápiz y papel y aseguraros de que no se os escapa ningún detalle. No permitáis que los nervios os jueguen una mala pasada y que no seáis capaces de apuntar información tan importante como la fecha de la entrevista, la dirección de la sede, el nombre de la empresa, la persona a la que tendréis que dirigiros cuando lleguéis allí y/o otros detalles igualmente significativos.

El correo de la ONG era para anunciarme que había superado la criba de currículums y que querían proceder a la siguiente fase: la prueba de traducción. En este caso si tuve más tiempo para pensar mi respuesta y reflexionar sobre la propuesta que me hacían.

La entrevista

Vamos primero con la entrevista. En los días previos a la entrevista estuve leyendo mucho sobre cómo afrontar una entrevista de trabajo. Repasé y adapté mi currículum, preparé respuestas a algunas preguntas típicas que suelen hacer e intenté documentarme todo lo posible sobre la academia (tenían página web por lo que la tarea no fue muy complicada).

Apenas un par de días después de recibir aquella llamada tuve que acudir a la sede de la academia para realizar la entrevista. Cuando llegué allí confirmé mi teoría acerca de la cita: había mucha gente para muy pocas plazas (3 plazas para unos 50 candidatos). En consecuencia, estaban realizando entrevistas en grupo. No sé si habréis tenido la oportunidad de participar en alguna, pero básicamente consiste en una pequeña reunión de un grupo reducido de personas (en mi caso fuimos 6 personas) donde uno a uno nos irán realizando preguntas similares para ir tomando nota de nuestras respuestas. En este caso las preguntas iban muy orientadas a crear un perfil en pocas palabras de los candidatos, de forma que pudieran tener más referencias a la hora de decidir qué candidato era el más indicado. Preguntas como:

  • Dime en tres palabras cómo te definirías
  • ¿Cuánto tiempo llevas estudiando inglés y cuál ha sido tu trayectoria?
  • ¿Además del inglés, qué otros idiomas utilizas?
  • ¿Has estudiado en el extranjero?
  • ¿Qué te llevó a estudiar tu actual carrera?
  • Resume brevemente tu experiencia laboral hasta la fecha
  • Explica porqué crees que serías un candidato ideal para este puesto
  • ¿Qué esperas de este trabajo? ¿Por qué consideras que podría ser adecuado para ti?

Al tener que responder varias personas in situ a las mismas preguntas, es muy importante ser original. Es decir, olvídate de decir cosas típicas como “soy una persona responsable” o “soy trabajador”. Si lo haces apenas podrás diferenciarte de otros candidatos que probablemente responderán lo mismo que tú o algo parecido. Debes tomarte cada pregunta como una oportunidad para destacarte y diferenciarte de los demás. Respuestas que empiecen de una de las siguientes maneras podrán seros de mucha utilidad: “soy una persona emprendedora porque…”, “soy una persona creativa porque…”, “soy una persona que aprende rápido porque…”, “estoy sobre todo interesado/especializado en”, etc. Si les añadís las respectivas explicaciones personales podrían daros algo de ventaja.

Por supuesto, y esto es algo que todos damos por hecho, será importante cuidar detalles como la vestimenta, nuestra actitud frente al entrevistador (y en este caso frente a los entrevistados), nuestros gestos y comunicación no verbal (es recomendable trabajarlos antes frente a un espejo) o nuestra forma de hablar (es aconsejable mantener un registro formal a la vez que cercano).

Además, no estaría de más practicar la entrevista en inglés (o en vuestra primera lengua extranjera correspondiente) ya que existen posibilidades de que la entrevista o algunas preguntas de la misma sean en ese idioma para poneros a prueba (de hecho así fue en la entrevista que yo realicé). También podéis hacer preguntas al final de la entrevista sobre el puesto de trabajo en sí en caso de que no os den mucha información sobre el mismo.

Y, por último, lo más importante de todo: sed vosotros mismos. No caigáis en el error de mentir o de dar respuestas falsas, ya que antes o después la verdad siempre acaba saliendo a la luz.

Prueba de traducción

En el correo que recibí de la ONG, como ya os he contado, me invitaron a realizar una prueba de traducción. Yo les respondí que aceptaba su propuesta y me enviaron el documento que tenía que traducir especificándome las condiciones del encargo y para cuando tenía que enviarlo. En este caso, curiosamente, se trataba de una traducción al inglés, por lo que el reto era de una dimensión todavía mayor. Es muy importante que en toda esta cadena de correos iniciales demostréis desde el principio profesionalidad y una buena predisposición. Por ejemplo, a mí en un principio me pidieron que tradujera el texto al inglés y al francés, cuando en mi currículum ponía claramente que mis idiomas de trabajo eran el inglés y el italiano. En vez de tirarme a la piscina y decirles que aceptaba traducirlos al francés, fui profesional y les recordé amablemente cuáles eran mis lenguas de trabajo. Pensaba que quizá por ese detalle podía perder la oportunidad, pero al final fue todo lo contrario, quedaron encantados con la profesionalidad que mostré y me invitaron a realizar la prueba solo hacia el inglés.

A la hora de afrontar la prueba, tuve en cuenta todas las consideraciones y consejos que pude leer en los posts de los blogs de Oliver Carreira y Pablo Muñoz. Sin ellos quizá hubiera afrontado la tarea de manera diferente y el resultado no hubiera sido el mismo. Por eso quiero aprovechar la ocasión para mostrarles desde aquí mi más sincero agradecimiento.

Tenía 3 días para realizar la traducción. El texto era de unas 400 palabras, aunque con algunas expresiones y listas enumeradas que se iban repitiendo. En ese momento tomé la decisión de utilizar Trados para llevarlo a cabo, y creo que fue una buena decisión. Me permitió ahorrar tiempo y mantener la coherencia con la terminología y las diferentes expresiones que fui utilizando, además de no modificar ni lo más mínimo el formato que me habían enviado. Más tarde supe que este pequeño detalle fue un punto importante, ya que el texto traducido iba a ser publicado en un libreto/folleto de la ONG.

Me tomé dos días para traducir el texto. Quería que todo fuera perfecto para apurar al máximo todas mis opciones, por lo que no tuve inconveniente en dedicarle más tiempo del que normalmente hubiera dedicado a un texto de las mismas características. Cuando lo terminé, lo dejé reposar durante el día restante, y mientras tanto tuve la oportunidad de ponerme en contacto con un inglés nativo que muy amablemente leyó la traducción y me sugirió mejorar o cambiar algunos detalles que dotaron al texto de una mayor fluidez y fiabilidad. Una vez revisado, me dispuse a enviarlo en las condiciones acordadas.

La otra entrevista

A los pocos días de enviar la prueba, me contactaron de nuevo para informarme de que había pasado la prueba y que querían concertar conmigo una entrevista. Me dieron la oportunidad de elegir entre realizar la entrevista presencialmente en la sede de la ONG (Madrid) o a través de videoconferencia (Skype). Tomé la decisión de ir presencialmente a Madrid, porque consideré que si había más candidatos seleccionados, podía ser de nuevo una oportunidad para destacar y mostrar un mayor interés. Esta última decisión creo que también fue importante.

Concertamos la entrevista para una semana después, de forma que pude organizar el viaje y aprenderme bien la lección. En estos casos es importante que, si tenéis que desplazaros, lo hagáis con calma y tranquilidad en la medida de lo posible. Bastantes nervios puede despertar en nosotros la entrevista en sí por lo que cualquier detalle que solucionemos desde el principio lo agradeceremos a posteriori. De nuevo me documenté sobre la organización, imaginé las diferentes situaciones que podía encontrarme allí, me puse a prueba en casa y decidí con antelación la indumentaria que iba a llevar.

Cuando llegué a Madrid y encontré el edificio, pasé a recepción donde amablemente me invitaron a esperar a la persona que iba a entrevistarme. A los pocos minutos, esta apareció. Para mi sorpresa, se mostró mucho más cercana y afable que la otra persona que me entrevistó para la Escuela de Idiomas una semana antes. La entrevista fue básicamente para mostrarme la sede de la Organización, y para informarme sobre los proyectos y trabajos que están llevando a cabo y cómo se relacionan con las diferentes labores de traducción que ellos necesitan. Inmediatamente después ya me confirmaron lo que parecía evidente: querían contar conmigo. La conversación posterior fue apasionante, pues inmediatamente se convirtió en un diálogo de qué cosas podía aportar y cómo podía aportarlas, lo cual me hizo ganar más puntos. Después hablamos de las condiciones del trabajo en sí y de los pasos a dar en la formalización del mismo. Todo quedó bien atado y acordamos seguir en contacto hasta que diera comienzo oficialmente mi labor con ellos.

De toda esta experiencia en estos dos procesos de selección tan diferentes he podido concluir que:

  • Es importante ser optimista a la par de realista. El optimismo te hará afrontar el proceso con ganas y motivación para dar lo mejor de ti mismo, y el realismo te hará mantener los pies en la tierra, pues muchas veces tendemos a pensar desde el principio que lo vamos a conseguir, cuando no siempre es así.
  • Debemos ser pacientes y tomarnos el tiempo que necesitemos para llevar a cabo cada misión dentro del proceso (a la hora de, por ejemplo, preparar el currículum, un posible viaje, la entrevista de trabajo, afrontar la prueba de traducción o cuidar otros pequeños detalles pero también importantes como las respuestas a los mensajes de correo).
  • Y lo más importante para mí: aunque el mundo profesional es fiero, debemos mantenernos tranquilos y con la mente fría para intentar solucionar las diferentes situaciones que se nos van presentando con naturalidad y solvencia. Ante todo, debemos conseguir ser nosotros mismos.

Y eso es todo. Espero que mi experiencia os sirva para arrojar algo de luz a futuras entrevistas o para cuando tengáis que afrontar vuestra primera prueba de traducción. Yo, de momento, he conseguido pasarla. ¡Ahora a currar!